¿Cómo se siente ahora una historiadora que ha dedicado su vida al concepto “República” tras lo ocurrido en una de las subcomisiones de la Convención Constitucional, que acordó eliminar la expresión “República de Chile” de su reglamento y en cambio hablar de la futura “Constitución de los pueblos de Chile”?

“Lo sucedido es muy relevante porque abre un debate que la Convención tendrá que enfrentar. Ese debate obliga a definir los términos, porque estamos ante una polisemia propia de tiempos de incertidumbre. Fue lo que sucedió en el período político más incierto de nuestra historia, el paso de la colonia a república… Ojo: ¡Una no se deriva necesariamente de la otra! Podría haber sido otra monarquía, pero aquí independencia y revolución fueron juntas.

Pues bien, una síntesis de la mutación que genera la revolución podría ser el paso de “los pueblos” a “el pueblo”. Así, cuando en la comisión se propone utilizar el concepto “los pueblos de Chile”, debemos suponer que se refiere a los pueblos originarios y ello excluye a la mayoría de la población que no pertenece a uno de ellos.

Entonces, más allá de que conceptualmente esté mal planteado, es sintomático contraponer los pueblos a república”. “En dos palabras, la sociedad del Antiguo Régimen es un conjunto de cuerpos tradicionales gobernados por derechos antiguos y diversos. Son reinos, ciudades, villas; son estamentos; son corporaciones como gremios, ligados entre sí por el monarca. Es aquello a lo que se llama “los pueblos”. Las repúblicas actuales, en cambio, son hijas del constitucionalismo moderno, que rompe con la legitimidad política del monarca basada en el derecho divino e irrumpe con el concepto más radical de la historia política humana: que las personas nacemos libres e iguales por naturaleza. Esa es la pertenencia fundante, ser humano. Y allí reside la soberanía”. El constituyente Agustín Squella, ex Rector de la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile en Valparaíso, dio también su opinión sobre el tema (ver imagen abajo).

En el caso de Chile —continúa—, la expresión del antiguo orden eran los 15 cabildos de villas y ciudades de 1810. Así, en el cabildo abierto del 18 de septiembre, “el gobernador renuncia y les devuelve el poder “a los pueblos” para inmediatamente ser elegido por aclamación como Presidente de la Junta de Gobierno. Pero allí no estaban “los pueblos”, sino solo el cabildo de Santiago. La primera acta entonces dice que los pueblos deben votar por sus diputados para formar un Congreso que decidiría la forma de gobierno. Y se formó una tremenda confusión: esa representación ¿debía ser proporcional a la población de cada cabildo? Y empezaron los conflictos entre Santiago y Concepción”.

“El hecho más elocuente, y para mí fascinante, es que Juan Egaña mandó a hacer el primer censo, para contar personas y definir la representación. Fue un desastre, pero el concepto es el que importa: la representación proporcional era el paso de “los pueblos” a “el pueblo” y de los estamentos y cuerpos al individuo. Por lo mismo, se trata de “construir” ese actor con medidas muy simbólicas como suprimir la etnia como categoría del censo. Ya no se era indio o español, mulato o negro; se era hombre y mujer, de cierta edad, en cierta residencia, con cierto oficio. Incorporar la categoría habría parecido una ofensa a la igualdad ante la ley. Y esto va impregnando la construcción de la república”. —Parece subyacer a este debate un ajuste de cuentas de lo que ha sido la relación del Estado con los pueblos originarios.

(*) Entrevista publicada en emol.com y realizada por el periodistaor Álvaro Valenzuela M. en  Crónica Constitucional