Por Alejandra Pataro

Esta semana en el mundo cubrimos el bautismo de Joe Biden en sus giras por el extranjero y las cumbres de alto vuelo: empezó con un encuentro con Boris Johnson y la reedición de las relaciones especiales entre EE.UU. y el Reino Unido que ahora son «indestructibles».

Siguió con la cumbre del G7 en Cornualles; té con la reina Isabel II, otra cumbre con la OTAN, un encuentro con líderes europeos y finalmente, la frutilla del postre: la esperada cita cara a cara con Vladimir Putin en la bella Villa La Grange, en Ginebra.

«Un detalle acentuaba la tensión de ese encuentro: cada país se había llevado su propia agua mineral en botellitas de plástico, un gesto que ratificó la desconfianza del estadounidense hacia el ruso, a quien hace pocos meses había calificado de “asesino” por intentar envenenar a opositores», escribe Paula Lugones, aludiendo a una larga lista de rusos envenenados: Alexei Navalny, Sergei Skripal, Alexander Litvinenko…

La variante Delta surgida en la India también se llevó varios títulos esta semana. La «mutación» altamente contagiosa del coronavirus está poniendo en peligro el verano «feliz» en Europa, justo cuando el continente cuelga barbijos, rompe cadenas y relaja controles (Leer en Kradiario).

Daniel Ortega en Nicaragua acaparó focos. Su carrera hacia la reelección dentro de cinco meses está dejando un gran número de detenciones, allanamientos y órdenes de captura contra todo lo que se cruce en su camino.

Para terminar: la vacuna Sputnik V aún no la aprueba la Agencia Europea del Medicamento  Puede ser que lo haga en tres meses o a fin de año. Moscú no presenta la documentación a plazo, dicen. Los argentinos vacunados con este fármaco y con ganas de viajar, miran atentos, rehenes accidentales de un conflicto ¿político o científico?