Por Martín Poblete Pujol

El Presidente Sebastián Piñera pronunció su último discurso de Estado, la rendición de cuenta de su gestión ante ambas cámaras del Congreso, esta vez en modo anti-pandemia, pocos en la sala, los más vía «zoom».   Fue un ejercicio triste de sus facultades, aún quienes todavía le tienen algo de simpatía y respeto, no pueden ignorar el tono y lenguaje del discurso, dejó la imagen de un gobierno agotado, fracasado y derrotado; Sebastián Piñera Echenique vuelve a su soledad en el Palacio de La Moneda, sin otra misión que no sea la de terminar su mandato en transmisión del mando correcta, normal, entregar el mando al sucesor democráticamente elegido.  Tal vez debió mencionar el cumplimiento de su obligación de garantizar elecciones de Congreso y presidencial, además del funcionamiento de la Convención Constituyente; fue un triste discurso.

Dos propuestas llaman particularmente a prestar atención. La primera es la creación de un ministerio de seguridad pública, un intento por resolver serios problemas en ese territorio, mediante el desprestigiado truco de inventar burocracia.

El país cuenta con la institucionalidad adecuada para tratar todas las necesidades vinculadas con la seguridad pública, también cuenta con las instituciones cuya misión en terreno es, precisamente, combatir y controlar las amenazas a la seguridad de los ciudadanos; han faltado claridad y determinación de las autoridades pertinentes para dar las órdenes como deben ser dadas.  Se nos entrega la propuesta de crear un nuevo ministerio, es muy probable que se materialice, a los políticos les interesa disponer de nuevos espacios para nombrar ministro, subsecretarios, funcionarios de variado rango, secretariados para las amantes, las hijas de amigos correligionarios y parientes, funcionarios menores de aseadores a porteros; lo dicho, fue un triste discurso.

Curiosa, por decir lo menos sin ofender, el anuncio de pedir urgencia a la tramitación en el Congreso para un «matrimonio» de homosexuales y lesbianas.  Por su fundamental función social, el matrimonio está pensado entre un hombre y una mujer, esto es ancestral, milenario; en nuestro caso, Chile necesita reforzar la protección a la familia, enfrenta una persistente caída de la tasa de natalidad que resulta urgente detener y en lo posible revertir, este asunto no lo resuelven uniones de homosexuales y lesbianas, si bien estas últimas gustan enfatizar la crianza de hijos adoptados paridos por otras.

En el plano político, el anuncio de  Piñera generó desconcierto en la coalición Chile Vamos y sorpresa en la oposición; debiera ser posible conseguir los votos para pasar legislación tal cual la pidió el Presidente, de alguna manera se sacaría de agenda un tema contencioso generador de divisiones encontradas.  De todas maneras el debate no será tranquilo, Joaquín Lavín dice tener convicciones personales por la familia pero entender la conveniencia nacional de la propuesta, Sebastián Sichel afirma haber estado siempre por legislar el matrimonio llamado igualitario en el mensaje presidencial, mientras varios diputados de la UDI acusan traición, por su lado legisladores de oposición denuncian tardanza y falta de claridad.

En la situación de Araucanía, el mensaje presidencial enfoca cuestiones de conectividad, promete llevar fibra óptica a la región, omitió las cuestiones de urgente solución.

Lo dicho, fue un triste discurso.

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