Por Manuela Sanoja

Ni acercarse a menos de dos metros ni tocarse. Con estas recomendaciones (entre otras) se evita el contagio del virus y, para qué engañarnos, se hace imposible cualquier contacto físico con otra persona que no sea alguien con quien convives. Así no extraña que haya quien busque con urgencia una pareja o un noviazgo exprés para mantener la chispa de su vida amorosa encendida. «Aunque poco a poco vaya cambiando la cosa, seguimos concibiendo la sexualidad desde un prisma coitocéntrico», aclara Francisca Molero, sexóloga del Instituto Iberoamericano de Sexología y presidenta de la Federación Española de Sexología.

Un gran error que hace que descuidemos otros juegos eróticos compartidos —a los que llamaremos aperitivos, porque «preliminares» lleva intrínseco ser telonero de un acto principal— y sobre todo las sesiones en solitario. Y con este abandono del toqueteo llegan la desidia y, poco a poco, la desaparición del deseo. Algo que, explica Miren Larrazabal, directora de Psicología Clínica y Sexología del Instituto Lyx e integrante del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid, «no debemos normalizar nunca, porque somos seres sexuales desde que nacemos hasta que morimos. La pérdida del deseo es una disfunción sexual». Así que quien no se conforme con cualquier descosido para pasar lo que nos queda de esta distopía en la que vivimos, que se ponga al día en esa asignatura pendiente de quererse a sí mismo.

Más allá de mantener la vida sexual activa, masturbarse en solitario (en pareja también tiene sus beneficios) está repleto de bondades. Para empezar, se liberan neurotransmiores como la dopamina y las endorfinas, dos hormonas relacionadas con la felicidad y la reducción del estrés y el dolor. También la prolactina, que genera sensación de cansancio y ayuda a conciliar el sueño. Además, ayuda a mantener los músculos del suelo pélvico en forma (cosa que facilitará futuras relaciones con otras personas). Y, por qué no mencionarlo, lleva al placer de vivir uno o varios orgasmos.

Es recomendable cambiar la forma de hacerlo de vez en cuando. Repetir siempre con el mismo instrumento e intensidad puede dificultar que se consiga el gozo. Aunque esto, a día de hoy, no debería ser un problema. En el mercado sobran las opciones de juguetes eróticos. Sí, hay todo un mundo más allá del Satisfyer. Y aunque las mujeres se atrevan más a comprar este tipo de artilugios, también los hay para hombres de todos los gustos y colores. Sea como sea, se trata de permitirse un gusto, de conocerse a uno mismo y de dar rienda suelta a la imaginación. Pasar una pandemia en soltería no debe significar el fin de la vida sexual.

Para terminar, un guiño a quienes tienen acompañante (sea exprés o de los que se cuecen a fuego lento): «No toda la sexualidad de una persona es propiedad privada de su pareja. Hay una responsabilidad de cada uno con su vida sexual. Y alimentar ese placer individual es una forma de favorecer y nutrir la relación», concluye la sex coach Raquel Gargallo.

Fuente: El País de España