A casi 30 días para las elecciones presidenciales de Estados Unidos, Donald Trump anunció de la noche a la mañana que él y su esposa Melania Trump dieron positivo de coronavirus. El hecho marca un giro sin precedentes en una campaña electoral que se acerca a su clímax y para un presidente que pasó meses minimizando la amenaza de la pandemia para el público estadounidense.

Aunque su médico, Sean Conley, dijo que el presidente goza de buena salud, los funcionarios del gobierno de Estados Unidos confirmaron que Trump, de 74 años, tiene «síntomas leves» y pasará las próximas dos semanas encerrado en la Casa Blanca. Pero por la tarde-noche, el Presidente fue hospitalizado en el Hospital Militar Walter Reed de Maryland. En una declaración por twitter dijo que «creo que estoy bien pero vamos a asegurarnos de que las cosas funcionan».

Sin embargo, si Trump desarrollara complicaciones, eso podría obligarlo a retirarse de la contienda electoral y obligar al Partido Republicano a nombrar a otra persona en la boleta. Mientras que la 25ª Enmienda de la Constitución de Estados Unidos establece cómo un vicepresidente asume el poder cuando un presidente está incapacitado, lo que sucede cuando un candidato presidencial se enferma o se retira es menos conocido.

El profesor de derecho de la Universidad de Nueva York, Richard Piles, dijo al Washington Post en mayo si Trump no pudiera continuar como candidato republicano, la decisión de su reemplazo recaería en el Comité Nacional Republicano. “Esto pone la pelota en manos de los partidos políticos nacionales, cuyas entidades legales conocidas como los comités nacionales demócratas y republicanos”, dijo el profesor.

Llegado el caso se llevaría a cabo una convención republicana de emergencia en la que los miembros de cada estado o territorio votarían a un nuevo nominado, emitiendo el mismo número de votos que tienen derecho en una convención ordinaria.

Piles explicó también que «los partidos ahora tendrían que reemplazar el nombre del candidato fallecido en la boleta de cada estado por el del nuevo candidato». Ahí radicaría un problema: con el diagnóstico de coronavirus de Trump a un mes de las elecciones, y con millones de votos emitidos.

Rick Hasen, profesor de derecho de la Universidad de California, consideró que «lo más probable es que la elección se lleve a cabo a tiempo con el nombre del candidato fallecido o incapacitado en la boleta». “Entonces habría una pregunta y es si las Legislaturas estatales permitirían que los electores presidenciales de cada estado votaran por alguien que no sea el candidato fallecido”, explicó Hasen.

Por lo general, el sistema de colegio electoral verifica el conteo de votos en cada Estado de acuerdo con sus leyes estataduales a partir de los cuales se designa a los electores presidenciales.

En la mayoría de los Estados, el candidato con más votos reúne a todos los electores, quienes se comprometen a votar por el ganador cuando se junten en diciembre para emitir sus votos en el Colegio Electoral.

Piles argumentó ante el Washington Post que dependería de la Corte Suprema decidir «si es constitucional que los Estados ‘obliguen’ a sus electores a votar por el candidato que ganó el voto popular en ese Estado» en el caso de que el candidato se haya retirado o haya muerto. La mayoría de las leyes estatales “no especifican si un elector aún debe votar por un candidato ahora muerto y, de no ser así, por quién debe o puede votar en su lugar”, agregó el profesor universitario de Nueva York.

“Cuando se redactaron estas leyes, las Legislaturas estaduales no estaban pensando en esta posibilidad remota. Esto es una falla: los Estados que obligan a los electores deben modificar estas leyes para especificar lo que un elector puede o debe hacer en esta circunstancia”, agregó.

Por lo tanto, en cualquier situación en la que Trump, o su oponente demócrata, Joe Biden, se retiren o se enfermen entre ahora y diciembre, existe al menos algún precedente legal sobre lo que sucede con el resultado de las elecciones.