La presidenta Jeanine Áñez fijó este martes la recta final de su gobierno interino  mirando hacia las elecciones presidenciales que se celebrarán en Bolivia el próximo 18 de octubre que, según analistas, serían comicios  orientados «a parar definitivamente al partido Movimiento al Socialismo (MAS)»  del derrocado en noviembre ex presidente Evo Morales, asilado hoy en Buenos Aires.

Luis ArceEl candidato que reemplzará a «líder histórico», impedido de retornar a Bolivia, es  Luis Arce (foto izquierda), quien tendría suficiente respaldo como para frenar los intentos de cambios políticos y sociales que ya están en marcha bajo el gobierno de Añez.

Carlos MezaCuando falta menos de un mes para las elecciones, los estudios de opinión que gozan de mayor credibilidad entre los rivales del MAS estiman que Arce cumple con los dos requisitos necesarios para ganar sin necesidad de una segunda vuelta: tiene más del 40% de la intención de voto y sobrepasa a su inmediato seguidor, el expresidente Carlos Mesa (foto derecha), por más de diez puntos porcentuales. Mesa aparece en la última encuesta –que recoge el clima de las áreas rurales mejor que en las anteriores– con un respaldo de un 26%.

La presidenta declaró, en medio de un cambio de gabinete tras una mini-crisis ministerial,  que con el nuevo rostro de su gobierno ha comenzado la última fase de su administración  transitoria y “sembrará” el terreno para que el próximo gobierno, lo que significa tener como máxima prioridad la creación de empleos.

Consideró que la anterior fase de su gobierno estuvo dedicada a la tramitación de fondos para enfrentar la pandemia del nuevo coronavirus, que azota al país desde el 10 de marzo, cuando aparecieron los primeros casos en Santa Cruz y Oruro.

“Ahora, la nueva etapa de la economía estará dedicada a sembrar el terreno para que el próximo gobierno, sea del color que sea, pueda reimpulsar la economía y crear empleo con facilidad”, afirmó Áñez, que a un mes de las elecciones renunció a su candidatura por la alianza Juntos.

Presidenta interina de derecha Jeanine Áñez.

Pero en estas elecciones se manifiestan ya algunos sectores que por ningún motivo quieren que vuelva el partido de Morales al poder y se dan cartas de  la derecha dura.

Desde ya el motivo de Añez de renunciar a su candidatura, según dijo ha sido “para evitar que el “voto democrático” se divida  entre varias candidaturas y como consecuencia el MAS termine ganando la elección”. En el sondeo, Áñez aparecía en el cuarto lugar y era una de las personalidades políticas más rechazadas por la población tras acelerar su desgaste debido a la gestión de los servicios de salud y la economía durante la pandemia.

Hasta ahora la presidenta no ha indicado a sus seguidores, aproximadamente el 10% del electorado, si votará por Mesa, quien es fuerte en la zona occidental del país, o por el tercero, el ultraconservador Luis Fernando Camacho (derecha), que es el favorito de la zona oriental.

Por su parte, el  excandidato a la presidencia Samuel Doria Medina explicó que apoyaría a “cualquiera que tenga posibilidad de detener al MAS”. Este empresario lidera el  Frente de Unidad Nacional, partido de orientación socialdemócrata, que había postulado a Áñez.

En cambio, la organización política de la presidenta, el Movimiento Demócrata Social, con raigambre en el oriente del país, podría recibir presiones para apoyar a Camacho, el principal candidato regional, incluso si los sondeos preelectorales lo ubicasen por debajo de Mesa. Con ello, la salida de la mandataria interina de la carrera electoral no asegura concentrar el voto contrario al MAS. Según Doria Medina, el retorno al poder del partido izquierdista traería “revancha, persecución a los demócratas, apresamiento de los que lucharon en las calles (contra el anterior Gobierno) y una ‘guerra’ entre regiones”.

La élite política que se opuso con furia a Morales y que impulsó su derrocamiento también quiere librarse de su legado. Busca atenuar el estatismo del modelo económico, retornar a la “república” en lugar del Estado Plurinacional creado por la Constitución de 2009, formar una burocracia más técnica y, entonces, más elitista, además de anular el alineamiento diplomático del país con enemigos de Estados Unidos como Cuba e Irán, entre otras transformaciones. Cuenta con el respaldo de las Fuerzas Armadas y la policía, y podría promover el apoyo a su programa de la mayoría de la población, pero no consigue superar su división interna, que se debe a causas personales y regionalistas.

Según el experto en opinión pública Julio Córdova, tras la salida de Áñez del escenario, y tomando en cuenta que alrededor del 20% de la población todavía está dudando por quién votar, se puede observar la existencia de tres espacios electorales relativamente aislados, que difícilmente se traspasarán votos entre sí. En el primer espacio se hallan las clases bajas urbanas y rurales. Los electores de este espacio van a votar por Arce, aunque aquí hay críticos que ya no respaldan al MAS por sus errores en el Gobierno y ahora están indecisos. En un segundo espacio están las “clases medias moderadas”, sobre todo del occidente del país que votan por Mesa. Por último, existe un tercer espacio en el que están las “clases medias muy conservadoras y regionalistas, sobre todo de Santa Cruz”, que van a votar por Camacho.