La tenebrosa historia del presidente de Bielorrusia de Alexandr Lukashenko, que ya se ha hecho elegir seis veces consecutivas presidente del país, y ha  sido definido en varias oportunidades como el “último dictador de Europa, estaría en una situación crítica y casi terminal.

El domingo pasado en las últimas elecciones, según los datos oficiales, Lukashenko habría ganado la elección con 80,23%  por ciento de los votos, resultado que fue impugnado por la candidata de la oposición unificada Svelana Tijanóvskaya (foto de portada)  que, entretanto, se ha tenido que refugiar en Lituania, porque su propia vida está en peligro.

El ministro lituano del exterior Linas Linkevicius coinfirmó el asilo político de Tijanóvskaya. “Ella está a salvo, está en Lituania», escribió en Twitter el jefe de la diplomacia lituana.

La apoderada de Tijanóvskaya, Olga Kovalkova declaró que «Svetlana no tenía elección, las autoridades bielorrusas la sacaron del país. Lo importante es que está en libertad y a salvo».

Kovalkova agregó que la salida de la opositora del país permitió liberar a la jefa de su campaña, María Moroz, detenida la semana pasada. «Se han marchado juntas», explicó.

Graves incidentes

Entretanto la no clara reelección de Lukashenko (65) origina fuertes protestas en Bielorrusia y ya habría unas 3.000 personas detenidas.

El presidente Lukashenko, en el poder desde 1994, habría ganado las elecciones con un 80,23% de los votos, resultado que no reconoce para nada la oposición, porque «está fuera de toda lógica». El mandatario fue reelegido el domingo para un sexto mandato consecutivo.

Los comicios, denunciados como fraudulentos por los opositores, desataron una ola de protestas antigubernamentales en Bielorrusia, que ayer, en su segunda jornada, se registró el primer caso de muerte.

“Uno de los manifestantes intentó lanzar un artefacto explosivo sin identificar contra las fuerzas de seguridad. Le explotó en la mano y sufrió heridas que le provocaron la muerte”, informó el Ministerio del Interior de Bielorrusia en su canal de la red social Telegram. Las acciones de protesta se concentran en la popular plaza Pushkin de Minsk.

Según diversos medios, los manifestantes lanzaron cócteles mólotov contra la policía, que movilizó a miles de sus efectivos por toda la capital  bielorrusa. El domingo ya resultaron heridas unas cien personas, entre civiles y uniformados, y hoy la prensa habla ya de decenas de heridos de distinta gravedad.

Las autoridades bielorrusas han reconocido que las protestas se han extendido a 33 ciudades y localidades del país y que más de 3.000 personas han sido detenidas.

Lukashenko, que defendió la actuación de la fuerzas policiales antidisturbios, ha acusado a la oposición de planear la toma de edificios públicos y denunciado que las protestas son patrocinadas por países extranjeros como Chequia y Polonia.

En las redes sociales se publicó un llamamiento a la huelga general en Bielorrusia a partir del mediodía de hoy, mientras Estados Unidos y varios países europeos han llamado a Minsk a abstenerse de recurrir a la fuerza contra los manifestantes.

Lukashenko se aferra al poder mientras la oposición se niega a reconocer el resultado de las elecciones y sigue llenando las calles acusando al Ejecutivo de manipulación”, informan en estos momentos portavoces opositores.

Conocido desde hace años como «el último dictador de Europa», Alexandr Lukashenko dio un paso más este domingo para perpetuarse en el poder. Al frente de Bielorrusia desde hace más de 25 años, Lukashenko se hizo con la victoria en las elecciones de este fin de semana con números aplastantes: un 80% según las cifras oficiales. Sin embargo, la oposición contesta los resultados, se niega a reconocer su victoria y miles de manifestantes se han echado a las calles para protestar por los resultados que califican de nuevo fraude electoral.

El Ministerio de Interior bielorruso anunciaba la detención de cerca de 3.000 personas en todo el país. «Por participar en acciones masivas no autorizadas fueron detenidas cerca de 3.000 personas en todo el país», escribió en su cuenta de Telegram la ministra, Olga Chemodánova. Indicó también que las detenciones se practicaron en 33 ciudades y localidades del país, y que en la capital Minsk la policía detuvo a cerca de un millar de personas.

Los detenidos pueden ser condenados a entre 8 y 15 años de prisión, advirtió el director del Comité de Investigación de Bielorrusia, Iván Noskévich, ya que se han abierto causas penales por desórdenes masivos y violencia contra agentes de la policía.

La oposición, liderada por Svetlana Tijanóvskaya, obtuvo el 9,9% y se niega a reconocer los resultados, denunciando la manipulación de las urnas. «No reconocemos los resultados. Hemos visto los protocolos de votación», dijo en rueda de prensa Tijanóvskaya, quien llamó a los que creen que les han robado su voto a «no quedarse callados» y pide al actual presidente que inicie conversaciones para una transferencia pacífica del poder.

“Bielorrusia vive estos días una de sus mayores crisis políticas de consecuencias aún imprevisibles. Estas son las claves del conflicto”, opinaron corresponsales occidentales en Minsk.

Alexander Lukashenko (en la foto izquierda acompañado del presidente ruso Vladimir Putin) ha gobernado Bielorrusia desde 1994. A sus 65 años, ha estado al frente del país durante más de un cuarto de siglo. Su régimen autoritario, la represión a los ciudadanos y a los opositores y sus constantes violaciones de los derechos humanos, denunciadas por Occidente le han valido el mote de «último dictador de Europa». Implementó su autoridad apoyado en el KGB (Policía Secreta rusa – resucitada por el actual presidente ruso Vladimir Putin).

Acosado por las revueltas en las calles, el presidente se ha apresurado a acusar a los países vecinos de alentar las protestas en contra de su Ejecutivo. Rusia, Polonia, la República Checa y Ucrania son las naciones que están detrás de todo esto es la opinión personal de Lukashenko, quien asegura que desde Praga presionaron a los activistas opositores para que tomaran las calles con el fin de entablar negociaciones con las autoridades para la «entrega pacífica del poder».

Acusó también a Polonia que ha respaldado a la candidata de la oposición unificada, Svetlana Tijanóvskaya, y ya ha propuesto convocar una cumbre de la Unión Europea para abordar la crisis en Bielorrusia, de patrocinar los desórdenes masivos.

Mencionó también entre los instigadores a Ucrania, donde habría revolucionarios “de sobra”, aunque negó que se trate de una política estatal, y destacó que “lamentablemente” de Rusia también llegaron grupos interesados en desestabilizar la situación en el país vecino. «En resumen, intentan controlar la situación desde el exterior»,  dijeron fuentes oficiales bielorrusas.

Mientras el ministerio de Sanidad en Minsk  seguía informando diariamente sobre cientos de contagios, Lukashenko se mantiene firme en su actitud negacionista en un intento desesperado de salvaguardar la imagen del país.

«Os lo advertía hace tres meses. La pandemia no solo es una enfermedad. Es una lucha política y, como vemos hoy, una guerra económica. Todos los países intentan aprovechar esa enfermedad para sacar ventaja y, si pueden, aprovecharse de los otros», afirmó recientemente.