Europa entró en recesión en el segundo trimestre del año. Las medidas de confinamiento y el cierre de fronteras supusieron un hundimiento del 12,1% de la economía de la zona euro, según el primer dato avanzado por la oficina comunitaria Eurostat. El derrumbe, en línea con lo previsto por Bruselas, multiplica por cuatro la mayor bajada trimestral sufrida por los países de la moneda única tras la crisis de Lehman Brothers.

España  (-18,5%) es el país más afectado y le siguen Francia (-13,8%), Italia (-12,4%), Bélgica (-12,2%), Austria (-10,7%) y Alemania (-10,1%), y por encima de la media de la zona euro y de la UE (-11,9%). Esos derrumbes, que expresan el coste de haber protegido a las sociedades europeas de la epidemia, ponen de manifiesto las divergencias dentro de la zona euro.

Los datos reflejan los múltiples golpes recibidos por Europa, tanto por el lado de la oferta como por el de la demanda. Todo empezó con la ruptura de las cadenas de suministro a raíz de los brotes que primero azotaron las sociedades asiáticas, recogidas en la caída del producto interior bruto del 3,8% experimentada en el primer trimestre de 2020. Ese dato también reflejaba el comienzo de una parálisis de la actividad que se generalizó e intensificó en abril, en particular en el comercio y los servicios de hostelería y restauración. Los grandes escaparates de Milán, Barcelona o París tuvieron que echar la persiana al menos durante ese mes.

Millones de trabajadores tuvieron que acogerse a expedientes temporales de regulación de empleo en Europa a raíz de la pandemia y la tasa de paro volvió a repuntar. En cualquier caso, los únicos hilos de los hogares con el consumo que la covid-19 no pudo cortar fue el de los comercios de alimentación y el comercio online, allí donde no se restringió para dar prioridad al intercambio de mercancías sanitarias y farmacéuticas o proteger a sus trabajadores de la pandemia.

Medidas de estímulo

El último impacto para la economía europea fue el del cierre de las fronteras, tanto internas como externas. La UE ha levantado de nuevo el grueso de sus barreras internas, pero mantiene interrumpido el acceso con la mayor parte del exterior. Ese bloqueo al principio supuso de nuevo problemas en las cadenas de suministro e incluso en el envío de material sanitario de un país a otro.

Ahora, las dos grandes víctimas son el turismo internacional, lo cual castiga sobre todo al Mediterráneo, y las exportaciones. Por último, la respuesta de los países ha sido desigual, de modo que mientras Alemania ha sacado músculo para amortiguar el golpe, España ha dado una de las respuestas más tímidas de la UE, según datos del think tank Bruegel.

La recesión, sin embargo, va a ser diferente a todas las demás. Por su rapidez, su intensidad y, si nada se tuerce, su brevedad. Los analistas apuntan que el dato de Francia sugiere que los países de la zona euro podrían haber experimentado ya el rebote que los sacaría de la depresión. Aun así, la persistencia de brotes de infección locales —que han supuesto confinamientos parciales— empañan ese proceso y lastran la actividad, en particular la del turismo del sur de Europa.

Si bien la recesión puede quedar atrás, la crisis no ha terminado. Bruselas, que teme un otoño complicado si los Gobiernos empiezan a retirar las redes de seguridad tendidas a empresas y trabajadores, prevé que la UE no volverá a los niveles anteriores a la pandemia hasta al menos 2022. En una Europa en la que también esta crisis se está viviendo a dos velocidades, la Comisión Europea primero prevé la recuperación del centro del continente, liderada por Alemania, y más tarde del sur.