Por Walter Krohne

Al margen del resultado de la votación por el 10%,  lo que quedó en evidencia en la última semana fue la calidad y nivel cultural de los parlamentarios, especialmente en la Cámara de Diputados, donde se escucharon intervenciones inconexas, lamentables y difíciles de comprender.

Lo que ocurrió en el Parlamento es la muestra más clara del populismo profundo en que ha caído la política chilena, tanto de la derecha como de la izquierda. Esto ha dejado abierto un abanico de problemas actuales y futuros como son principalmente la falta de líderes en la política chilena que puedan conducir a los seguidores de una u otra corriente de opinión, dejando el escenario abierto y libre a los extremos políticos tanto de derecha como de la izquierda. Lo que ha ocurrido en Chile es una evidente falta de conducción y esto no se pone ni se ha puesto seriamente en discusión.

Los ciudadanos estamos en serio peligro, especialmente por el programa electoral que queda o se nos viene hacia adelante. Ninguno de los que hoy se consideran líderes, ni Joaquín Lavin ni Daniel Jadue (por mencionar a los más nombrados en los últimos días), podrán ayudar en los debates que nos quedan hasta las próximas elecciones presidenciales. Estamos frente a una discusión, que será larga y tediosa, que deberá orientar el camino de una nueva Constitución para Chile. En la ciudadanía, en gran parte de ella, se piensa que una nueva Carta Magna nos resolverá todos los problemas que tenemos actualmente. Eso no va a pasar porque nuestros problemas se solucionan con buenas políticas de Estado.

Ejemplo de ello es el proyecto que está entrampado en el Senado de la República que debería transformar el sistema previsional chileno. Ahí está y nadie sabe hasta cuándo permanecerá allí, mientras los pobres jubilados siguen recibiendo pensiones de hambre y siguen viviendo con las escasas sumas de siempre a pesar de la pandemia. Estos son jubilados del Estado que no pueden ir a la Tesorería General a sacar algo de su fondos, no disponen de la misma posibilidad que tienen ahora los afiliados a las administradoras de Pensiones.

Miles de estos últimos se frotan hoy las manos y se preparan para retirar en algunas semanas el 10 por ciento de sus propios ahorros para “resolver” problemas actuales de subsistencia o cotidianos cuando aquí se trata de una cuestión que debería haber resuelto oportunamente el actual  Gobierno desde La Moneda. ¿Cómo? Gastanto más fondos ahorrados e invertidos en bonos en el exterior o  por último con endeudamiento que Chile puede conseguir sin mayores problemas en instituciones financieras externas. Pero el caso es que la desesperación que hoy afecta a la gente en Chile – tras haber perdido sus trabajos y algo de sus bienes y quedar al borde de la pobreza por el estallido social y luego la pandemia– no se debería en ningún caso resolver con los ahorros de la propia gente que ha caído en desgracia en esta severa crisis, quizá la peor en el historial chileno y la que vendrá cuando estos chilenos también quieran jubilarse.

Me recuerdo en los años sesenta cuando el Congreso Nacional era un centro de la cultura política y conocedor de la realidad chilena con líderes entonces de todos los sectores políticos que con buena oratoria e ideas llegaban a la gente. Recordemos por ejemplo a Eduardo Frei Montalva, a Salvador Allende, a Julio Durán,  a Jorge Alessandri Rodríguez y antes a Pedro Aguirre Cerda que no se puede ni se debe olvidar (sólo algunos)  y tras la dictadura militar, nos vienen los nombres de Patricio Aylwin Azocar , Gabriel Valdés Subercaseaux, Radomiro Tomic y también a Ricardo Lagos Escobar. Todos cometieron algunos errores, sin duda, pero todos tenían una idea clara de país y muy profunda.

Hoy todo esto se ha acabado y podemos agregar que los grandes responsables son precisamente los mismos partidos políticos que ya no orientan como antes a los sectores juveniles, en dependencias de formación política, de las cuales iban surgiendo los nuevos líderes partidarios. Hoy son todos partidos sin líderes.

En estos estamentos se estudiaba en profundidad la política en general y los problemas políticos y económicos del país. Hoy no hay nada de eso y como consecuencia los candidatos que surjen ahora son a través de la televisión. Los comentaristas o panelistas más destacados en la pantalla chica, reaparecen posteriormente en la vía pública santiaguina y en todo Chile, ayudados por las encuestas, como candidatos presidenciales.

¿O no es así en el caso de Lavín que hoy está al frente de una comuna con recursos propios  para desarrollar cualquier proyecto por “descabellado” que sea?

Sólo recordemos al Lavín como alcalde de Santiago (2000-2004)  que entregó la Municipalidad en un deplorable estado económico con 5 mil 220 millones de pesos en déficits tras instalar  en el verano piscinas con playa y agua salada en las riberas del Río Mapocho “para los sectores más populares” (que no podían salir de vacaciones fuera de Santiago como lo hacían los ricos y los más acomodados)  y en el invierno, en el mismo lugar, producía nieve para los niños que nunca habían viajado a conocer las canchas de esquí en la cordillera, pero poco o nada conocieron y siguieron igual de pobres como eran antes y lo siguen siendo.

Mientras tanto los problemas económicos y sociales crecían y crecían  y no hay que olvidarse que ya en esa época comenzó en la comuna de Santiago el derrumbre, por ejemplo,  del Instituto Nacional, el liceo de excelencia donde varios líderes y ex presidentes de nuestra historia hicieron sus estudios secundarios y además comenzó a florecer el narcotráfico que hoy invade diversos sectores diurnos y nocturnos de la capital chilena, especialmente del sector oriente. Esas cosas se olvidan pero afortunadamente nuestros historiadores nos las recuerdan siempre.

Hoy estamos en la misma porque la “derecha y la izquierda unidas jamás serán vencidas” pero es muy poco lo que pueden hacer por Chile. Ya lo han demostrado, necesitamos líderes demócratas de verdad.