Por Enrique Fernández

Enrique Fernández

“Aclarando las cosas” fue un antiguo programa radial creado por el periodista Juan La Rivera, donde intentaba explicar el fondo de las noticias complejas, como podrían ser en estos tiempos las conferencias de prensa diarias del Ministerio de Salud.

Enrique Paris

¿Ha visto usted algo más complicado que las informaciones del ministro Enrique París, la subsecretaria de Salud Paula Daza y el subsecretario de Redes Asistenciales, Arturo Zúñiga? Agregue a los periodistas, que tienen la pésima costumbre de iniciar sus preguntas con el verbo en modo infinitivo: “Preguntar, ministro ¿cuándo se levantará la cuarentena…?” Lo correcto sería entrar directamente a la pregunta, sin ese virus idiomático que repite cada mañana el sonsonete de “preguntar, ministro”.

Estamos en presencia de un virus nuevo y por eso nos enfrentamos a estrategias que cambian, según las experiencias y descubrimientos que los científicos van adquiriendo en forma periódica. Por eso las confusiones comenzaron a fines del año 2019, desde el mismo momento en que surgió cual nube atómica la amenaza del Coronavirus, desde la ciudad china de Wuhan (y no “Yahoo, como dijo el presidente Piñera).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) creó más tarde la sigla COVID 19 para identificar la enfermedad provocada por el virus. En las primeras semanas de este año fue una “epidemia” o una “gripecita”, en las palabras del presidente brasileño Jair Bolsonaro. Y de un día para otro se convirtió en “pandemia”, cuando abarcó a todo el planeta.

De ahí en adelante los términos científicos invadieron el lenguaje cotidiano, para demostrarnos lo poco que sabíamos sobre el peligro que enfrentaba la Humanidad. Aparecieron así los “Test PCR” para detectar si alguien está infectado; los “PCR positivos”, cuando el test detecta que efectivamente el sospechoso está contagiado y se convierte en un “caso activo”; los “asintomáticos” que no presentan síntomas, pero pueden contagiar a alguien si hay “estrechamiento”, y la “distancia social” entre una y otra persona para evitar el contagio,

También nos familiarizamos con los “ventiladores mecánicos”, el Estado de Catástrofe, el Toque de Queda y las cuarentenas, de las que se deriva el verbo “cuarentenar” que no existe en el diccionario de la RAE (Real Academia Española).

Cuando la cuarentena no se aplica en todo el país sino en algunas regiones, la autoridad dice que son “cuarentenas parciales” y cuando la medida se levanta en alguna comuna se anuncia un “desconfinamiento” o “desescalada”. Si los contagios aumentan diariamente, la autoridad sanitaria habla de una “curva” que crece. Si el número de contagios se mantiene en un mismo nivel cada día, los expertos dicen que la curva se “aplanó” en forma de “meseta”, después de llegar a un “peak” o punto máximo.

Son algunas de las palabras que ahora hemos incorporado a nuestro vocabulario, porque nadie está libre de llegar a una UCI (Unidad de Cuidados Intensivos).

Asociados a estos nuevos conceptos usted puede encontrar acrónimos formados por sílabas, como el “Fogape”, que es el Fondo de Garantías Estatales para Pequeños y Medianos Empresarios. O se puede tropezar con siglas formadas por letras, como las “Pymes”, que son las Pequeñas y Medianas Empresas candidatas a recibir de los bancos los “Créditos COVID” con garantía estatal. Y quienes no tienen acceso al crédito pueden optar a un “IFE” (Ingreso Familiar de Emergencia), que es una sigla formada por letras, porque si fuera un acrónimo formado por silabas sería “Infame”.

En medio de este enjambre de palabras nuevas, esta semana entra en vigencia la autorización para que las personas mayores de 75 años puedan salir de sus casas durante una hora, después de más de dos meses de encierro. El primer anuncio -porque ahora están de moda los anuncios- señaló que estos adultos mayores, conocidos antiguamente como ancianos, podrían salir a la libertad entre las 11 y las 12 del día, los lunes, jueves y sábados.

Un  segundo anuncio, al día siguiente, amplio ese horario para que los beneficiados escojan si quieren salir entre las 10 y las 12 o entre las 3 y las 5 de la tarde.

Eso no significa que si usted o un familiar suyo tiene más de 75 años, pueda salir dos veces en el día. El permiso es sólo por 60 minutos diarios, que el adulto mayor puede utilizar en uno de estos dos horarios, el de la mañana o el de la tarde.

¿Qué ocurrirá si alguien sale en la mañana y se repite el paseo por la tarde? ¿Quién lo fiscalizará y cómo comprobará que infringió la “norma sanitaria”?

Y si en lugar de regresar a su casa al mediodía lo hace a la una de la tarde, ¿lo van a llevar detenido o le aplicarán una multa? Quizás el ministro Paris o el Comité de Expertos aclaren el tema, pero en lo posible con palabras que todo el mundo entienda y, por favor, sin volver a citar a Bonvallet.

De no ser así tendríamos que recurrir a nuestro recordado Juan La Rivera para que nos aclare las cosas.