Por Martín Poblete Pujol
Desde hace varias semanas, por diversas fuentes se han planteado dudas respecto al plebiscito constitucional, cuya fecha sigue firme para el 25 de octubre  próximo; el SERVEL  deberá iniciar su trabajo preparatorio antes del 25 de junio, es decir 120 días antes del evento en cuestión, hasta este punto hay certidumbre.
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Se han planteado varias objeciones políticas, particularmente las formuladas por el Senador Andrés Allamand, acerca de la conveniencia de celebrar un plebiscito constitucional en medio de la pandemia del Covid-19; en toda probabilidad, se argumenta, muchas de las restricciones necesarias para la contención y tratamiento de la pandemia estarán vigentes, impidiendo los necesarios desplazamientos de personas vinculados a la divulgación de las opciones presentadas a la ciudadanía.
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Comentaristas en diversos medios, agregan  consideraciones relacionadas con el Estado de Excepción Constitucional por Catástrofe, el cual estará vigente hasta el 14 de septiembre, a un mes y medio de la fecha del plebiscito, creando una situación distante de la normalidad deseada, también se dice necesaria, algunos agregan indispensable,  para un evento de tanta importancia.  Prominentes personeros del sector bancario y financiero advierten de un clima de incertidumbre generado por el plebiscito, en especial por algunas propuestas evaluadas como extremas, dañinas respecto a las perspectivas de inversión tanto local como  internacional.  Estas objeciones deben ser consideradas seriamente.
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Salvo exigencias del control de la emergencia sanitaria resultantes en impedimentos en concurrir a los recintos de votación, o bien un rebrote de suma virulencia del virus Covid-19 con  similares implicancias, las actuales restricciones impuestas en el marco de contención y tratamiento de la pandemia no debieran ser obstáculos insalvables.
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Habría limitaciones a la celebración de reuniones masivas, a manifestaciones en espacios públicos, al puerta a puerta, pero esas situaciones son subsanables mediante ampliación de los tiempos de información en los medios impresos, radiales, especialmente audiovisuales.   Con un poco de imaginación, las tecnologías de comunicación en línea pueden facilitar mucho la diseminación de informaciones de la más variada índole,  la mayoría de los ciudadanos están conectados a servicios de banda ancha mediante computadores.
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La cuestión de incertidumbre económica y financiera estará presente bajo cualesquiera circunstancia, ya sea celebremos el plebiscito en la ficha fijada, o en otra por determinar si así se considerase necesario; hay grupos, grupúsculos, individuos, interesados en utilizar el entorno del plebiscito, en sus pretensiones de avanzar en sus agendas a todas luces extremas.
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En resumen, no hay argumentos suficientemente sólidos para cancelar o postergar el plebiscito salvo, como se indica en párrafos anteriores, situaciones hoy imprevisibles vinculadas a la emergencia sanitaria.
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Hace casi ciento cuarenta años, estábamos  en guerra con el Perú y Bolivia, difícil pensar circunstancias más exigentes; sin embargo, el Presidente Aníbal Pinto cumplió con todos los requisitos constitucionales y entregó el mando al legítimo sucesor Domingo Santamaría.   Hoy, no podríamos ser menos.