La directora ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas (CEPAL), Alicia Bárcena, explica en entrevista con la Deutsche Welle su propuesta de una renta básica de emergencia durante al menos seis meses para el tercio de la población de menores ingresos en toda América Latina.

Este es el texto de la entrevista:

 El escenario que plantea su informe es desolador. Pero, aún así, las previsiones de partida resultan incluso optimistas.

Alicia Bárcena: Nosotros hemos hecho esas previsiones, muy complicadas, contemplando una contracción del 5,3% del PIB regional. Pero, efectivamente, puede caer incluso más. Y eso se debe especialmente a que nuestras economías en la región dependen mucho también de lo que pase en Europa y en Estados Unidos. Ambos están ya en una caída mucho más profunda que la recesión con la que contábamos. Por lo menos en Europa hay sistemas de protección social más amplios y de mayor cobertura, en nuestra región tenemos realmente un problema muy serio porque hay muchas personas sin cobertura de salud y muchas personas que no tienen acceso a la pensión, por ejemplo, o a ingresos en ningún sentido. Y ahí se enmarca nuestra propuesta de un ingreso básico, por lo pronto de emergencia.

¿Qué pasaría si no se tomaran medidas sociales?

Nosotros calculamos un desempleo de más de 12 millones de personas adicionales, de 8,1% a 8,5% de desempleo. Si no se toma ninguna medida, la pobreza aumentaría en forma dramática en la región: de 186 millones a 214 millones de personas. Y la pobreza extrema de 11% a 13,5% de la población, de 67 millones a 83 millones. Obviamente hablamos de una región muy heterogénea. En términos de desigualdad, también va a haber un incremento del coeficiente de Gini muy preocupante en países como Brasil, como Colombia, Argentina, Ecuador o México, que son países que ya de por sí vienen con una desventaja. Y es una región que había hecho un esfuerzo muy grande por sacar a la gente de la pobreza y habían ido avanzando en mejorar la movilidad social, y ahora tenemos un gran retroceso de nuevo, sobre todo entre los estratos medios y bajos de ingresos.

Pero tampoco se puede decir que no se esté haciendo nada… ¿No es suficiente?

Se han tomado medidas muy importantes. Toda la región está haciendo grandes esfuerzos, reflejados principalmente en transferencias fiscales en efectivo, para dar por ejemplo ayuda alimentaria a los hogares, dando cobertura al 58% de la población, o condonación del pago de algunos servicios básicos. Son medidas importantísimas, pero es insuficiente porque estas trasferencias son puntuales, o muy limitadas, como en Chile, cuya ayuda se va a ir reduciendo a lo largo de dos meses. Nosotros estamos diciendo que se debe dar un ingreso básico de emergencia equivalente a la línea de pobreza, que está en torno a los 140 dólares al mes (en promedio, hay países donde la línea de pobreza es más alta), a 215 millones de personas, que son las que están bajo ese umbral de la pobreza. Aquí no estamos hablando, por el momento, de un ingreso básico universal, sino de emergencia, para los más pobres. Y estamos construyendo sobre la base de lo que ya están haciendo los países. Hoy por hoy están invirtiendo alrededor de 2,22% del PIB al año en transferencias condicionadas, en ayudas sociales y otros tipos de políticas sociales al año. Y con la crisis están invirtiendo un 0,7% adicional del PIB, con lo que ya estamos llegando a 2,9% del PIB. Ahora, si quisiéramos proteger a la gente con un ingreso básico de emergencia por un año costaría un 4,9% adicional, si fuera por seis meses supondría un 2,1% del PIB. Y creemos que hay países que sí tienen margen fiscal para poder hacerlo.

¿Cómo se pagaría este ingreso básico de emergencia?

Desgraciadamente no hay forma de financiar esto simplemente con la reorientación de los presupuestos nacionales. Todos están llegando a un tope. Obviamente hay países que tienen más espacio fiscal que otros, como el caso de Perú, Colombia, Chile… México mismo, que incluso tiene un acceso mejor a los mercados. O incluso que tienen líneas de crédito de emergencia con el Fondo Monetario Internacional. Pero el problema lo tenemos con los otros países, en los que no hay espacio fiscal y no tienen el nivel de reservas que les gustaría. Estamos contemplando tres opciones: una es recurrir a las instituciones financieras internacionales. En el caso de Centroamérica o el Caribe nosotros proponemos moratorias de la deuda. El pago de intereses de la deuda pública del gobierno central en los países centroamericanos es alrededor del 2,6% del PIB al año, eso supera lo que nosotros proponemos destinar a ayudas, que es el 2,1%. Entonces, si se pudieran posponer los intereses para el 2020, ahí hay un poco de espacio fiscal para estos países. Y el tercero es poder acceder a líneas de emergencia de crédito con cero costo de interés. Como los países desarrollados, que tienen un acceso mucho más barato al financiamiento.

Ustedes aluden también en su informe a que sería una forma de sostener mínimamente además el consumo.

Realmente es muy importante. Y creo que la economía en general se va a mover más hacia una economía más regionalizada, menos globalizada. Tengo la impresión de que esta política de cero stock y que todo se compraba en el momento y viajaba, ha demostrado gran fragilidad. Porque ahora todos los equipamientos médicos, las medicinas que esta región necesita, no están llegando a tiempo donde se necesitan. Y esto ha sido una demostración nuevamente de la gran fragilidad de la región que solamente produce el 4% de estos insumos médicos tan necesarios.

¿La pandemia ha acelerado la implementación de, y el debate sobre, todas estas medidas?

Efectivamente. Hoy estamos hablando de condiciones que en otro momento hubieran sido imposible realmente siquiera pensarlas. Porque no se trata de abrir la caja de herramientas fiscales para proteger o para ampliar las transferencias condicionadas, tampoco para otorgar estos tan importantes créditos a las empresas, sobre todo a las pequeñas y medianas. Yo creo que lo que tenemos que buscar en ese sentido es cómo va a ser la reactivación, que va a ser muy lenta, eso también hay que tenerlo muy en cuenta. Cómo podemos lograr una reactivación y en qué sectores. Eso va a salir en nuestros siguientes informes. Estamos analizando qué sectores fueron menos afectados y por lo tanto la reactivación puede ser más fácil, importante o necesaria. Cuál es la reconversión que está ocurriendo en algunas empresas. Una reconversión industrial, productiva, de manufactura que en verdad es sumamente importante para todos.

En el informe ustedes plantean la medida de la renta básica de emergencia como un primer paso que «permitiría avanzar hacia un ingreso básico universal»..

Claro que estamos proponiendo que este ingreso básico de emergencia se convierta luego en universal. Estamos dando escenarios. Si fueran equivalentes a una línea de pobreza, estamos hablando de 140 dólares al mes, tampoco es así una cosa terrible. Y si fuera una línea de pobreza extrema, estaríamos hablando casi de la mitad, de 65 dólares al mes. Pero se requiere lo mínimo para realmente dar y tomar en serio esta especie de seguro social para el futuro. Ese es el tema de fondo. Nosotros hemos venido trabajando en este tema desde hace mucho tiempo, escuchando también las limitaciones que hay para hacerlo universal de una sola vez, eso lo vemos difícil por ahora. Pero desde luego para las familias más pobres, por ahora, nos parece que es superimportante.

¿Qué gobiernos se han mostrado más a favor de implantar este ingreso básico? ¿Han tenido ya alguna respuesta directa de algún país?

Están muy pendientes de lo que estamos haciendo. Pusimos todas las medidas de cada país en un observatorio y fue muy interesante que nos han ido llamando para decirnos: «falta esta medida», «incluyan esta otra»… Hemos tenido conversaciones con los ministros de Asuntos Sociales, de Mujer y de Finanzas de la región y, nunca es posible decir que «gracias a la Cepal están tomando tal o cual medida», porque eso es atribuirse algo que no sería justo. Pero hay un intercambio muy rico entre lo que están haciendo los países y las propuestas que nosotros hacemos (sobre cómo se pueden financiar, qué se puede hacer…). Una región que nos ha respondido muy rápidamente es el Caribe y también Centroamérica. Son países que realmente necesitan mucho apoyo, hay países más grandes que quizá no necesitan tanto de lo que Cepal pueda proponer. Pero, sin embargo, el ingreso ciudadano que se aprobó en Brasil por el Congreso, muy importante, que viene debatiéndose hace mucho tiempo con un congresista que trabajó con nosotros y hemos estado muy en contacto. Finalmente se aprobó. Como digo, no es posible atribuirse, porque no sería justo, todo el mérito, porque los países están haciendo cada uno sus esfuerzos, pero sin duda creo que nos están escuchando y sobre todo hay diálogo.

¿Cómo valora que la renta básica tenga cada vez más defensores, también desde ámbitos incluso neoliberales?

Hoy por fin estamos oyendo a Macron, y a gente que nunca hubiéramos pensando, que están apoyando estas medidas sociales fundamentales que son sin duda de subsistencia y de mínimos para un futuro más igualitario y, yo diría, más sostenible también. Porque no podemos volver a lo de antes. Tenemos que hacer un build back better. O sea, cómo regresamos mejor a una sociedad más inclusiva y más igualitaria y sobre todo más sostenible ambientalmente, que también eso es un gran tema.

Incluso en Alemania veinte asociaciones han pedido un ingreso básico incondicional… Y ese es el otro elemento, que sea incondicional, que verdaderamente le dé a las personas un cierto grado de emancipación, que no tengan que tener la lucha, en América Latina y en Europa también, por la subsistencia. Eso que se ha hecho evidente es que muchas de las medidas sociales no han llegado a todos. Y creo que es un momento muy importante para la sociedad poder llegar a este ingreso básico que nosotros pensamos que es para lograr y apuntalar el mínimo derecho a la subsistencia. A salir justamente de la pobreza extrema y dejar de estar realmente en el filo del hambre. Porque en esta región, que produce alimentos mayoritariamente, aunque tenemos algunos países que son importadores netos, creemos que es fundamental.

Como bióloga, le ayuda su trasfondo para analizar este tema, aunque biología y economía tengan a veces poca relación.

Sí, yo me identifico mucho, con todas las salvedades, con Angela Merkel. Es también científica y eso nos ayuda mucho a varias cosas: primero a entender que en esta crisis en particular, que tiene un origen muy distinto a otras, no es financiera, ni de bancos, es una crisis de salud, que proviene también de la gran destrucción que hemos hecho como humanidad de los ecosistemas, porque este brinco que están dando los virus de animales silvestres (silvestres domesticados, debo decir), al ser humano también tiene que ver mucho con la destrucción del planeta, donde se han perdido los equilibrios básicos y estamos ya en el contorno de nueve límites planetarios muy importantes y creo que eso nos tiene que hacer recapacitar y por tanto claro que en eso mi origen de biología y de ecología sobre todo me ayuda mucho porque es una crisis sistémica que debemos abordar con una mirada multidimensional, sistémica también, para tratar de resolverla.