Por el equipo de KRADIARIO

Distintos columnistas de la prensa santiaguina  analizaron este fin de semana los efectos del cambio de Gabinete que, por sus opiniones, el Presidente Sebastián Piñera no hizo, el último jueves, los  ajustes  que se esperaban o no supo aprovechar el momento político para presentarle al país cambios en su equipo en La Moneda, especialmente entre los ministros que deben cuidar la marcha y manejar la  estrategia política del Gobierno.

Jorge Navarrete, en La Tercera, comenzó su análisis diciendo que “no quisiera estar en los zapatos de Sebastián Piñera, porque después de haber ganado una elección con la votación más alta que haya obtenido la derecha en la historia de Chile, quince meses después la aprobación del gobierno no supera el 25%. Como si fuera poco, un 66% afirma que el Presidente no es una persona confiable, el 70% lo considera lejano y un 65% sostiene que ha actuado sin destreza ni habilidad ante las presiones de instituciones, grupos o personas. Con sinceridad, los resultados son simplemente demoledores.

Sin embargo, las encuestas no son en ningún caso tan precisas y muchas veces fallan en sus perspectivas, como se ha visto y lo ha comprobado Kradiario especialmente en períodos electorales.

Navarrete  se pregunta más adelante en su comentario si ¿hay algo que pudiera ser peor? a esta tan pobre y baja calificación presidencial.

Tras la gran expectativa generada, o la grandilocuencia de los tiempos mejores, como el  crecimiento económico chileno, un 61% de los consultados en la encuesta CEP  cree que el país está estancado.

El columnista  Max Colodro dijo que la encuesta CEP hizo más visible el contraste entre el escenario de fuerte deterioro político del gobierno y un ajuste ministerial básicamente destinado a reforzar la economía. Esta es la señal más preocupante del ajuste ministerial, la convicción de que el gobierno no tiene diseño político para enfrentar las dificultades y exigencias del actual momento, y que todas las energías serán puestas únicamente en apalancar variables económicas.

Para el abogado Gonzalo Cordero, el problema es que todas las cosas importantes y valiosas requieren esfuerzo y constancia, o sea un compromiso de largo plazo. Gobernar es una cosa importante, por ello obtener buenos resultados, a un nivel agregado que sea perceptible por las personas, exige continuidad en las políticas y trabajo, mucho trabajo.

El actual gobierno asumió hace 15 meses y en este lapso el crecimiento económico se duplicó respecto del período anterior, en un contexto adverso este año seremos uno de los países con mejor resultado del sub continente, si es que no el mejor. Pero igual que Navarrete destaca el hecho que el 61% de los encuestados en el estudio del CEP cree que el país está estancado y al gobierno lo juzga esa percepción y no la realidad objetiva.

El fracasado ingreso a Venezuela de la ayuda humanitaria enviada especialmente por Estados Unidos y países latinoamericanos – la denominada Operación Cúcuta- dejó a la vista de todo el mundo varios fracasos que afectaron directamente a los integrantes de la recepción de esta ayuda (alimentos y medicinas) y hubo un solo ganador que se llama Nicolás Maduro. Los principales derrotados fueron el presidente encargado Juan Guaidó , el presidente chileno Sebastián Piñera,  Iván Duque de Colombia y el ex canciller chileno Roberto Ampuero (en la foto con Guaidó) .

Para Ascanio Cavallo (La Tercera) “el cambio de gabinete más esperado y postergado del año ha sido un fiasco como espectáculo político: no hubo novedades sustanciales en los dos equipos pivotales -el político y el económico-, nadie fue sacrificado en el altar de la oposición y los motivos de la remoción de los ministros caídos permanecen en el cuaderno privado de las evaluaciones del Presidente. Costará mucho saber realmente por qué salieron, por ejemplo, el exministro de Economía José Ramón Valente o la exministra de Energía Susana Jiménez.

De los 24 ministerios, seis fueron modificados, un modesto cuarto que se hace más leve cuando se considera que de las cinco reformas que el Presidente reiteró como sustanciales y que estando en el Congreso “no han podido avanzar”, solo una compete a un ministro de recambio: la de Salud, cartera a la que regresó el más que curtido Jaime Mañalich. Las cosas sugieren que Mañalich llega en calidad de bombero, a salvar los muebles de unos proyectos que el saliente Emilio Santelices, habiéndose demorado una eternidad, ya no podría proteger.

El cambio de mayor envergadura ha sido el del canciller Roberto Ampuero, agrega Cavallo, que parece poner fin a la “venezuelización” de la política exterior y a las apuestas excesivas del gobierno chileno por Juan Guaidó.

Con Ampuero se va también, probablemente, la prioridad sudamericana ahora que el continente se oscurece.

Además de constituir un triunfo para RN -partido quejoso donde los haya-, el ingreso de Teodoro Ribera asegura un estilo más circunspecto y menos lustroso, más europeo, en un año en que la Cancillería debe afrontar, afuera, el pulso entre Trump y Xi, y adentro, los megaeventos de Apec y COP25. Si sobrevive a eso, también es probable que Ribera reciba el premio del fallo de La Haya sobre el río Silala, que de no mediar algún hecho extraño debería ser una nueva victoria judicial sobre el gobierno de Evo Morales.

Para Carlos Peña (El Mercurio) uno de los problemas dignos de examinar que plantea la encuesta del CEP es la situación de la izquierda.

Hace poco menos de dos años, la Nueva Mayoría estaba en el gobierno y presumía haber llevado adelante un programa de transformación social que cambiaría la cultura pública de Chile. Si algún problema había, si algún tropiezo se preveía, si una dificultad se avizoraba, sería producto, decían algunos de sus miembros, de la timidez que le impedía moverse más a la izquierda.

Pero en un breve lapso —poco menos de dos años— la izquierda, la Nueva Mayoría, está a ras de suelo (y el Frente Amplio se empina apenas).

Es verdad que, según lo acredita la encuesta, casi dos tercios de los ciudadanos declara no poseer identidad política y también es cierto que el tercio restante que declara adhesión política se lo reparten por mitades la izquierda y la derecha. Pero cuando se mira la lista de los personajes mejor evaluados se descubre, con amarga sorpresa, que los primeros lugares de la lista están ocupados por políticos y políticas de derecha y encabezada por Joaquín Lavín. Y cuando se repara en quiénes han mejorado su posición y quiénes la han empeorado, esa imagen es aún más sombría: mejoran personajes de derecha y decrecen los de izquierda.

En política o se tiene talento o se tiene carisma o se tienen ambas cosas. Pero sin talento y sin carisma no hay caso. Y en la Nueva Mayoría sobran los nombres de los hijos que traen resonancias brillantes a la memoria —Allende, Lagos— y otros que traen resonancias —Guillier—, pero no hay, o si los hay la timidez les obliga a ocultarlo, ni talento, ni carisma. Esta es una primera razón a la que podría llamársela el factor humano.

Pero es probable que no todo se reduzca a ese factor. Como casi todo en la condición humana, hay también un asunto intelectual.

La Nueva Mayoría elaboró un diagnóstico de la sociedad chilena, y sobre él un discurso que demostraba más apego a su propia identidad histórica o, por llamarla de algún modo, valórica, que a la realidad que tenía ante los ojos. Mientras la sociedad chilena se llenaba de grupos medios, poseídos por la confianza en sí mismos y anhelantes de diferencia, y cada vez más despreocupados de la política (algo que la encuesta del CEP confirma), algunos intelectuales de la Nueva Mayoría pensaron que era deseable politizar la vida y se dejaron llevar por lo que pudiera llamarse la concupiscencia de los conceptos: un concepto (desigualdad) llevaba rápidamente a otro (lucro) y este a otro (capitalismo) y así por delante hasta alejarse de las modestas orillas de la realidad cotidiana de esos miles y miles de chilenos y chilenas que no se reconocían en ese Chile al que se retrataba fracturado, amenazado por la pérdida de cohesión social.