Por Enrique Fernández

Si usted vio en la televisión uno de los camiones con ayuda humanitaria para Venezuela envuelto en llamas, posiblemente se preguntó quién provocó el incendió de ese y otros camiones. La respuesta es parte de los días de posverdad que vive Venezuela y en los que Chile aparece involucrado.

“¡Yo lo vi.! ¡Lo quemaron!”, gritó un reportero de la CNN que se hallaba en el puente junto a un grupo de seguidores del Presidente Encargado Juan Guaidó, en el lado colombiano de la frontera con Venezuela. El periodista acusaba del incendio a miembros de la Guardia Nacional Bolivariana. Pero el gobierno de Nicolás Maduro responsabilizó a manifestantes opositores por el ataque incendiario que destruyó la carga de alimentos y medicinas.

¿Quién conducía la tanqueta que atropelló a la fotógrafa chilena Nicole Kramm, la tarde de ese sábado 23 de febrero en el Puente Simón Bolívar? ¿Era un miembro de la Guardia Nacional o fue un montaje de los seguidores del Presidente Encargado Juan Guaidó.? Otra respuesta en suspenso, parte de la posverdad.

Podemos agregar un sinnúmero de situaciones vinculadas con el conflicto venezolano, incluyendo la participación directa del Presidente Sebastián Piñera, que permanecen flotando en la nube de la posverdad: La inflación, el desabastecimiento, el aumento de la pobreza y los tres millones de venezolanos que han emigrado ¿son consecuencia de un bloqueo económico o la incapacidad del gobierno para superar la reducción de los precios del petróleo que es su único recurso de exportación?

Cuando se juntan elementos que distorsionan la realidad, al buscar respuestas llegaremos a conclusiones también distorsionadas. Es el juego de las “fakenews” o noticias falsas. La gravedad del problema es que “algunas noticias falsas duran para siempre”, advierte el historiador israelí Yuval Noah Harari en su último libro, “21 lecciones para el siglo 21”.

“Sea cual sea el bando que respaldemos, parece que en realidad estamos viviendo en una terrible era de posverdad cuando no solo incidentes particulares concretos, sino historias y naciones enteras pueden falsificarse”, afirma el autor, que entre otros episodios insólitos alude a la elección de Donald Trump en Estados Unidos y el retiro de Gran Bretaña de la Unión Europea..

¿Será este el caso de Venezuela? Y si así fuera, ¿es verosímil pensar que el siguiente capítulo traerá una invasión de Estados Unidos a su territorio tras el fallido intento del 23 de febrero? Juan Guaidó reconoció esa noche que no fue posible lograr el ingreso a Venezuela de la ayuda humanitaria para sus habitantes más necesitados, por el cierre de las fronteras y la represión de los militares que apoyan a Maduro.

“Se develó internacionalmente el peor rostro de una dictadura que no guarda las formas ni siquiera”, dijo Guaidó, en declaraciones a la revista “Semana” de Bogotá.

El Presidente Sebastián Piñera, que acompañó a Guaidó junto a los mandatarios Iván Duque, de Colombia, y Mario Abdo Benítez de Paraguay, también calificó al régimen de Caracas como una “dictadura” y aseguró que “tiene sus días contados”. Para la oposición, esta actitud del mandatario se aparta de la tradicional diplomacia chilena y el principio de “no intervención en los asuntos internos de otros países”.

Maduro, por su parte, consideró que el “el golpe ha fracasado” y en su habitual tono enérgico e histriónico advirtió que está dispuesto a morir antes que renunciar o rendirse.

“Mi vida está consagrada totalmente a la defensa de la patria, que en cualquier circunstancia jamás me doblegaré, jamás me rendiré, siempre defenderé a nuestra patria con mi vida misma si es necesario defenderla”, dijo el Presidente ante miles de sus partidarios que salieron a las calles de Caracas tras la fallida aventura de Guaidó.

Hablar de una intervención militar o una invasión no es descabellado porque también es parte de la posverdad. Ya en agosto de 2017 el presidente norteamericano Donald Trump sugirió esa posibilidad durante una reunión privada en la Casa Blanca. La amenaza de Trump se conoció sin embargo meses después cuando trascendió que en esa reunión participaron el entonces secretario de Estado, Rex Tillerson, y el general Herbert McMaster, que se desempañaba como Asesor de Seguridad Nacional. Ambos funcionarios ya no integran el equipo de Trump.

Hablando ante sus colaboradores con su habitual estilo directo, distante de toda diplomacia, Trump se manifestó partidario de invadir Venezuela para terminar con el régimen de Maduro, al que acusó de poner en peligro la seguridad regional en América Latina. Cuando algunos de los presentes le advirtieron que una acción semejante provocaría el rechazo de los gobiernos latinoamericanos, el mandatario insistió en su idea, recordando las invasiones de Estados Unidos a Panamá y Granada, en los años 80.

¿Cuál fue la reacción de Nicolás Maduro cuando se enteró de estas malas intenciones?

Al día siguiente de conocer esta versión, el jueves 5 de julio del año pasado, el presidente venezolano habló durante un desfile cívico militar. Y también con su habitual estilo directo y lejos de cualquier diplomacia, amenazó a Trump con una formidable réplica militar si se atreve a lanzar una invasión a la tierra de Bolívar.

“Si ustedes nos agredieran, ¡nuestros ejércitos se expandirían por todos los campos de batalla de América Latina y el Caribe!”, aseguró Maduro, firme y desafiante. En consecuencia, el suyo fue el anuncio de una respuesta militar no sólo dentro del territorio venezolano. Amenazó a Trump con una lucha armada a través de “todos los campos de batalla de América Latina y el Caribe”. A eso se le llama posverdad.