Mientras en  Venezuela se sigue viviendo una situación política muy incierta con un gobierno oficial o “constitucional”, el de Nicolás Maduro, protegido por un Ejército supuestamente  leal al chavismo,  y otro autodesignado, el de Juan Guaidó, sin Ejército, pero con el apoyo de Estados Unidos y Donald Trump;  en Nicaragua, entretanto, cercano a Venezuela y también conducido  por un régimen izquierdista-chavista, surge de pronto y en el sector bancario, una nueva posibilidad de  pacificación entre el gobierno sandinista de Daniel Ortega y el partido Apre (la Alianza) para poner término a un año de crisis sangrienta que ha dejado 335 muertos y 4.000 heridos.

En un documento firmado por los dueños de los principales bancos privados nicaragüenses  se expresó que los únicos objetivos con esta iniciativa inédita de banqueros era “abrir las puertas para reanudar la negociación entre el Gobierno y la Alianza APRE (es un partido político liberal-conservador nicaragüense),  así “como también trasladar al Gobierno la urgencia de abordar los planteamientos de la sociedad civil y la comunidad internacional para resolver la crisis”.

El documento está  firmado  por Roberto Zamora, Carlos Pellas, Ramiro Ortiz, Juan B. Sacasa y José Antonio Baltodano, dueños de los principales bancos privados de Nicaragua.

Para algunos, Ortega habría aceptado recibir a los banqueros porque necesita enviar “una señal” de buena voluntad a Estados Unidos y a Europa, ante las sanciones impuestas por Washington y las anunciadas por el Parlamento Europeo, y a las puertas de una reforma fiscal que, de aprobarse esta semana, provocaría nuevos cierres de empresas y la estampida de los depósitos financieros, que cayeron en 1.517,6 millones de dólares entre marzo y diciembre de 2018 según cifras oficiales.

Sin embargo la situación de este diálogo no es muy clara y parece ser una nueva estrategia de Ortega para ganar tiempo y quedarse en el poder.  La conocida periodista Sofía Montenegro lo dijo así en las redes sociales: “Con esto el líder nicaragüense  busca ganar tiempo para dividir, antagonizar y organizar la crisis según sus  necesidades (…) Veremos cuánto le dura el maniobreo y resistamos. Así que, antes de que  les dé un derrame, hagan juicios sumarios, se decepcionen o acusen de traición a nadie, alistemos energías y fuerzas para defender y luchar por nuestras demandas de libertad, justicia y democracia”, señaló Montenegro.

La economía nicaragüense se ha visto profundamente afectada por la crisis. El crecimiento del PIB se redujo un 4 por ciento en 2017 y se contraerá entre un 7,3 y un 10,9 por ciento este año, según estimaciones de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides).

La ayuda en Cúcuta: ¿Estrategia de Maduro?

Mientras los banqueros toman la iniciativa en Nicaragua sin saberse aún a qué precio, porque todo en política tiene un precio, el  Gobierno de Nicolás Maduro impulsa otra estrategia para poder mantenerse en el poder en Caracas. A raíz de la ayuda humanitaria destinada a Venezuela y que se acumula en la ciudad colombiana de Cúcuta, el gobierno venezolano anunció este lunes, desconociendo o negando las necesidades de su propio pueblo, que aprovechará el anunciado concierto que se organiza en Colombia para llevar alimentos y atención médica desde Venezuela a la ciudad colombiana por la pobreza que asegura  el mandatario, sufren sus habitantes.

El ministro de Información, Jorge Rodríguez, dijo en declaraciones al canal estatal VTV que Venezuela enviará “más de 20.000 cajas Clap” (de alimentos subsidiados), así como “pediatras, cirujanos, odontólogos” para brindar “atención médica gratuita” a los cucuteños.

Rodríguez dijo que “pareciera que nadie atiende al pueblo de Colombia, específicamente a los pueblos fronterizos de ese país” y acentuó que “nadie atiende al pueblo de Cúcuta”.

En esrta forma Maduro quiere dar vuelta el problema económico-social que sufre esta región fronteriza de América Latina para traspasárselo sólo a Colombia, cuando ciertamente  el tema de la pobreza y la falta de medicinas y atención médica afecta por igual tanto a los  venezolanos como a los colombianos.  Maduro quiere denunciar y desafiar así al gobierno colombiano de Iván Duque (derechista), a quien acusa de no estar dispuesto a atender a su propio pueblo. Al mismo tiempo quiere apagar el impacto que está teniendo  el tema de la ayuda humanitaria para Venezuela concentrada en Cúcuta,  como “si Colombia no la necesitara igualmente, al menos en los pueblos fronterizos”.

Comentó el ministro venezolano Rodríguez que “el 40 %, casi 300.000 cucuteños y cucuteñas están en una situación de pobreza, para quien no lo sepa, el 10 % está en una situación de pobreza extrema (…) casi 20.000 niños trabajando en la calle”. Reiteró que la ayuda que enviara el gobierno de Caracas a esta ciudad colombiana esta semana será entonces una “demostración de la mano solidaria del pueblo de Venezuela” con pueblos pobres como Cúcuta.

La ayuda venezolana incluiría no sólo especies sino también médicos. “Para que nuestros pediatras vean a las niñas y a los niños, para que nuestros cirujanos puedan atender situaciones concretas que se puedan resolver de manera ambulatoria, para que nuestros internistas, gastroenterólogos, obstetras puedan atender de forma absolutamente gratuita a la población de Cúcuta”, dijo Rodríguez . “Esta será la respuesta solidaria del Gobierno de Maduro a la movilización que se espera se produzca este sábado, con el concierto de artistas internacionales que se ha organizado desde Colombia, para apoyar la entrada de ayuda humanitaria a Venezuela que se encuentra almacenada en Cúcuta.

Nicaragua y las pérdidas económicas

Entretanto en el caso de Nicaragua la situación económica es también asfixiante como en Venezuela.  El gobierno calcula en más de 1.600 millones de dólares las pérdidas económicas y en casi 158.000 los empleos formales que desaparecieron, especialmente en los sectores de turismo y comercio, los más perjudicados. El gobierno responsabiliza de la debacle económica a los grupos opositores, incluyendo organizaciones y figuras disidentes del Frente Sandinista, a quienes acusa de haber promovido un “fallido golpe de Estado terrorista” para derrocar a Ortega, con apoyo de Estados Unidos.

La fórmula de Ortega  con los banqueros han originados diversas reacciones que van de la expectativa al pesimismo, pero con una demanda común previa a cualquier negociación: la liberación de más de 700 presos y plenas garantías a la libertad de prensa y de movilización.

El gobierno del presidente Daniel Ortega anunció la noche del sábado que había sostenido un “intercambio” con “un grupo de empresarios privados” y en presencia del arzobispo de Managua, cardenal Leopoldo Brenes, y del nuncio apostólico, Waldemar Stanislaw Sommertag, para “empezar una negociación” sobre temas importantes para el país.

“En el abierto intercambio, se ha confirmado la necesidad de un entendimiento para empezar una negociación, a través de un encuentro incluyente, serio y franco”, indicó una breve nota de prensa oficial.

Aunque el gobierno no volvió a hablar del asunto, monseñor Brenes reveló que en la reunión participaron Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, y, como contraparte, el millonario Carlos Pellas y otros cuatro representantes del gran capital financiero, sector que se abstuvo de apoyar abiertamente las protestas opositoras en 2018.

“No fue un diálogo, fue un encuentro que los empresarios querían tener con el señor presidente”, dijo el arzobispo a periodistas antes de oficiar una misa el domingo al suroeste de la capital. Consideró que las partes “van a seguir platicando” y que la Iglesia Católica está dispuesta a intermediar si es invitada.

“Nuestros únicos objetivos con esta iniciativa fueron abrir las puertas para reanudar la negociación entre el Gobierno y la Alianza, así como trasladar al Gobierno la urgencia de abordar los planteamientos de la sociedad civil y la comunidad internacional para resolver la crisis”.

Tanto la de Venezuela como la de Nicaragua son teleseries políticas que ya llevan muchos años en la cartelera latinoamericana. ¿Si hay negociación en Venezuela con los banqueros y si esta llega a buen puerto, Daniel Ortega podría salvarse, pero el caso de Maduro es más difícil porque no tiene banqueros que lo apoyen, aunque si un aún sólido Ejército con 4.000 generales leales al gobierno chavista.