En un discurso de casi dos horas de duración cargado de anuncios y referencias a temas de interés internacional y con tono moderado,  el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, realizó su segundo discurso sobre el Estado de la Unión ante el Congreso de su país. Con un tono desacostumbrado, realizó un llamado a la unidad y aseguró que la división del Parlamento, con una cámara controlada por republicanos y otra por demócratas, es una «nueva oportunidad política” para el país.

Entre los temas candentes no podía faltar el muro en la frontera con México, una de sus principales promesas de campaña. Si bien no declaró el estado de emergencia para obtener los fondos que le han sido esquivos, sí pidió a los congresistas que aprueben un presupuesto para construirlo. «En el pasado, la mayoría de las personas en esta sala votaron por un muro, pero el muro adecuado nunca se construyó. Lo haré construir», aseguró.

Trump también se refirió a Venezuela, reiterando que Washington reconoce al «Gobierno legítimo de Venezuela” y al diputado Juan Guaidó como «nuevo presidente interino” de ese país. «Estamos con el pueblo venezolano en su noble búsqueda de libertad y condenamos la brutalidad del régimen” de Nicolás Maduro, cuya políticas socialistas han convertido esa nación «en un Estado de pobreza extrema y desesperación”, sostuvo.

Boom económico y terrorismo

En la misma línea, Trump se mostró «alarmado” ante algunas propuestas que han surgido en Estados Unidos, a las que calificó de «socialistas”. «EE.UU. se fundó con libertad e independencia, no bajo la coerción, dominación y control del Gobierno, y seguiremos libres. Esta noche, renovamos nuestra determinación de que EE.UU. nunca sea un país socialista”, dijo.

Tras arremeter contra la inmigración ilegal, pedir que se pene el aborto en la fase final del embarazo, advertir a China que las políticas comerciales que han regido durante años la relación entre Pekín y Washington «han llegado a su fin» y destacar la presencia femenina en el Congreso, presumió de una gestión que se ha traducido en un «boom económico sin precedentes”. Aseguró que «hemos creado 5,3 millones de nuevos trabajos y sumado 600.000 nuevos trabajos para la industria. Algo que casi todo el mundo decía que era imposible de hacer, pero el hecho es que solo estamos empezando”.

Por ello, criticó a las «ridículas investigaciones partidistas» que se realizan en su contra, y advirtió que éstas pueden frenar el «milagro económico» que vive el país, en aparente referencia a la indagación sobre la trama rusa del fiscal Robert Müller y las pesquisas de la oposición demócrata. También defendió las sanciones contra Irán («el principal patrocinador del terrorismo en el mundo”) y se mostró partidario de las negociaciones de paz con los talibanes, pues podrían implicar «una solución política a este largo y sangriento conflicto».

Y siempre en el ámbito de las relaciones internacionales, anunció que su próxima cumbre con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, tendrá lugar en Vietnam los días 27 y 28 de febrero. «En el marco de nuestra diplomacia audaz, continuamos nuestro esfuerzo histórico por la paz en la península coreana”, declaró.