Por Martín Poblete

En voto histórico, nunca en la historia democrática del Reino Unido un primer ministro gobernante había perdido una moción por 230 votos, el Parlamento británico ha dado un duro golpe a la Primer Ministro Theresa May, echando por tierra su propuesta de un Brexit negociado con la Unión Europea, votaron con la Primer Ministro 202 parlamentarios conservadores y nacionalistas norirlandeses; en contra 432 socialistas, conservadores rebeldes (118), nacionalistas escoceses y galeses, Verdes, y Liberal Demócratas .   Antes, en 1924, el gobierno de minoría del Primer Ministro laborista (socialista) Ramsay MacDonald perdió por 166 votos; en 1978, el también laborista Primer Ministro James Callaghan perdió por 89 votos.
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En el sistema parlamentario inglés el juego político es de dinámica muy rápida.   Apenas terminada la votación, el líder socialista Jeremy Corbin presentó un voto de censura al gobierno de Theresa May, que deberá votarse mañana miércoles 16 de enero en la tarde;  los laboristas podrían contar con los votos de nacionalistas escoceses y galeses, tal vez también de los partidos Liberal Demócrata y Verde, aún cuando todo este “arrejuntado” vote a favor la censura, no alcanzan los votos para pasarla.   De darse la altamente improbable situación de algunos parlamentarios conservadores rebeldes votando contra su propio gobierno, lo cual daría paso a la aprobación de la censura, el gobierno tiene 14 días para presentar una contrapropuesta.
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¿Con la censura una  posibilidad remota, cuales son las opciones ahora?   La primera, si bien improbable, es la disolución del Parlamento por decisión de la Primer Ministro Theresa May el próximo lunes, convocando a elecciones generales.  La segunda, es la permanencia de la Primer Ministro, pero cediendo considerable poder de negociación al Parlamento en una nueva etapa entregando considerable protagonismo a los principales líderes parlamentarios.   La tercera, ir adelante descartando negociaciones; en este sentido, en varias ocasiones recientes, la señora May ha dicho con énfasis: “…el Gobierno de Su Majestad está al servicio del pueblo, en consecuencia tiene el deber de acatar y ejecutar el resultado del referéndum”, se asume así aún si las circunstancias forzaran la separación sin acuerdo con la Unión Europea, es decir el temido “no deal Brexit”.
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El voto en contra, si bien contundente, no indicó preferencia por ninguna propuesta diferente a la presentada, las numerosas intervenciones de parlamentarios conservadores y socialistas especialmente, estuvieron centradas en el rechazo al proyecto de la Primer Ministro, sin elaborar en alternativas, lo cual abre las puertas a nuevas negociaciones con líderes en el Parlamento, encabezadas por la señora May, dirigidas a buscar un consenso en torno a posible acuerdo teniendo como base lo ya presentado a consideración;  la Primer Ministro prometió regresar al Parlamento el próximo lunes 21 de enero, con un planteamiento formal acerca de como ella pensaba proceder en lo inmediato.
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Mientras tanto, la dinámica parlamentaria tiene al frente el calendario estipulado en el artículo 50 de la Carta Europea, el cual regula los pasos a  seguir en hipotética salida de un miembro de la Unión, según la secuencia en dicho cuerpo legal el Brexit debería estar ejecutado a mas tardar el viernes 29 de marzo, cualesquiera solución de continuidad en un nuevo marco de negociaciones exige extender los plazos, en sí mismo otra negociación para la cual el tiempo es exiguo.
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La señora May ha demostrado ser de esa clase de políticos capaces de resistir muchos embates, en la mas probable de las posibilidades seguirá gobernando, salvo la pérdida total de apoyo en su propio partido;  esta será una semana de fuertes definiciones en Londres, con igualmente fuertes implicancias en Bruselas, París y Berlín.