Por Pablo Stefanoni

El diario brasileño La Folha de Sao Paulo, que es de alguna manera el house organ de la USP (Universidad de Sao Paulo)  condensa maravillosamente el conjunto de palabras de moda, leyendas y mitos de la izquierda chic, que para las clases altas y medias de la capital paulista constituyen el fundamento inquebrantable de su visión del mundo», escribió en un artículo de 2013. Y frente a esta visión del mundo, Olavo de Carvalho (foto de portada) se propuso, en solitario, lanzar la suya propia, aprovechando magistralmente los medios digitales.

«Brasil es un país de mayoría conservadora y cristiana, eso ya fue comprobado por diversas investigaciones (…) pero ¿cómo es posible que un país de mayoría conservadora no tenga un partido conservador, una TV conservadora, una universidad conservadora, un diario conservador?». Por eso, la democracia brasileña es «un sistema 100% falso» –al menos hasta el 1º de enero pasado–. Democracia es la de Estados Unidos, que tiene un partido conservador y un partido progresista. En Brasil, decide la minoría progresista con una total exclusión de la mayoría, es una «farsa grotesca». Ahora, con Bolsonaro, se inaugura la verdadera democracia.

Carvalho se dedicó durante años a la astrología y creó la Escola Júpiter. Fue parte de una secta –o comunidad– sufí, una variante esotérica del islam vinculada al suizo Frithjof Schuon (bautizado luego Sheikh Issa Nureddin Ahmad al-Shadhili al-Darqawi al-Alawi al-Maryami), a su vez inspirado en la obra del pensador orientalista francés René Guénon. No mandó a sus hijos a la escuela.

Pero tras buscar su camino entre astros, alquimia y esoterismo, pareció encontrarlo en tierras lejanas. En 2005, tras la victoria del Partido de los Trabajadores (PT), se mudó a una casa en Richmond, en el estado de Virginia, cerca de bosques que le dan tonalidades cinematográficas. Decidió, además, volver al catolicismo. «La entidad llamada Inquisición es un invento de los protestantes», escribió.

El Presidente de Brasil Jair Bolsonaro, de extrema derecha, que derrotó a la izquierda en Brasil.

Al explicar la elección de su destino, explicó que se sintió atraído por los “rednecks” –los blancos sureños, a menudo con bajos ingresos, afectos a las armas–. El propio Carvalho tiene una colección de rifles de caza, pistolas y revólveres de diferentes modelos y calibres. Y desde esa casa ofrece cursos virtuales de filosofía que siguen miles de alumnos.

«Yo quería que la derecha existiera, lo que no quiere decir que yo pertenezca a ella. Yo fui el partero». Interrogado sobre las causas de la transformación de la vieja derecha brasileña, responde: «C’est moi». Según Carvalho, fueron sus libros los que animaron a otros conservadores a salir del armario, pero aún falta, según él, representación institucional de la derecha: diarios, universidades y partidos que defiendan el liberalismo económico y los valores conservadores tradicionales.

En 1996 publicó O imbecil coletivo. Atualidades inculturais brasileiras [El imbécil colectivo. Novedades inculturales brasileñas]. En el prólogo escribe: «Recojo aquí algunas notas que tomé al margen de las noticias culturales brasileñas entre 1992 y 1996. Todas ellas se refieren a un tema único: la alienación de nuestra élite intelectual, abrumada por las modas y las pasiones que le impiden ver las cosas más evidentes. Se trata de observaciones dispersas, que no pretenden hacer un diagnóstico global, sino que apuntan con fuerza hacia una sospecha: la sospecha de que algo en el cerebro nacional no va bien».

«Los marxista pensaban que destruyendo la propiedad privada se iba a destruir la familia. Pero destruir la propiedad privada no resultó fácil (…) entonces, ¿qué hicieron estos hijos de puta? Invirtieron 180 grados la teoría marxista de la estructura y la superestructura. En lugar de destruir la propiedad privada para destruir la familia, promovieron la destrucción de la familia para, en algún momento, destruir la propiedad privada (…) oportunismo rastrero, ‘vagabundo’, sinvergüenza». Todos los exponentes de la derecha alternativa están fascinados con el comunista italiano Antonio Gramsci y con sus análisis sobre la hegemonía y la cultura, y se propusieron, desde la marginalidad –hasta ahora– imitar al autor de Cuadernos de la cárcel.

Entre los objetivos de Carvalho está el combate al movimiento gay, hoy un vector del «globalismo», término propio de esta derecha, junto con una lucha más amplia contra la «ideología de género». Para él, luchar contra la homosexualidad en sí, o decir que es antinatural, no tiene ningún sentido e incluso eso alienta acusaciones de homofobia contra quienes sostienen esas posiciones. De lo que se trata, y eso sí es posible, es de «derrotar al movimiento gay» y sus intentos de ampliar su campo de batalla desde lo puramente sexual hasta la construcción de identidades sociales. En síntesis, el mentor ideológico de Bolsonaro se propone combatir y reemplazar la «atmósfera mental» creada por el marxismo culturalizado.

Dicen que unos 12.000 alumnos pasaron por sus cursos virtuales –pagos– de filosofía. Además, hay decenas de videos donde Carvalho responde preguntas de sus seguidores sobre diversos problemas del pensamiento. El brasileño, a sus más de 70 años, es un exitoso youtuber que desde su casa de la América profunda logró influir sobre el sentido común y, más aún, sobre el flamante presidente brasileño. «Con frases muy cortas y directas, conceptos básicos del tipo de los que se viralizan hoy en las redes y muchas, muchas fake news. Es una especie de youtuber de la filosofía instantánea», lo describió el analista de medios Filipe Vilicic.

Su libro O mínimo que você precisa saber para não ser um idiota [Lo mínimo que usted necesita saber para no ser un idiota] –compilado por el periodista y bloguero Felipe Moura Brasil, con un millón de seguidores en Twitter– es una colección de artículos de prensa que, según el editor, vendió 320.000 ejemplares. Bolsonaro tenía el libro sobre su escritorio, junto con la Biblia y la Constitución, cuando dio su primer discurso luego de ganar con 55% de los votos. En uno de sus artículos señala: «La idea del libre comercio, por ejemplo, tan querida por el conservadurismo tradicional (e incluso por mí mismo), se ha utilizado como instrumento para destruir la soberanía nacional y construir sobre sus ruinas un Leviatán universal omnipotente».

Como «partero» de la derecha bolsonarista, Carvalho colocó dos ministros en el gabinete: el colombiano Ricardo Vélez en Educación, para sacar la «basura marxista» de las escuelas, y Ernesto Araújo en Relaciones Exteriores. El diplomático tiene un blog cuya consigna es «contra el globalismo» y propone una alianza cristiana con Rusia y Estados Unidos contra la «conspiración mundial marxista », que incluye a China, la Unión Europea y la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El día que se la proponga a Vladímir Putin, hoy cercano a China, posiblemente el líder ruso responda con una sonrisa.

El pensamiento de Carvalho encontró un terreno favorable, que en parte él mismo ayudó a crear. En abril de 2015, en una protesta contra Dilma Rousseff en la avenida Paulista, una encuesta de Pablo Ortellado y Esther Solano reveló que 64,1% de los presentes estaba de acuerdo con la afirmación «El PT quiere establecer un régimen comunista en Brasil» y 55,9% apoyó la frase «El Foro de San Pablo quiere crear una dictadura bolivariana en Brasil» .

En los años 60, Carvalho pasó por el Partido Comunista y estuvo en contra de la dictadura. Hoy es un anticomunista furioso. Como Bolsonaro, ve comunistas hasta en la sopa. Y dice que la «famosa dictadura» toleraba más a la oposición que los gobiernos del PT.

Carvalho cree que el socialismo tiene tres ejes: el fabiano, el marxista y el nacional-socialista. Y que el fabianismo es una especie de gran cofradía mundial superpoderosa… La escuela fabiana es la más influyente entre las élites occidentales hasta hoy. Casi todos son fabianos, desde Barack Obama hasta los militares de la dictadura brasileña. Encima, sus contornos son más difusos, son más pacientes que los comunistas o los nazis, pero buscan lo mismo: debilitar el capitalismo. La idea de que el fascismo y el nazismo son de izquierda fue una de las fake news difundida por WhatsApp por millones de personas durante la campaña de Bolsonaro para refutar que el ex-capitán fuera fascista. Esto explica, para el filósofo, el acercamiento del Partido Comunista a Getúlio Vargas.

Hace un tiempo, Carvalho debatió con el euroasianista ruso Aleksandr Duguin. El brasileño considera el euroasianismo prácticamente una creación de la antigua KGB. «La KGB aceptó la derrota del comunismo pero no la propia y creó una nueva estrategia: el euroasianismo, más hostil hacia Occidente que el propio comunismo». Carvalho cree que, hoy, la resistencia al globalismo está en el nacionalismo estadounidense y en la derecha israelí. De hecho, Benjamin Netanyahu fue la estrella de la asunción de Bolsonaro junto con el húngaro Viktor Orbán. Todos son enemigos de Soros. Y Carvalho agrega que Trump es un genio a la altura de Napoleón.

«La Divina Providencia unió las ideas de Olavo de Carvalho y la determinación y el patriotismo del presidente electo Jair Bolsonaro», escribió el nuevo canciller Araújo, quien cree que el cambio climático es una conspiración del marxismo cultural y que hay una guerra contra la heterosexualidad, las carnes rojas y el petróleo.

(*) – Nueva Sociedad.

Primeras medidas extremas de Bolsonaro (anexo de KRADIARIO):

1.-  Oficializó la salida de Brasil del pacto de migraciones de las Naciones Unidas, consensuado recientemente en diciembre y ratificado por 152 naciones. En esta materia Jair Bolsonaro siguió en América Latina el camino seguido antes por Chile con el presidente Sebastián Piñera y su canciller Ampuero.

2.- Por otra parte, en la  ONU se criticaron a su vez las recientes medidas de Bolsonaro de despojar a la Fundación Nacional del Indio de su facultad para delimitar las reservas indígenas. De eso se ocupará ahora la cartera de Agricultura. Victoria Tauli-Corpuz, relatora especial de la ONU sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, declaró que consideraba la medida como un retroceso porque el Ministerio de Agricultura apoya la expansión de las áreas de producción agrícolas para criar ganado o para aumentar las exportaciones. Además, la transferencia de competencias en cuestión puede minar la capacidad de la Fundación Nacional del Indio (FUNAI) para proteger los derechos de los pueblos indígenas y sus territorios. Los recursos y las facultades de FUNAI pueden verse reducidos significativamente.