El Frente Amplio (FA) es una fuerza en evolución con procesos contradictorios; la DC está buscando su destino; las nuevas alineaciones de la oposición son transitorias y el neopinochetismo no tiene nada de nuevo porque siempre existió, sólo que estaba dormido. Ese es el resumen del escenario político que hace el vicepresidente del PS, Camilo Escalona, en la antesala de la publicación de su libro “La memoria vive”, en enero próximo, publica este jueves el diario El Mercurio de Valparaíso.

Allí reúne una serie de columnas y artículos realizados este año, incluyendo diciembre, donde aborda la memoria histórica desde dos puntos de vista: en el ámbito estrictamente político analiza el rol que tuvo el PS en la formación del Frente Popular en 1938, con el que llegó a la presidencia Pedro Aguirre Cerda hasta el papel que jugó la tienda en la campaña del No que a su juicio fue clave para lograr reunir en la oposición y para que el PC terminara apoyando el No en agosto de 1988.

También aborda la polémica sobre los DD.HH. y las responsabilidades del terrorismo de Estado donde, subraya, “tengo diferencia con lo que dijo el Presidente Piñera en septiembre, porque no hay excusas que justifiquen las violaciones a los DD.HH.; los errores no pueden justificar los horrores”. Sin embargo, reconoce que es una polémica que no concluirá ahora debido a la reactivación del neopinochetismo.

“Este libro es un aporte al debate, no recluyéndose en las fronteras de la izquierda, sino que pensando en que en estos grandes temas civilizadores apuntan a una conjunción de fuerzas porque no son temas exclusivos de la izquierda”, remarca.

-¿El PS debe volver a orientarse hacia el centro?

– Hay que unirse, tal como se dijo en la resolución de enero pasado, desde el FA hasta la DC.

– Pero no ha sido un camino fácil. La oposición está desordenada.

– Sí, ha sido difícil, pero nunca fue fácil. Estos procesos de entendimiento que logren rebasar las fronteras del mundo propio de cada partido político siempre han sido complicados porque los partidos se recluyen en su propio chovinismo en vez de lograr acuerdos más amplios.

– Pero en los últimos meses ha habido ciertas alineaciones: la Convergencia Progresista, el acuerdo PC-FRVS-PRO, la DC en su etapa de reflexión y el FA viviendo su propio proceso. ¿Cómo las ve?

– La unidad de toda la oposición no es un proyecto de corto plazo. El momento clave serán las próximas elecciones presidenciales. No puedo adivinar ahora cual será el estado de ánimo que se configure de aquí a junio del 2021 cuando se hagan las primarias. Lo óptimo sería que todos pudiéramos compartir una primaria de la que saliera una candidatura única, y si eso no ocurriera, tendríamos que tener la capacidad de entendernos para la segunda vuelta. Fuimos derrotados por Piñera pero cuesta aprender las lecciones. En esa oportunidad no trabajamos lo suficiente para hacer de la segunda vuelta un punto de encuentro y perdimos.

– ¿Pero estos nuevos reacomodos apuntan hacia una aglutinación mayor?

– Desde mi punto de vista estas reagrupaciones son transitorias. La Convergencia Progresista la concebimos como una etapa, como un paradero en el camino de este Transantiago político tan largo que deberemos recorrer hacia esa unidad.

– En la oposición reconocen que hoy no están las condiciones para esa unidad.

– La voluntad todavía es escasa y ese artículo no estuvo en las ferias de Navidad; no es fácil encontrarlo, pero se puede construir con el tiempo. Y esa es la idea que tienen los socialistas: ayudar a generar una voluntad unitaria.

– ¿Existe la opción de un acuerdo entre la DC y el PS como lo hubo hasta antes de la última elección?

-Lo que pasa es que el entendimiento entre las fuerzas del humanismo cristiano y el humanismo socialista expresado esencialmente en la DC y el PS constituían mayorías, pero ésa no es la realidad actual y no es suficiente ese entendimiento para ser mayoría. En los encuentros que hemos tenido le hemos manifestado a la DC que un acercamiento entre socialistas y decés tiene que aspirar a ser mayoría y por eso debe existir esa apertura a fuerzas que ayer no existían como es el FA.

– ¿En la oposición hay cierta perplejidad frente a este nuevo escenario?

– Es un proceso que cada uno tiene que vivir. Al inicio de la transición la DC era un partido muy grande que hacía imposible que estuviera aislado. Hoy esa realidad cambió. Lo que hay que entender es que en el actual sistema político todas son fuerzas entre pequeñas y medianas. Una clave del futuro democrático es que cada uno pueda entender esta realidad para que generemos bloques mayoritarios. Los líderes de la ex Concertación y Nueva Mayoría se formaron en un sistema político que hoy no existe. Hay un proceso de asimilación con un liderazgo variopinto, pero, ojo, aquí nadie sobra.

– ¿A qué atribuye el resurgimiento del pinochetismo?

– Hay un rescoldo pinochetista en nuestra sociedad. Lo que pasó, tal como lo señaló un semanario, es que esta corriente salió del clóset. Siempre existieron los pinochetistas, pero estaban reprimidos. La fuerte personalidad política de Pablo Longueira consiguió que este pinochetismo se mantuviera silencioso para hacer crecer a la UDI. Eso explica que Ignacio Urrutia haya salido electo por cuatro periodos con altas mayorías en su zona rural. Él representa un sector que es pinochetista y no es casual que muchos de estos parlamentarios pinochetistas representen zonas rurales. Cuando Longueira logró silenciar este pinochetismo en la UDI también se silenció en RN, pero ahora que los liderazgos son más débiles en su capacidad hegemónica, no tienen la capacidad para imponer el silencio que se mantuvo por tantos años. Otro punto: hay que recordar que la transición chilena no fue como la griega ni la española porque el pinochetismo sacó el 44% de los votos en 1988 y la suma de los votos de Büchi y Errázuriz el 89 fue de casi 45%. A diferencia de otros países en Chile no hubo un derrumbe de la extrema derecha; en el análisis de los 30 años de historia política se olvida ese dato y se señala que fue por los enclaves y las transacciones. No fue así. La derecha siempre mantuvo una representación significativa. La derecha tuvo mayoría en el Senado hasta el 2005 cuando se eliminó la figura de los senadores designados.

– ¿La “salida del clóset” afecta la agenda de Piñera?

-Creo que a Piñera lo complica mucho. Si Piñera pensó que crecer hacia el centro era fácil, ahora no sólo tiene la renuencia de los propios sectores de centro, sino que tiene un obstáculo significativo dentro de su campo de apoyo. Ese sector de ultraderecha tiene mucha resonancia, pero creo que produce un eco mayor que su fuerza real. Piñera mira mucho a José Antonio Kast y no a Felipe, que creo que está muy complicado si quiere ser candidato presidencial, incluso por el apellido asociado hoy a la extrema derecha más que a la centroderecha. Evópoli está totalmente descolocada hoy con todo esto. No les tocó la fortuna de la Navidad.

– ¿Imaginó que José Antonio Kast iba a tener este impacto?

– Esto es pendular. Ellos creen que tienen la fuerza para imponerse, pero no es tan así: si José Antonio Kast gana la primaria en la derecha no gana la elección.

“El pinochetismo salió del clóset, pero siempre existieron los pinochetistas, pero estaban reprimidos. La fuerte personalidad de Longueira consiguió que se mantuviera silencioso para hacer crecer la UDI””

“Las reagrupaciones son transitorias. La Convergencia Progresista la concebimos como un paradero en este largo Transantiago político que deberemos recorrer hacia esa unidad”

(*) Entrevista de Paola Passig