Por Jorge Heine

A partir de ahora la Comisión de Exteriores de Representantes quedará en manos de la oposición demócrata. Por allí pasarán los acuerdos regionales y también el controvertido asunto del muro en la frontera con México.

“Troika de tiranías” es el nuevo término acuñado por John Bolton, Asesor de Seguridad Nacional del Presidente Trump, para referirse a Cuba, Nicaragua y Venezuela, en un discurso pronunciado en Miami Dade College el 1 de noviembre. Bolton prometió las penas del infierno a estos tres países.

Después de las elecciones legislativas del 6 de noviembre, en que los demócratas recuperaron el control de la Cámara de Representantes,¿veremos variaciones en esta línea dura del gobierno del Presidente Trump hacia la región, o será solo más de lo mismo, ahora que finalmente ya hay una encargada en propiedad de la región en el Departamento de Estado, Kimberly Breir ?

En los Estados Unidos, el Congreso juega un papel proactivo en política exterior y el que el Representante Eliot Engel ( Demócrata por Nueva York) vaya a asumir la presidencia de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, no es menor. Engel presidió antes el Subcomité de Asuntos del Hemisferio Occidental, y conoce bien la región.

El primer tema ante al nuevo Congreso que asume en enero de 2019 es la ratificación del T-MEC ( la nueva versión del TLCAN) entre EEUU, Canadá y México. Se espera que los demócratas objeten algunos aspectos del texto, pero que al final del día le den el vamos.

Otro tema es el del muro en la frontera con México. El muro despierta resistencia en la oposición demócrata, y aún no se inicia. La aprobación de su financiamiento pasaría por algún compromiso que de garantías a los “Dreamers”, la nueva generación de inmigrantes indocumentados.

El Triángulo del Norte en Centroamérica, esto es, El Salvador, Guatemala y Honduras, con su espiral de violencia ( y la mayor tasa de homicidios del planeta)representa otro desafío. Con economías estancadas, corrupción rampante y gobiernos disfuncionales,son fuente de inmigración ilegal en EEUU y le han dado a Trump una de sus principales banderas de lucha. EEUU les ha recortado la ayuda, lo que ha agravado su situación.

En principio, el comercio debería ser un área de convergencia entre EEUU y la región. La elección de Bolsonaro, afín a Trump, ha abierto la posibilidad de algún tratado de libre comercio EEUU-Brasil. Dada la guerra comercial con China, y potenciales negociaciones comerciales con la UE y con Japón, sin embargo, su prioridad en la agenda de Washington no es obvia. Más distante ( y tal vez más preocupante) es la posibilidad de que, una vez ratificado el T-MEC, EEUU renegocie los otros TLCs en la región–con Chile, Perú y Colombia, así como el CAFTA. Aunque en varios de estos casos la balanza comercial es superavitaria para los EEUU, el aggiornar estos tratados nunca es fácil.

Finalmente, está el “elefante en la habitación”, esto es, China. La reciente visita relámpago del Secretario de Estado Pompeo a Panamá tuvo como propósito advertir al Gobierno del Presidente Varela que Washington no ve con buenos ojos el acercamiento a Beijing. Lo mismo fue expresado en visitas anteriores a la región por el predecesor de Pompeo, Tillerson, y por el Secretario de Defensa James Mattis.

En breve, en la agenda hemisférica, la mano viene pesada, y los gobiernos de la región harían bien en seguir muy de cerca no solo las complejas señales que emanan de la Casa Blanca, sino que también desde el Congreso.

(*) Ex embajador chileno, investigador en políticas públicas en el Wilson Center, Washington