Por Walter Krohne

Esta semana lo supimos oficialmente como si nunca lo hubiésemos pensado, conversado o  escrito en nuestros artículos o discusiones políticas: El fracaso de la izquierda en las últimas elecciones presidenciales se debió a un problema “ético político” que afectó a la Nueva Mayoría en la que también estaba el Partido Comunista.

Esto lo dijo en un documento de 13 páginas una comisión del Partido para la Democracia (PPD) que preside el ex canciller de Michelle Bachelet Heraldo Muñoz.

Sin embargo no se señalan las causas centrales de este fracaso y del hundimiento del progresismo en Chile como ha ocurrido también en otros países latinoamericanos. No se mencionan así claramente los problemas de  la corrupción, que en el caso chileno y en otros países es también un problema de moral política que afecta tanto  a la derecha capitalista como a la izquierda;  la escasez de proyectos e ideas para resolver los problemas fundamentales de los chilenos y en esto nos referimos a los temas educacionales, violencia en los colegios, jubilaciones y salud, frente a los cuales hubo déficits graves que los está tomando ahora inteligentemente la derecha liberal del Presidente Sebastián  Piñera, que de lograrlo, este sector  amenazará nuevamente con ganar  las próximas elecciones preesidenciales y así  veremos a la derecha en La Moneda por mucho tiempo.

Esto puede ser así porque los electores no quieren más orientaciones ideológicas para resolver los problemas, sino soluciones concretas vengan del sector que vengan. El marxismo está ya “out”, la democracia cristiana inspirada en Maritain ya casi no existe, y los socialdemócratas  que miraban a la Europa comunitaria se van quedando lentamente atrás y postergados.

Politiquería barata y promesas incumplidas fue el resultado del gobierno de Michelle Bachelet, a quien toda la izquierda alaba como si ella hubiese sido la mayor “revolucionaria” tras la dictadura militar que duró 17 años.

Dentro de este  resultado  quedaron colgando las preguntas de  una nueva Constitución que tanto anunció y que era uno de los pilares centrales de su oferta política, como también lo fue la reforma de la educación que tras cuatro años de gobierno quedó inconclusa, porque se inspiró fundamentalmente en el lucro y no en el contenido educacional.

Como dice  Giddens  “las personas de izquierda no sólo buscan justicia social, sino que creen que el gobierno debe jugar un papel clave en fomentarla. En lugar de hablar de la justicia social como tal,  es más preciso decir que estar en la izquierda significa creer en una política de la emancipación. La igualdad es importante sobre todo porque es relevante para las oportunidades vitales, el bienestar y la autoestima de la gente”, pero bajo Bachelet todo esto estuvo relativamente lejos de darse.

El texto del PPD entrega un duro diagnóstico de la derrota presidencial del bloque de la Nueva Mayoría y que ha comenzado a difundirse como documento de la comisión estratégica del PPD como hilo conductor del próximo ”Congreso Ideológico Estrratégico”

El texto de Víctor Barrueto (Presidente de la Comisión)  es el “producto final” tardío del trabajo de la comisión estratégica de este partido.

Así y todo y teniendo la realidad al frente, el documento valora que el gobierno de Michelle Bachelet marcó el “inicio de un nuevo periodo histórico” con la realización de “reformas que significan el salto de transformaciones que la Concertación (en otra época) no dio tiempo para introducir, partiendo por derechos sociales indispensables. Sin embargo, lamentablemente, como dice Barrueto,  este esfuerzo no fue acompañado de un vínculo con la ciudadanía (…). Con la búsqueda de acuerdos, diseño adecuado, gestión y comunicación mejor de las reformas, se fue perdiendo el respaldo”.

Bajo ese marco se plantea que “nuestra conclusión es que las causas de la derrota están antes que todo en ‘no hacer bien las cosas’ y en ‘no hacer las cosas éticamente’”.

Agrega el documento, según el diario La Tercera, que “por falta de conexión con la nueva sociedad no visualizamos la demanda por ‘seguridad ciudadana’ y la valoración de los temas de crecimiento y empleo, al menos discursivamente. Déficits de campaña que con la dispersión de fuerzas del progresismo no proyectaron gobernabilidad”.

“Lo que veníamos discutiendo es que las causas de la derrota en Chile –según Barrueto-  habían estado relacionadas con problemas de arrastre de falta de probidad y de corrupción en muchos casos, porque el electorado de centroizquierda es más exigente. A esto se agrega no darle suficiente importancia a retomar el crecimiento y al tema de la delincuencia. Si uno mira lo que ha pasado en Brasil, eso es lo que nos tiene más golpeados”.

Las conclusiones de la comisión estratégica abordan también la “reinvención” que debe llevar adelante el PPD para poder pensar en un nuevo gobierno del progresismo, siendo un buen punto de partida  la Agenda 2030 de Naciones Unidas, “un piso básico compartido por el mundo de la centroizquierda para enfrentar este nuevo ciclo histórico que se inicia”.

Lo que ocurrió con la izquierda en Chile, puede ser un fenómeno latinoamericano de la última década o desde la última crisis económica mundial del 2008, tras la cual el capitalismo salió mucho más fortalecido yéndose en lo político a un extremismo impensable, como se puede ver en Europa y Estados Unidos (ver artículo de Kradiario de este martes:  ¿El neofascismo europeo está también llegando a América Latina ).

En el curso de la última década accedieron electoralmente al poder en numerosos países de América Latina partidos o coaliciones con diversos grados de parentesco que los coloca en algún sitio de la izquierda en este  actual  espectro político denominado centro-izquierda.

Se cuentan entre ellos el Frente para la Victoria ensamblado en la Argentina por Néstor Kirchner con fragmentos del peronismo (con diversas tendencias), por el cual gobernó luego también Cristina Fernández de Kirchner;  el brasileño Partido dos Trabalhadores encabezado por Inácio “Lula” da Silva; el Movimiento al Socialismo de Evo Morales  en Bolivia; el Partido Socialista chileno que, en el marco de la Concertación de Partidos por la Democracia y posteriormente la Nueva Mayoría con inclusión del Partido Comunista, elevó sucesivamente a la presidencia a Ricardo Lagos y a Michelle Bachelet; la Alianza PAIS (Patria Altiva y Soberana) de Rafael Correa en Ecuador; la Alianza Patriótica para el Cambio liderada por Fernando Lugo en Paraguay (hoy el presidente es de extrema derecha, Mario Abdo Benítez); el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) con el que Daniel Ortega retornó a la presidencia de Nicaragua; el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN)  en el  Salvador que, tras haber dejado las armas, acaba eligiendo  a  Mauricio Funes (hoy perseguido por la justicia y asilado en Nicaragua); el Frente Amplio en Uruguay que, tras varios intentos fallidos, logró elegir a Tabaré Vásquez en el Uruguay, que transmite un socialismo acorde con las aspiraciones uruguayas frente a una derecha que se entregó enteramente al poder militar durante la dictadura (27 de junio de 1973 al  1 de marzo de 1985)  y, en Venezuela, el Movimiento Quinta República primero  y luego el Partido Socialista Unidos de Venezuela  liderado por Hugo Chávez y tras su muerte reemplazado por el actual presidente Nicolás Maduro, hundido también en una crisis de proporciones.

De toda esta lista los  únicos gobiernos de centro  o izquierda  que siguen en el poder son Tabaré Vásquez en Uruguay (gobierno que aparece hasta ahora estable), Daniel Ortega en Nicaragua, cuyo gobierno está inserto también en una crisis política grave; y  Evo Morales en Bolivia, con un socialismo bien a su medida y que trata de eternizarse en el poder por vías ni tan democráticas ni tan legales. Lo demás es derecha pura o extrema, en parte como consecuencia de hechos de  corrupción en  la izquierda (caso Brasil)  y en parte por las muchas promesas incumplidas.

Chile es un ejemplo de esto último. Bachelet prometió impulsar tres pilares en su campaña: 1.- Nueva Constitución que no se hizo o quedó a medias; 2.-  Reforma tributaria que no sirvió y hubo que hacer una nueva; y 3.- Reforma educacional que debe ser mejorada, especialmente en cuanto al contenido de la enseñanza. Aparte de estos incumplimientos dejó una economía en mal estado y con elevado desempleo y déficits fiscales.