20:18 horas: Escrutados ya el 86 por ciento de los votos emitidos, Bolsonaro lidera con 47,6% y Haddad lo sigue con 27,24… HAY SEGUNDA VUELTA.

Por Leonardo Boff

Nunca en nuestra historia estuvimos situados ante una alternativa tan radical: el excapitán candidato a la Presidencia, Jair Bolsonaro, que se presenta con todas las características del nazifascismo que causó millones de víctimas en Europa en la Segunda Guerra Mundial, y enfrente Fernando Haddad, al que no se le puede negar espíritu democrático (foto de portada.

Ambos se enfrentan hoy en las elecciones presidenciales en Brasil y ambos encabezan las encuestas.

Los cerca de 450.000 centros de votación instalados para las elecciones presidenciales, legislativas y regionales de Brasil, las más imprevisibles de las dos últimas décadas, han abierto a las 8.00 y funcionarán hasta las 17.00 aunque en los Estados del oeste cerrarán dos horas más tarde  Los brasileños deciden si esta cita es la definitiva o si el país más grande y más poblado de América Latina vuelve a votar de nuevo dentro de tres semanas en segunda vuelta. El candidato ultraconservador Jair Bolsonaro, que ha apostado por una retórica radical, llega lanzado, con un 40% de intención de voto en los últimos sondeos frente al 25% de su principal oponente, Fernando Haddad, el heredero del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva que está en prisión.

Bolsonaro mismo declaró que no le importa ser comparado a Hitler. Se ofendería si lo llamasen gay.

Cometió muchas barbaridades contra las mujeres, los negros, los indígenas, los quilombolas [habitantes de los quilombos], los LGBT, haciendo incluso apología abierta de notorios torturadores, dejó claro, en declaraciones inescrupulosas, que pretende imponer una política represiva contra esos grupos como política de Estado. No sorprende que tenga el más alto rechazo en las encuestas de intención de voto.

Entendemos su resonancia pues no son pocos los que quieren orden en la sociedad a cualquier precio y que rechazan cualquier tipo de políticos a causa de la corrupción que corrompe este país. Siempre, la búsqueda del orden sin la preocupación simultánea por la justicia social ni por los procedimientos jurídicos correctos, fue el humus que alimentó y alimenta aún hoy a los grupos de derecha y de extrema derecha. Con Hitler fue así: Ordnung muss es sein: «por encima de todo, el orden», pero un orden impuesto mediante la represión y el envío de judíos, gitanos y opositores a los campos de exterminio.

Bolsonaro explota esta búsqueda del orden a cualquier precio, incluso con la militarización del gobierno, como ya ha sido publicado en la prensa. En caso de ganar –¡el cielo nos libre!– colocará en los ministerios clave a generales, en su mayoría jubilados, pero con una mentalidad francamente derechista y autoritaria. Hasta propone eventualmente un auto-golpe, es decir, Bolsonaro como presidente puede convocar a las fuerzas armadas, disolver el Parlamento e instaurar un régimen autoritario y altamente represivo.

No tenemos otra alternativa que unirnos, más allá de los intereses partidistas, para salvar la democracia y no permitir que Brasil sea considerado en todo el mundo un país políticamente paria. Esto afectaría a gran parte de la política latinoamericana, especialmente a aquellos países cuyas democracias son frágiles y están bajo el fuego del pensamiento derechista que crece en el mundo entero.

No es de extrañar que conglomerados financieros que viven de la especulación, asociados a empresarios que no tienen ninguna consideración por el futuro de su patria, sino sólo por sus propios negocios, y asociados a los burócratas del Estado afectos a la corrupción y a las negociaciones turbias, constituyan la base social de sustentación de un tal régimen autoritario de cariz fascista y nazi.

Sería una ruptura inédita en nuestra historia nunca vista antes. Los militares y empresarios que dieron el golpe de 1964 eran por lo menos nacionalistas, y exaltaban un crecimiento económico a costa de los bajos salarios y del control riguroso de las oposiciones, con arrestos, secuestros, torturas y asesinatos, confirmado hoy hasta por documentos provenientes de los órganos de seguridad y de la política exterior de Estados Unidos.

El pueblo brasileño, que tanto ha sufrido ya a lo largo de la historia, primero bajo el látigo de los señores de esclavos y después por la super-explotación del capitalismo nacional, no merece sufrir todavía más. Tenemos con él una deuda que nunca llegamos a pagar, que nos será reclamada hasta el juicio final.

Alimentamos la esperanza de que el buen sentido y la voluntad de reafirmar la democracia de la mayoría de los votantes, nos librarán de este verdadero castigo que, ciertamente, no merecemos.

El golpe de 2016 interrumpió la construcción de Brasil

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Observador atento de los procesos de transformación de la economía mundial en contrapunto con la brasilera, Celso Furtado, uno de nuestros mejores nombres en economía política, escribió en su libro Brasil: la construcción interrumpida (1993)

«En medio milenio de historia, partiendo de una constelación de factorías, de poblaciones indígenas desgarradas, de esclavos trasplantados de otro continente, de aventureros europeos y asiáticos en busca de un destino mejor, llegamos a un pueblo de extraordinaria polivalencia cultural, un país sin paralelo por su vastedad territorial y su homogeneidad lingüística y religiosa. Pero nos falta la experiencia de pruebas cruciales, como las que conocieron otros pueblos cuya supervivencia llegó a estar amenazada. (…) No ignoramos que el tiempo histórico se acelera y que el recuento de ese tiempo se hace contra nosotros. Se trata de saber si tenemos un futuro como nación que cuenta en la construcción del devenir humano. O si prevalecerán las fuerzas que se empeñan en interrumpir nuestro proceso histórico de formación de un Estado-nación» (Paz e Terra, Rio de Janeiro 1993, p. 35).

Hay que reconocer que la actual sociedad brasileña ha conocido avances significativos bajo los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) y de sus aliados. Nunca había ocurrido antes, en las fases históricas hegemonizadas por las oligarquías tradicionales, que siempre detentaron el poder de Estado y nunca tuvieron un proyecto de nación, sino sólo un propósito corporativo de enriquecimiento ilimitado. Ahora, con un Estado post-democrático y de excepción, se está produciendo aceleradamente el desmonte de estas políticas, aumentando el sufrimiento del pueblo.

Nos estamos acercando a lo que Celso Furtado llamaba “pruebas cruciales”. Actualmente después del golpe de 2016, tal vez como nunca antes en nuestra historia, hemos alcanzado esta etapa crítica de las “pruebas”. Dada la aceleración de la historia, impulsada por la crisis sistémica mundial, nos vamos a ver forzados a tomar una decisión: o aprovechamos las oportunidades de este momento, reafirmando nuestra soberanía y garantizando nuestro futuro autónomo o las desperdiciamos y viviremos atados al destino decidido siempre por los que nos quieren condenar a ser sólo proveedores de productos in natura, y recolonizarnos de nuevo.

No podemos aceptar esta extraña división internacional del trabajo. Tenemos que retomar el sueño de algunos de nuestros mejores analistas, del nivel de Darcy Ribeiro, Luiz Gonzaga de Souza Lima, Celso Furtado y Jessé Souza, entre otros, que propusieron una reinvención o refundación de Brasil sobre bases nuestras, gestadas por nuestro ensayo civilizatorio tan enaltecido y reconocido mundialmente.

Este gran objetivo y deseo ha sido profundamente herido por el golpe parlamentario de 2016 que terminó con la Presidencia de Dilma Rousseff, elegida democráticamente. Este golpe fue a través del Parlamento, es decir “he conocido dos formas de golpe. Primero, el que impuso la dictadura militar, donde no había libertad de expresión ni de prensa, sino detenciones, torturas, asesinatos y exilio” y segundo este golpe parlementario”, precisó. Por detrás de él están las clases dominantes internacionalizadas que intentan imponer la agenda política de un neoliberalismo radical que les devuelva los privilegios históricos amenazados por las políticas sociales populares que sacaron de la miseria y de la invisibilidad a millones de brasileños pobres.

El sueño de una reinvención y refundación de Brasil no se puede perder, ni puede ser sepultado por la voracidad destructora de los dueños del tener, del poder y del saber. Su tiempo ya pasó. Ha crecido una nueva conciencia política, especialmente a partir de los movimientos sociales populares, que se cuentan por centenares. Allí siempre se plantea la cuestión: ¿Qué Brasil queremos? (cf. Boff, Concluir la refundación o prolongar la dependencia, 2018) ¿Cómo vamos a construirlo juntos? ¿Con qué fuerzas y aliados podemos contar para esa tarea gigante?

¿Podrán ser co-parteras de una ciudadanía nueva ―la co-ciudadanía y la ciudadanía ecológica y terrenal― que articule al ciudadano con el Estado, al ciudadano con el otro ciudadano, lo nacional con lo mundial, la ciudadanía brasileña con la ciudadanía planetaria, ayudando así a moldear el devenir humano? ¿O se harán cómplices de aquellas fuerzas que no están interesadas en la construcción del proyecto-Brasil, porque se proponen insertar a Brasil en el proyecto-mundo globalizado de forma subalterna y dependiente, con ventajas concedidas? Pues éste es el proyecto de los que dieron el golpe parlamentario, jurídico y mediático de 2016.

La actual crisis brasileña nos fuerza a decidir no qué partido apoyamos, sino de qué lado estaremos. La situación es urgente, pues como advertía con tristeza Celso Furtado: “todo apunta a la inviabilización del país como proyecto nacional” (op. cit 35). Pero no queremos aceptar como fatal esta grave advertencia.

Todavía hay tiempo en estas elecciones para cambios que pueden reorientar al país hacia su rumbo correcto, especialmente ahora que, con la crisis ecológica, se ha convertido en un peso decisivo para la balanza y el equilibrio buscado por el planeta Tierra. Es importante creer en nuestra misión planetaria.

Todo está reclamando una refundación de Brasil sobre otras bases, porque las vigentes son altamente antipueblo, destructivas de las personas, irrespetuosas con la naturaleza, espoliadoras de los bienes públicos, violadoras de la soberanía nacional y negadoras de un futuro mejor.

La elección de hoy y propuestas de los principales candidatos

Aunque la histórica polarización de “la izquierda contra la derecha” se mantiene, se observa que en estas elecciones la izquierda “esta más hacia la izquierda” y la derecha, también “esta mas a la derecha”.

Los candidatos que presentaron una visión moderada no han conseguido captar la preferencia electoral a la luz de lo que muestran las encuestas.

Las diversas encuestas electorales (XP, BTG, Datafolha y Pesquisas Paraná) señalan que la preferencia electoral por Fernando Haddad, mayoritariamente, esta en el elector de entre 16 y 24 años y con baja formación educacional (primaria completa e incompleta).

En la vereda opuesta, el elector de Jair Bolsonaro, mayoritariamente, entre 24 y 49 años, y su nivel educacional, de secundaria, completa e incompleta.

En los últimos días las mismas empresas encuestadoras, mostraron un importante crecimiento del candidato Bolsonaro, y llamó la atención que la mayor subida se dio en el voto femenino, que hasta ese momento, rechazaba la posibilidad del votar en un candidato machista y homofóbico.

Propuestas de ambos candidatos

Al margen de las tradicionales propuestas respecto a mejorar la salud y la educación, se observan claras diferencias en las propuestas respecto a la seguridad, la economía y las relaciones internacionales.

Fernando Haddad

-Convocar a una Asamblea Nacional Constituyente para proponer una reforma política e institucional
-Creación del Plan Nacional de reducción de Homicidios con mas control de armas y municiones
-Igualdad salarial para hombres y mujeres
-Aumento de la participación del estado en la economía
-Crear un marco regulatorio para para comunicación social electrónica y restringir la formación de grandes conglomerados de prensa
-Estatizar y fomentar la creación de empresas publicas para cuestiones estratégicas del país
-Reforzar y aumentar la participación de la UNASUR en America Latina
-Revocar por ley o por decreto presidencial la reforma constitucional del —Congelamiento del gasto publico para el gobierno no esté atado a restricciones para poner a funcionar el país (esta reforma constitucional, determinó que el gasto publico solo puede aumentar en relación al índice de inflación del año anterior y busca llegar al equilibrio fiscal en el 2021)
-Revocar por ley o por decreto presidencial la ultima reforma laboral para que la relación de empleados y empleadores pase por el filtro del sindicato (en esta reforma se retiro el poder de los sindicatos, se reglamento el trabajo temporario, por productividad, el trabajo en el domicilio y se consiguieron reducir el 80% de los juicios laborales)
-Recuperar el Pre- Sal en que la empresa Petrobras, deberá participar de todos los contratos e inversiones vinculadas a la exploración de petróleo por debajo de los 7.000 metros de profundidad (el Congreso Nacional, determinó por Ley que Petrobras no tuviera que hacer parte de todos los contratos de exploración de petróleo del Pre- Sal para posibilitar inversiones internacionales habida cuenta que Petrobras había quedado sin recursos para invertir luego de la Lava Jato)
-Aumentar el sueldo mínimo por arriba de la inflación para ayudar a los que gana menos a recuperar el poder adquisitivo
-Bajar los intereses y aumentar las líneas de crédito para poner a funcionar la economía

Jair Bolsonaro

-Combatir la violación sexual y la pedofilia
-Controlar el contenido del plan de enseñanza para evitar adoctrinamientos políticas de todo tipo de la enseñanza publica
-Reflotar la ley contra la corrupción de los 10 puntos, propuesta por el Ministerio Publico Federal (se trata de un proyecto de ley que impulsado por fiscales del Ministerio Publico Federal, junto dos millones de firmas pero que, cuando llego al Congreso, fue cambiado por los legisladores perdiendo el objetivo de la lucha contra la corrupción)
-Realizar las reformas educativas necesarias para que Brasil dirija sus esfuerzos sobre el modelo de educación de Corea del Sur
-Aumentar la inversión en Ciencia y Tecnología
-Abrir las fronteras de Brasil, disminuyendo las barreras arancelarias y paraarancelarias y propiciar nuevos acuerdos bilaterales
(esta afirmación nos lleva a suponer que Bolsonaro podría proponer una reducción en los acuerdos del Mercosur para posibilitar que Brasil pueda hacer acuerdos con otros países y bloques, sin depender de la aprobación de sus socios en el Mercosur.
-Hoy el Mercosur es una Unión Aduanera y por ello, no es posible que los socios negocien individualmente. O negocian acuerdos en bloque o no negocian.
-Retrotraer el Mercosur a una Zona de Libre Comercio, posibilitaría la independencia en la negociación de cada país con terceros, sin perder los beneficios comerciales firmados, intrabloque)
-Disminuir la cantidad de Ministerios (Brasil tiene 29 Ministerios en la actualidad)
-Privatizar el sector de Gas Natural
-Garantizar la estabilidad macroeconómica buscando el equilibrio fiscal en el primer año de gobierno y el superávit fiscal en el segundo año de gestión
-Privatizar, concesionar y vender activos públicos que no sean estratégicos o que agreguen valor para aplicar esos recursos para reducir la deuda pública y consecuentemente reducir los intereses de la deuda y de esta forma disponer de recursos para inversiones públicas
-Combatir la política económica comunista y socialista para instrumentar el libre mercado.