Por Martín Poblete

El fallo por mayoría, doce a favor tres en contra, de los jueces de la Corte Internacional de Justicia, acogiendo plenamente los argumentos de Chile, por tanto desestimando los de Bolivia,  marca una seria derrota para el presidente boliviano Evo Morales y  la parte del “establishment” político de ese país alineado con su gobierno.   El análisis detallado del fallo con su correspondiente evaluación, es materia de diplomáticos,  juristas, expertos en las respectivas cancillerías; en un marco mas amplio, corresponde hacerse cargo de la realidad para darle curso mas racional a las relaciones bilaterales.
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Sin perjuicio de las dificultades creadas por cinco años de obstrucciones bolivianas, alentadas por la retórica en ocasiones abusiva del Presidente Morales,   es hora de iniciar el camino de la búsqueda de estabilidad, solidez, en las relaciones entre ambos países.   El primer paso, lógico y necesario, es la normalización de las relaciones diplomáticas con el debido intercambio de embajadores, en este punto Chile ha quedado en impecable posición para tomar la iniciativa, debe hacerlo pronto, aprovechando la dinámica favorable creada por el fallo de la CIJ.
Las instalaciones portuarias chilenas en el norte continúan abiertas al flujo comercial boliviano, tanto de comercio bilateral, como al tránsito de mercaderías hacia y desde Bolivia, cuestión de darle un vistazo a las operaciones de la ZOFRI en Iquique.   El descuido con la mantención de los ferrocarriles tiene casi la totalidad de ese volumen comercial transportado por camiones.  Tanto el ferrocarril de Arica a La Paz como el de Antofagasta a Oruro necesitan urgente actualización de vías y obras, también del material rodante, a fin de permitirles transportar contenedores, asunto fundamental ahora debido a la ampliación del Canal de Panamá con una nueva generación de cargueros de gran tonelaje, los post-Panamax, de paso haciendo esos ferrocarriles financieramente viables; la mayor inversión en infraestructura ferroviaria está en el lado boliviano, Chile puede ayudar a  gestionar financiamiento internacional de largo plazo con tasas de interés convenientes, sin olvidarse de las necesarias readecuaciones portuarias.
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Chile tiene un puerto de aguas profundas, Mejillones, impecablemente ubicado, su primer cliente lógico es Bolivia, después vendría la extensión bioceánica.   Las ciudades, la empresas de la gran minería, en el norte chileno son obvios clientes para el gas natural boliviano comercializado a precios de mercado,  permitiéndole a Bolivia sacudirse la relación semi colonial en esta materia impuesta por Brasil, aceptada por los sucesivos gobiernos del señor Evo Morales.
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Es cuestión de generosidad, imaginación, espíritu visionario,al asumir la iniciativa en crear nuevo marco de referencias a las relaciones con Bolivia, si hacemos las cosas bien ambas partes serán ganadoras.