Foto de Portada

Para que hacer tanto escándalo cuando algunas  veces, para peor, la Cámara está prácticamente vacía como se aprecia en la foto de portada 

Por Walter Krohne

Si el diputado UDI Ignacio Urrutia  deberá pagar una multa de 637.000 pesos por sus dichos “terroristas con aguinaldo”, suma que equivale al 7% de su dieta bruta, su sueldo sería entonces de 9,1 millones de pesos que recibe mes a mes  por decir generalmente “barbaridades” al borde de la tontería, es decir 33,7 salarios mínimos.

Es lo mismo que reciben cada 30 días otros llamados “parlamentarios” como Pamela Jiles, Florcita Motuda, Camila Vallejo, Carol Cariola o Hugo Gutiérrez, por mencionar algunos ejemplos y profundizar  un poco más en la calidad de nuestros “representantes del pueblo” en el Poder Legislativo. Para que hablar del Senado.

La Comisión de Ética de la Cámara de Diputados sancionó al diputado UDI Urrutia con la máxima pena por sus insultos en contra de las víctimas de violaciones a los derechos humanos, pero además debería haberlo multado también por todas las otras tonterías que dice y hace (escándalos en el hemiciclo etc).

El 19 de abril, en la sesión por el retiro del proyecto de entrega de un bono para las víctimas de la dictadura, el parlamentario celebró la moción calificando a las víctimas de la dictadura de Pinochet como “terroristas con aguinaldo”.

De hecho, ese mismo día la diputada Pamela Jiles fue a increparlo a su asiento, lugar donde también forcejearon. ¿Fue Pamela Jiles también castigada?

El presidente de la comisión, el RN Bernardo Berger explicó a Emol.com que se “ha resuelto aplicar la máxima sanción de acuerdo al reglamento interno que existe en la Cámara y en forma unánime se decidió aplicar la sanción de censura y también en forma anexa de un 7% de su dieta bruta mensual”.

Es cierto que no está bien lo que dijo el diputado Urrutia, pero tampoco estuvo bien la actitud y acción de Jiles de intentar castigar personalmente a golpes al diputado infractor en el hemiciclo. Es el hecho y la imagen que dejan estos actos y decisiones de castigo que no conducen a nada y no son tampoco buenas para el país ni para la democracia.

En otras palabras uno llega a conclusiones tremendamente negativas frente al Congreso Nacional, cuyos integrantes en su conjunto tienen un apoyo bajísimo en las encuestas.

En esta forma y por este camino, la tarea de los diputados y senadores, que parece ser importante se transforma en un poder estatal que termina siendo un lastre económico con discusiones sin valor ni sentido y con la mayoría de las leyes mal hechas y aprobadas “a la rápida”.

Agregado a lo anterior, basta con mencionar el escándalo reciente en torno al abogado constitucionalista Jaime Bassa, quien fue invitado a disertar a una comisión de la Cámara lo que hizo sin chaqueta y solo en mangas de camisa. El invitado con varios doctorados,  magisters y otros títulos académicos en el cuerpo y en su cabeza y con un nivel mundial que no significaron nada para los diputados, de ellos había algunos que lograron llegar a la Cámara, no por ser inteligentes sino por vivos, suerte o  por cesantía o no tener nada mejor  que hacer en la vida que ir a sentarse a la Cámara a escuchar discursos, reírse de los demás y a pasarlo entretenido. Estos diputados armaron un escándalo de proporciones que se hizo público y por el sólo hecho de que “el invitado con nivel de sabio” estaba en mangas de camisa y sin corbata.

Esto ocurrió el pasado 10 de julio cuando Bassa recibió el reproche de algunos legisladores por su vestimenta, lo que algunos diputados lo consideraron como una “falta de respeto”, pero la verdad que el respeto se gana y estos diputados creen que protestando por la vestimenta que lleva un determinado invitado es ganarse ese respeto. “Es que es una falta grave al respeto a un poder del Estado”, opinó uno. Una declaración más ridícula que esa no la había escuchado todavía en este desprestigiado mundo político chileno.

La situación causo gran incomodidad  y polémica, no solamente entre quienes asistían a una reunión de la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara de Diputados en la cual se continuó con la discusión del proyecto que modifica la ley orgánica constitucional sobre bases generales de la administración del Estado- sin corbata.

En el momento en que el jurista se disponía a comenzar su exposición, fue interrumpido, generándose el debate en torno a su vestimenta, el cual se extendió por varios minutos. Estuvo entretenido comentó después uno de los presentes en la sala, aunque del proyecto se habló poquito.

El primero en manifestar su “incomodidad” ante el invitado sin chaqueta y sin corbata, pese a sus credenciales académicas, fue el diputado José Pérez (PRSD), quien le recomendó a Bassa “que en lo sucesivo venga con chaqueta como corresponde. Merece cierto respeto esta comisión, de tal manera que yo me siento molesto e incómodo de que venga así tan suelto de cuerpo”.

Agradeciendo la concurrencia, pero sumándose a las palabras de Pérez, Osvaldo Urrutia (UDI) sostuvo que no le pediría corbata al abogado, sí chaqueta, pues aquello “constituye una verdadera falta de respeto a los que nos esforzamos por venir vestidos adecuadamente a las sesiones, independientemente a lo que usted le guste. Aquí estamos en un poder del Estado y merecemos cierto respeto y dignidad”.

El respaldo llegó desde el sitio del diputado RD Jorge Brito, quien primero que todo hizo presente que el reglamento existente corre sólo para los parlamentarios, no para los invitados. En su segunda intervención, además, pidió al presidente de la Comisión que diera la oportunidad a Bassa para que expusiera sobre su experiencia, lo que era, a su juicio, “mucho más relevante para la tramitación de la ley en discusión”.

En el mismo sentido, Jaime Tohá (PS) manifestó que de acuerdo a su experiencia “es absolutamente natural que invitados a las comisiones vengan en manga de camisas e incluso con tenidas mucho más informales. Yo no sé si a los pescadores artesanales les vamos a pedir que vengan vestidos con terno y corbata, y no veo porqué habría que hacer una diferenciación entre la Comisión de Defensa, Pesca o Agricultura. Los patrones son los mismos para todos. Yo personalmente le pido excusas al señor Bassa por este desgraciado hecho que a mi juicio no tiene ninguna justificación”.

Por su parte, Marcelo Schilling (PS), expresó que lo que más le molesta es que “cada vez que se presenta un proyecto de ley originado en una moción que a algunos parlamentarios no les gusta, se buscan múltiples maneras de dilatar el debate y la votación”.

El principal aludido, en tanto, se limitó a informarles a los parlamentarios que él es abogado de la Pontificia Universidad Católica de Chile, doctor en Derecho de la Universidad de Barcelona, magister en Derecho de la Universidad de Chile, magister en Filosofía, profesor universitario hace 18 años y que asiste a comisiones parlamentarias  desde la primera administración del Presidente Sebastián Piñera.

Junto con ello, les preguntó a los interesados si era necesario que se pusiera la chaqueta, puesto que sólo se la había quitado “para poder trabajar de forma más cómoda aquí con ustedes”, dirigiéndose al presidente de la Comisión, Manuel Matta.

Y con tanto discusión insulsa, muy poco intelectual e interesante y menos constructiva para el país se acabó la sesión sin casi tocarse el tema central sobre la ley orgánica constitucional.

Que pena para Chile. Que pena para los electores que votaron por esos diputados y que derroche por el pago de dietas a malos diputados, dinero que sale del erario nacional y que, por estos pagos excesivos e inútiles, llamados derroches,  disminuye cada día más, lo que impide resolver o intentar  hacerlo los graves problemas sociales como la pobreza, educacionales y de la salud que afectan a los chilenos directamente.

Vamos tomando nota para la próxima elección, amigos electores.