La paz sigue estando lejos de Nicaragua tras cumplirse ya tres meses desde el estallido masivo nacional contra el régimen de Daniel Ortega. En 12 semanas han muerto al menos 350 personas y más de 2000 han resultado heridas, según cifras de organizaciones de derechos humanos no gubernamentales.

En las noticias sobre Nicaragua es común leer o escuchar que la cifra de muertes dobla a las ocurridas en Venezuela durante los 4 meses de protestas en 2017 contra el régimen de Nicolás Maduro. El Gobierno de Ortega solo reconoce un poco menos de 50 fallecidos.

A un diálogo, auspiciado por la Iglesia y la sociedad civil, que nunca empezó le ha seguido un látigo de represión propio de las peores dictaduras. Al día de hoy grupos de policías y paramilitares se encargan de sembrar terror y acabar con cualquier intención civil de expresar el descontento con la situación del país. El resultado ha sido un baño de sangre, mientras el clamor por justicia parece no llegar a quienes tienen que escucharlo.

El régimen de Daniel Ortega tomó este martes el control de la ciudad de Masaya tras un intenso bombardeo de más de 7 horas, realizado sobre la comunidad indígena de Monimbó, y que dejó al menos tres muertos.

La Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH) confirmó la muerte de al menos tres personas durante el ataque: un policía, un menor de 15 años, y una mujer que estaba en la acera de su casa.

“Usaron armas de alto calibre y una cantidad desproporcionada de fuerzas sobre un pueblo desarmado, que sólo respondía con huleras (hondas), piedras y morteros (bombas caseras)”, dijo Alvaro Leiva, director de la ANPDH, tras comentar que la mayoría de manifestantes tuvo que replegarse hacia refugios o escapar hacia otras comunidades vecinas a Masaya.

Indicó que la ANPDH registra además más de 40 capturas ilegales y una cantidad no precisada de heridos, que no pueden ser evacuados porque el único hospital de la ciudad “está totalmente controlado por paramilitares”.

La ANPDH asegura que no es posible ingresar a la ciudad, cercada por las “fuerzas combinadas” del régimen nicaragüense, integrada por policías, antimotines, parapolicías, paramilitares y grupos afines a Daniel Ortega fuertemente armados.

Monimbó, cuya población únicamente se defendió con morteros caseros, era una de las comunidades que mayor resistencia había opuesto a Ortega desde el estallido social de abril, que ha cobrado más de 351 vidas.

“Masaya no te derrotaron ni caíste, cobardes armados que se sienten orgullosos de asesinar inocentes te asediaron por dos meses, solo fue una batalla porque la guerra y la libertad la ganará Nicaragua. Gracias por ser el corazón de Nicaragua”, dijo en sus redes sociales un habitante monimboseño tras el ataque.

De manera simultánea los simpatizantes de Ortega celebraron el ataque y agradecieron a la Policía nicaragüense.

El ataque ocurrió un día después de que el jefe de la “Operación Limpieza” en Masaya, Ramón Avellán, afirmó que cumplirían las órdenes de Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo, “al costo que sea”.

“La voz de nuestro presidente y la vicepresidenta, de ir limpiando estos tranques (bloqueos) a nivel nacional, y esa petición de la población de Monimbó, que es nuestro Monimbó, que sigue siendo nuestro, y nuestra Masaya, vamos a cumplirla al costo que sea”, afirmó Avellán, a través de medios del Gobierno.

Avellán cumplió su palabra a pesar de los llamados de las organizaciones humanitarias locales, de la Unión Europea, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), del nuncio apostólico Stanislaw Waldemar Sommertag, del cardenal Leopoldo Brenes, entre otros, para que detuviera el ataque.

“El pueblo de Monimbó y Masaya han sido masacrados”, dijo un miembro del Movimiento 19 de Abril Masaya, en mensaje de audio.

Masaya, y en especial Monimbó, fue clave en derrocar a la dictadura de Anastasio Somoza Debayle el 19 de julio de 1979, y Ortega atacó a este pueblo indígena “por temor a que le ocurriera lo mismo en la misma fecha”, afirmó la presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), Vilma Núñez.

La CIDH y la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (Acnudh) han responsabilizado al Gobierno de Nicaragua por “asesinatos, ejecuciones extrajudiciales, malos tratos, posibles actos de tortura y detenciones arbitrarias cometidos en contra de la población mayoritariamente joven del país”, lo cual ha negado.

Nicaragua atraviesa la crisis sociopolítica más sangrienta desde la década de los años de 1980, también con Ortega siendo presidente.

Las protestas contra Ortega se iniciaron el 18 de abril, por unas fallidas reformas a la seguridad social y se convirtieron en un reclamo que pide la renuncia del mandatario, después de once años en el poder, con acusaciones de abuso y corrupción en su contra

La tragedia desde abril: Una Cronología

16 de abril: el Instituto Nicaragüense de Seguro Social (INSS) anuncia la polémica que aplicaba aumentos en las cargas a los trabajadores y empleadores. Según las autoridades, el objetivo de la reforma era el de “garantizar la sostenibilidad financiera de la institución”, que tiene un déficit mayor a los 75 millones de dólares.

18 de abril: las reformas aparecen publicadas en Gaceta Oficial. Comienzan las protestas en Managua, con enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad. Se reportan agresiones a manifestantes y periodistas.

22 de abril: Ortega revoca la reforma a la Seguridad Social y dijo que la “mesa queda limpia” para comenzar a abordar el tema con empleadores y trabajadores. Se producen los primeros saqueos en Managua.

23 de abril: el sector privado hace la primera convocatoria a una marcha en Managua.

24 de abril: una marcha multitudinaria en Managua pide la salida de Daniel Ortega de la Presidencia. Daniel Ortega invita a la Conferencia Episcopal de Nicaragua a ser mediadora en el diálogo.

26 de abril: la Comisión Permanente de Derechos Humanos de Nicaragua contabiliza 63 muertos y 15 desaparecidos durante las protestas.

28 de abril: se realiza una segunda marcha multitudinaria en Managua y en varias ciudades del país en contra del Gobierno. Las consignas ya dejan de ser referirse solo a la reforma y ahora exigen democracia y una reforma electoral.

9 de mayo: se realiza una tercera marcha masiva en contra del Gobierno, cuyos simpatizantes también llevaron a cabo una contramarcha en Managua.

11 de mayo: el Gobierno dice que está listo para un diálogo nacional con la sociedad civil y la mediación de la Iglesia Católica.

12 de mayo: se producen fuertes enfrentamientos entre manifestantes y policías en la ciudad de Masaya. Según las versiones de prensa, la policía es apoyada por grupos afines a Ortega. Hay saqueos, incendios y la ciudad se envuelve en el caos.

– El Ejército hace un llamado a que cese la violencia en un comunicado en el que con letras mayúsculas y en negrillas dijo “somos el pueblo mismo uniformado, trabajando en su propio beneficio”.

14 de mayo: la Iglesia Católica anuncia que el diálogo comenzará el miércoles 16 de mayo.

– El Gobierno de Ortega acepta que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) vaya a Nicaragua a evaluar la situación de los Derechos Humanos.

16 de mayo: inicia el diálogo entre el Gobierno, la sociedad civil y sector privado de Nicaragua, en la sede del Seminario Nacional Nuestra Señora de Fátima en Managua.

21 de mayo: CIDH denuncia grave violación de DDHH y 76 muertos en Nicaragua.

23 de mayo: Suspenden el diálogo nacional en Nicaragua ante falta de consenso.

29 de mayo: Amnistía culpa a Ortega de una represión “letal” y eleva a 83 los muertos.

30 de mayo: Durante una marcha por el Día de las Madre s en la que participaban madres de los fallecidos en las protestas, se produjo un tiroteo, presuntamente provocado por afectos a Daniel Ortega, que dejó un saldo de 7 muertos en Managua.

31 de mayo: el Ejército de Nicaragua niega estar involucrado en enfrentamientos.

– El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos presenta un informe sobre la crisis en el que registra 108 muertos en el país.

1 de Junio: La CIDH alerta de una “nueva etapa de represión” en Nicaragua, con posibles ejecuciones extrajudiciales a manos de francotiradores, en algunas zonas del país.

5 de junio: La Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) aprobó este martes una declaración para pedir el “cese inmediato” de la violencia en Nicaragua, aunque no dirigió esa petición al Gobierno del presidente Daniel Ortega.

6 de junio: Habitantes de varias poblaciones instalaron barricadas en las entradas y caminos rurales para frenar los ataques de policías y fuerzas “parapoliciales”.

9 de junio: Un grupo de estudiantes que se mantenía atrincherado desde el 19 de abril en la Universidad Politécnica de Nicaragua (UPOLI) abandonó el campus, para manifestarse en las calles contra el presidente Daniel Ortega y su esposa, la vicepresidenta Rosario Murillo.

10 de junio: Se triplican los bloqueos en las ciudades de Nicaragua tras las denuncias de ataques policiales. De unos 40 bloqueos que había el número creció a 126.

15 de junio: Se reanuda el diálogo sin la presencia de Ortega.

– La Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH) presenta informe en el que reporta unos 200 muertos por la represión en Nicaragua, a lo que se suman más de 1000 heridos y 80 desaparecidos.

23 de junio: Una mujer murió en la ciudad de Masaya de un disparo durante un ataque de las “fuerzas combinadas” del Gobierno, lo que elevó a seis las víctimas registradas en 24 horas en el marco de la crisis.

24 de junio: Un bebé de año y medio murió de un tiro en la cabeza en medio de las protestas.

3 de julio: La Asociación Nicaragüense Pro Derechos Humanos (ANPDH, independiente) elevó hoy a 309 la cifra de muertos en el país en menos de tres meses.

5 de julio: EEUU sanciona a tres altos cargos nicaragüenses cercanos a Ortega.

7 y 8 de julio: 12 personas murieron en esos dos días como resultado de violentos ataques de fuerzas paramilitares contra manifestantes civiles opositores al Gobierno en por lo menos cuatro localidades del país.

– Un militar retirado afirma que las fuerzas de Ortega están atacando a la población con lanzacohetes rusos.

– Ortega se refirió por primera vez a los opositores como “asesinos” y “terroristas”.

– En Diriamba (sur) activistas del Gobierno agredieron a golpes a un grupo de obispos, sacerdotes y al nuncio apostólico en el país, el polaco Waldemar Sommertag.

9 de julio: Turbas sandinistas y paramilitares con el rostro cubierto provocaron el caos al ingresar por la fuerza a la Basílica San Sebastián, en Carazo, donde agredieron a obispos, sacerdotes, periodistas y defensores de derechos humanos.

12 de julio: Miles de nicaragüenses protestaron en Managua en contra de Daniel Ortega, en la marcha bajo la consigna “Juntos somos un volcán”.

13 de julio: Siete países de la OEA presentan resolución con calendario electoral para Nicaragua.

14 de julio: Un ataque armado contra estudiantes en una iglesia en Managua dejó dos muertos y dos heridos. Los estudiantes, junto a periodistas y religiosos permanecieron 16 horas encerrados en el templo bajo el asedio de los grupos paramilitares.

15 de julio: Al menos diez personas, entre ellos cuatro policías y una niña, murieron en varias ciudades de Nicaragua durante operativos de paramilitares contra manifestantes atrincherados en barrios y carreteras, aseguró un organismo de derechos humanos independiente.

16 de julio: Dos leyes contra el terrorismo y el lavado de dinero, que imponen penas de 15 a 20 años de prisión, fueron aprobadas. “Son leyes de espionaje financiero, para controlar todos los movimientos de capital en el país”, dijo el político opositor y ex vicecanciller liberal José Pallais.

– Gobiernos latinoamericanos condenaron la represión y violación de derechos humanos en Nicaragua, durante la cumbre de cancilleres de la Comunidad de Estados Americanos y del Caribe (CELAC) y la Unión Europea.

– Junto a obispos y sacerdotes, conocidas figuras de la sociedad civil, empresarios, periodistas y dirigentes políticos ligados al sandinismo disidente comenzaron a ser señaladas esta semana como “golpistas” y sus rostros circulan en videos anónimos amenazantes.