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El ministro de la vivienda, Cristián Monckeberg, escucha las explicaciones sobre el proyecto habitacional de viviendas sociales en Las Condes que impulsa su alcalde Joaquín Lavín.

Por Enrique Fernández

Cuando los vecinos de la Rotonda Atenas se rebelaron contra el alcalde de Las Condes y manifestaron su desacuerdo con un proyecto de viviendas sociales, exhibieron su verdadero rostro. O mejor dicho, mostraron la hilacha.

Mostrar la hilacha, según los buenos diccionarios que usted puede encontrar en las mejores librerías, es “revelar los defectos ocultos” que uno tiene. La hilacha de los vecinos de Las Condes es su clasismo o aporofobia, que es la aversión por la gente pobre.

“Yo no tengo problemas con la gente, pero el problema es qué tipo de gente va a venir. Por lo que se dice, hasta de La Pintana vienen”, aseguró un vecino, durante el “cacerolazo” que congregó a un grupo de residentes para protestar contra el alcalde Joaquín Lavín. El edil negó horas después que esa sea la intención, porque el edificio de 85 departamentos que quiere construir será ocupado por habitantes de Las Condes, gente de clase media como quien dice.

Mostrar la hilacha también es dejar que a uno se le escape la falta de cultura y en el momento menos pensado se asome ese flaite que lleva adentro. Otro vecino, por ejemplo, afirmó que el “cacerolazo” del domingo fue “un éxito, para ser el primer manifiesto”. No dijo “manifestación” sino manifiesto. Olvidó esa canción de Chito Faró que dice que en el pueblito que se llama Las Condes quieren de verdad “al amigo cuando es forastero”. Pero en este caso, suponiendo que la gente nueva venga de La Pintana, el vecino entregó sus razones:

“No le puedes modificar su forma de vivir, sus hábitos, sus costumbres, ¿me entiendes tú?”

“Se van a apoderar de las calles, vamos a tener ropas tendidas por todos lados”, agregó.

“Yo no cuelgo la ropa en las barandas de la casa donde hoy vivo allegada, entonces ¿por qué tendría que hacerlo en mi casa propia?”, le respondió Andrea Molina, una residente de Las Condes que vive allegada en casa de su madre.

“Dicen que somos unos rotos, unos delincuentes”,  agregó, en declaraciones al vespertino  La Segunda, donde defendió su derecho a postular para adquirir uno de los departamentos del futuro edificio.

Los que ahora muestran la hilacha no recuerdan o no saben que muchos habitantes de La Pintana hace 35 años…¡eran habitantes de las Condes! La historia quiso que Chile cayera en manos de una dictadura militar. Y la naturaleza quiso que en junio de 1982 se desbordara el río Mapocho, anegando modestas viviendas de una zona marginal de esta comuna del barrio alto. La autoridad dictatorial erradicó entonces por la fuerza a miles de familias en extrema pobreza y se las llevó a los terrenos del fundo El Castillo, que el Servicio de Vivienda y Urbanismo adquirió a buen precio.

Así surgieron las poblaciones “El Castillo”, “Santo Tomás” y otras que hasta comienzos de los años 80 fueron fértiles tierras de cultivos agrícolas a lo largo de la avenida Santa Rosa, al sur de Santiago. Cuando en 1983 estallaron las protestas sociales en medio de la crisis económica y un desempleo que superaba el 35%, el régimen militar supo donde tenía que intensificar la represión: en la zona sur de Santiago.

Si hoy esos suburbios son escenarios del tráfico de drogas, tiroteos y delincuencia  organizada se lo deben, en gran medida, a la comuna de Las Condes que expulsó a quienes consideró “personas non gratas”. Es la misma comuna que a mediados de 2017 vio con satisfacción cómo desaparecía bajo las retroexcavadoras el último de los 27 edificios de la Villa San Luis (foto izquierda), un proyecto de inclusión social que impulsó el presidente Salvador Allende, antes de ser depuesto por los militares en 1973.

Como la protesta de la rotonda contra el alcalde Lavín fue la noche del domingo, el joven periodista Jorge Ortiz, del canal 13 de la televisión, quiso ir a la mañana siguiente al lugar de los hechos, para reportear el tema y enviar un despacho al matinal. Deseoso de preparar un buen reportaje, publicó el siguiente mensaje en su cuenta de Facebook”:

“Soy Jorge Ortiz, periodista de Bienvenidos, Canal 13. Hoy estuve en terreno recolectando testimonios en contra de la creación de las viviendas. Mañana en la mañana, aproximadamente a las 09:10-09:15 estaremos de nuevo en vivo. Lo ideal es que asista la mayor cantidad de gente posible y que se atreven a hablar en vivo con el periodista, para que la municipalidad haga algo”.

Esta es otra manera de mostrar la hilacha, porque nuestro joven colega no planeaba un reportaje objetivo, sino que buscaba testimonios para apoyar a los manifestantes y cuestionar al alcalde. ¿Y en qué universidad le enseñaron que un periodista tiene este tipo de atribuciones? Como el asunto era demasiado burdo, el reportero ofreció disculpas en su cuenta de Facebook.

Porque es preferible reconocer a tiempo un error que revelar “los defectos ocultos” que uno tiene, según el diccionario que define las hilachas.