Por Walter Krohne

No ha sido sólo el tema de los emigrantes lo que ha puesto en duda la conciencia del Mandatario frente a seres humanos necesitados y hambrientos. El fue capaz de separar a los padres de sus hijos en la frontera entre EE UU y México y, además de detener y encarcelar a los adultos que buscaban un trabajo digno y un nuevo comienzo, también encerró en jaulas a los niños que lloraron desconsolados por varias horas y hasta días “en cárceles infantiles” improvisadas.

Hoy la imagen de uno de los personaje políticos más peligrosos y controvertidos de los últimos tiempos, como es Donald Trump, empeora porque cada día se van conociendo nuevos antecedentes de sus mentiras y maniobras frustradas, como, por ejemplo, el haberle planteado a un grupo de sus asesores la idea de invadir militarmente a  Venezuela para remover a Nicolás Maduro del poder, sin medir para nada  las consecuencias que esto podría llegar a tener en la población civil, además de los efectos políticos.

Es cierto que el régimen de Nicolás Maduro puede ser descrito como una larga pesadilla o  dictadura  miserable  que tiene a una población cautiva que además se está muriendo de hambre, en el marco de una revolución que en el mundo solamente es defendida por un par de partidos comunistas, aparte de Cuba, Nicaragua, quizá Ecuador  y pequeños islas caribeñas.

La Asociated Press (AP), una de las agencias noticiosas más cotizadas y respetables del mundo por su seriedad informativa, dijo que un alto funcionario que habría estado presente en una reunión del salón oval de la Casa Blanca, en agosto del año pasado, reveló que Trump consultó al ex secretario de Estado, Rex Tillerson, y al ex asesor de seguridad, Herbert Raymond McMaster, sobre una eventual invasión a Venezuela.

“Con una Venezuela que se desenreda rápidamente amenazando la seguridad regional, ¿Por qué los Estados Unidos simplemente no puede invadir a un país con problemas?”, habría preguntado Trump a sus asesores.

Tillerson y McMaster le explicaron al presidente que una acción militar sería contraproducente para Estados Unidos, pues afectaría a los lazos creados con la mayor parte de los gobiernos de América Latina. Los funcionarios argumentaron que la mayor parte de los gobiernos de la región considera a Maduro como un dictador, por lo que un ataque militar sería contraproducente a la estrategia diplomática de Estados Unidos.

Según la versión de la AP, Trump no quedó conforme con esta explicación, incluso contraargumentó que algunas intervenciones militares de Estados Unidos en el Caribe y Centroamérica habían sido exitosas, mencionando los casos de Granada y Panamá en la década de los 80′, en una época en que la situación de dichos países era totalmente diferente a la de hoy como también lo era el escenario regional. Su reacción fue aceptada por el desconocimiento  en materia de política internacional demostrado por el Mandatario en distintas oportunidades

Semanas después de esa reunión, el mandatario estadounidense conversó sobre el tema de una posible intervención en Venezuela con el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos. La información fue confirmada por dos militares de alto rango de Colombia, aunque no se precisaron más detalles.

Trump habría planteado el tema en una reunión con cuatro líderes latinoamericanos, incluido Santos, en paralelo a la Asamblea de Naciones Unidas de septiembre de 2017. El estadounidense les comentó que sus asesores le habían pedido no hablar públicamente sobre una invasión a Venezuela, pero que igualmente quería conversarlo con ellos.

La idea sigue preocupando a los servicios de inteligencia regionales y fuera de América Latina, pero ciertamente la situación en Washington ha cambiado: Tillerson y McMaster están fuera de la Casa Blanca, habiendo sido reemplazados por Mike Pompeo y John Bolton. Sin embargo, esto no significa que la idea de Trump no siga presente en su mente esperando, para materializarla, un encuentro con interlocutores más dóciles pero más y violentistas como parece ser él.

Como se esperaba, Estados Unidos negó que el Gobierno del presidente Donald Trump buscara planear una invasión militar en Venezuela en 2017, pero reconoció que la opción sigue sobre la mesa. “Una propuesta rechazada por todos los líderes políticos de América Latina, empezando por el presidente de Colombia, Juan Manuel Santos”, apunta el sociólogo Trino Márquez, uno de los pocos analistas que siguen en Venezuela haciéndole frente “al colapso nacional”.

“Y es lógico que la mayoría de líderes políticos de América Latina hubiera rechazado el presunto o real plan intervencionista de Trump, por muchas razones”, agrega Márquez, director del taller de ideas CEDICE.

Por otra parte, “ha sido importante que el presidente Juan Manuel Santos, de Colombia, le haya pedido al vicepresidente Mike Pence, de Estados Unidos, durante su visita a Colombia el 13 de agosto de 2017, ‘no contemplar una intervención militar en Venezuela, ya que América es un continente de Paz y es mejor mantenerlo así'”, reiteró Márquez.

¿Dónde y cuándo una intervención militar ha logrado una democracia estable?

Según Washington, una intervención sería “una herramienta  para ayudar al pueblo” venezolano a “recuperar la democracia, la estabilidad y la prosperidad”. El Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca omitió empero dar la lista de países a los cuales el intervencionismo de Estados Unidos llevó democracia, estabilidad y  prosperidad.

Afganistán, Irak, Libia. La historia mundial está plagada de malos ejemplos de cómo las intervenciones militares no han propiciado ninguna democracia. Para no ir más lejos, América Latina ha sido el escenario por excelencia de las intervenciones militares para “ayudar al pueblo”.

“Un país como el nuestro”, advierte la vicepresidenta de la República Dominicana, Margarita Cedeño, en un editorial del Listin Diario, “que ha sido intervenido dos veces en su historia por fuerzas militares norteamericanas, conoce bien las consecuencias del intervencionismo en América Latina y el Caribe. Las experiencias de 1916-1924 y la breve pesadilla de 1965, son muestras suficientes de los resultados de una política militar intervencionista de los Estados Unidos en suelo latinoamericano”.

El sociólogo Trino Márquez, de CEDICE, señaló a la Deutsche Welle que lo  que sí debe hacerse desde afuera es “mantener las sanciones a los integrantes corruptos y violadores de los derechos humanos del régimen de Maduro y aumentar la presión sobre las materias primas que se tienen que importar porque Venezuela acabó con su producción nacional”. Pero eso no es todo. Para Márquez “las críticas de Naciones Unidas al régimen de Maduro deberían ser más contundentes, porque Venezuela es el país de América Latina con la mayor cantidad de presos políticos”.

En vez de divagar con intervenciones militares, el profesor Trino Márquez pide a la comunidad internacional “un plan de solidaridad con los miles de venezolanos que están abandonando el país, hasta a pie, y que llegan en condiciones precarias a Colombia, Brasil, Ecuador o Perú”.

Una intervención militar extranjera en Venezuela sería “sangrienta”, porque “Maduro se apoya en Fuerzas Militares extremistas dispuestas a matar y a hacerse matar”, advirtió el profesor Márquez.