Imagen por satélite tomada el pasado 23 de abril que muestra el centro de pruebas nucleares norcoreano de Punggye-ri. Las fotos disponibles son de agencias internacionales como AP y Reuter.

Por Walter Krohne

Justo el día en que Corea del Norte habría hecho derrumbar los túneles de su centro de pruebas nucleares de Punggye-ri, al noreste del país, como informaron los medios internacionales invitados a presenciar las explosiones, el presidente norcoreano, Kim Jong un,  recibe la carta de su colega estadounidense Donald Trump sobre la suspensión de la cumbre entre ambos que estaba proyectada para el 12 de junio en Singapur.

“La cumbre, para el bien de ambas partes, pero en detrimento del mundo, no tendrá lugar”, afirmó  unilateralmente Trump en la misiva dirigida al líder norcoreano.

Kim Jong-un, con esta destrucción, cumplía las  promesas de desmantelar la base y trabajar por la “total desnuclearización” de la península, realizadas tras la histórica cumbre con Moon Jae-in, su homólogo del sur.

La decisión de EE UU ahora es una nueva “irresponsabilidad o arrebato del cowboy de la Casa Blanca” o son nuevos consejos de su yerno judío?, comentaron analistas internacionales. Su yerno Jared Kushner es en estos momentos el treintañero más poderoso del mundo: un millonario de 36 años y voz suave que es descrito como la mano derecha del presidente de Estados Unidos. Es el marido de Ivanka, la hija más conocida de Donald Trump, y tuvo una gran influencia en la campaña de su suegro, incluidas la estrategia digital y la contratación de personas para puestos importantes.

Pero no sólo él, sino también John Bolton, su asesor de Seguridad Nacional, y Mike Pompeo, ex director de la CIA y hoy flamante secretario de Estado o el omnipotente lobby sionista AIPAC  (Comité de Asuntos Públicos de Israel en Estados Unidos) …..¿Qué está pasando por la cabeza de estos personajes y poderes? ¿Para quién o quiénes trabajan?

Los reporteros surcoreanos informaron que las detonaciones en territorio norcoreano comenzaron a las 11.00 hora local (02.00 GMT) en el llamado entramado Norte de galerías y han continuado por unas tres horas después en los circuitos Oeste y Sur (la red Este se cree que ya quedó inutilizada tras la primera prueba nuclear norcoreana de 2006). Más tarde se ha procedido a destruir, también con explosiones, barracas y otras instalaciones situadas en Punggye-ri, se comentó en Seúl, la capital surcoreana.

Debido a la zona remota en la que se encuentra el complejo, los periodistas han podido publicar fotos de esta destrucción horas después (como es la foto de la portada).

Los testigos no pudieron afirmar o confirmar si el líder norcoreano, Kim Jong-un, asistió a la destrucción de las galerías de Punggye-ri. Los periodistas surcoreanos se han contado entre la veintena de reporteros de medios de cinco países (China, Corea del Sur, EEUU, Reino Unido y Rusia) invitados a presenciar el desmantelamiento.

Desde Punggye-ri , el régimen de Pyongyang ha realizado seis pruebas nucleares en 2006, 2009, 2013, 2016 (en dos ocasiones) y la última y más potente en septiembre de 2017, cuando la detonación se cree que alcanzó un cuarto de megatón (unas 250 veces más potente que la primera explosión de 2006 y 15 veces más que la bomba de Hiroshima en Japón en agosto de 1945).

Esta operación se interpreta como un gesto de Corea del Norte para demostrar su voluntad real de abandonar su programa atómico, pero el pago de Trump ha sido miserable, sucio y falso y tremendamente riesgoso para la paz mundial.

La cumbre suspendida

La Casa Blanca informó este jueves que el presidente  Trump había cancelado la cumbre programada para el 12 de junio en Singapur con el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, citando una carta enviada por el Mandatario a su colega Kim. Trump asegura que estaba deseando que tuviera lugar el encuentro, pero justificó su decisión en el “enorme enfado y la abierta hostilidad” que se derivan de los últimos comunicados de Pyongyang.

Por ese motivo, el mandatario considera “inapropiado en este momento celebrar este encuentro planeado durante mucho tiempo”. Sin embargo, Trump invitó Kim a concertar un nuevo encuentro. “Si cambias de opinión en lo que respecta a esta cumbre de la mayor importancia, por favor no dudes en llamarme o escribirme”.

Este es el juego que está haciendo Trump desde hace meses: Agravar las situaciones o amenazas para llegar al borde mismo de una crisis profunda y hasta peligrosamente bélica, para así  debilitar a su contendor y luego proceder a lograr un acuerdo forzado como el quiere (América primero) y bajo sus condiciones. Lo mismo está haciendo con Irán tras la retirada de EE UU del acuerdo nuclear con el Gobierno de Teherán.

Lo que hace Trump no es política dentro de un sistema diplomático internacional, sino que utiliza simplemente una táctica bandolera extrema.

Trump le escribe a Kim en su carta que ”había sentido que se estaba gestando un maravilloso diálogo entre los dos”.

Sin embargo,  el mismo Trump ya había puesto en duda el pasado martes la celebración de la cumbre en la fecha prevista, abriendo la puerta a que se celebrara en un momento posterior, como dijo antes de reunirse con el presidente surcoreano, Moon Jae-in, en Washington (leer en KRADIARIO).

Entre las principales diferencias que planeaban de cara a la cumbre está la exigencia de Estados Unidos al país comunista de una renuncia total al armamento nuclear, en un desarme inmediato, irrevocable y verificable. Sin embargo, para el régimen norcoreano, su programa nuclear también es un instrumento para asegurar su poder y, según algunos medios, Pyongyang sólo está dispuesto a renunciar al uso de esas armas, de forma similar a como hace Estados Unidos como firmante del Tratado de No Proliferación Nuclear.