Después de tres días de reuniones con el Papa Francisco en el Vaticano, en medio de las expectativas por las medidas que pueda tomar el pontífice, surge el desafío de regresar a Chile para recomponer la confianza. Sin embargo no se sabe aún el ¿cómo? para resolver esta crisis profunda. En todo caso cambios habrá; de partida una parte importante de la Conferencia Episcopal, de avanzada edad, se irá a retiro.

“Un encuentro histórico, han dicho algunos analistas, que podría cambiar el rumbo de la iglesia católica chilena y descabezar a parte de su episcopado”.

Este jueves concluyó el último de los cuatro encuentros mantenidos por el Santo Padre con los 34 obispos chilenos en el auletta del Aula Paulo VI. Al finalizar la reunión, Francisco entregó a cada uno una carta que dio a conocer la Santa Sede. En ella agradece que hubieran acogido la invitación para hacer juntos un “discernimiento franco frente a los graves hechos que han dañado la comunión eclesial y debilitado el trabajo de la iglesia de Chile en los últimos años”.

Asimismo, agradece la disponibilidad para “adherir y colaborar en todos aquellos cambios y resoluciones que tendremos que implementar en el corto, mediano y largo plazo, necesarias para restablecer la justicia y la comunión eclesial”.

Los casos de abusos sexuales no son nuevos, pero solo ahora el pontífice reconoció que había cometido graves errores de percepción y valoración debido a la falta de información, lo que le impidió comprender la magnitud del fenómeno que ha golpeado a la sociedad chilena.

El informe elaborado por el enviado del Papa, Monseñor Charles Scicluna, permitió a Francisco conocer de primera fuente la verdad de este escándalo.

Los denunciantes y católicos en general exigen cambios profundos en una Iglesia que no los acogió a tiempo y que intentó tapar los delitos. No sólo la salida de obispos y sacerdotes que tuvieron relación o encubrieron abusos, y eventualmente del Nuncio, quien debería servir de enlace con el Vaticano, sino también espacios de protección que prevengan este delito.

Visión alemana: El comienzo de un gran cambio

Expertos advierten que probablemente este encuentro en el Vaticano sea el comienzo de un proceso. “El Papa quiere empezar un proceso de tipo espiritual con los obispos de Chile. Les sugirió preguntas y temas para reflexionar y también para rezar, en una etapa de reflexión y discernimiento”, dijo a la Deutsche Welle (DW) el sacerdote alemán Martin Maier, conocedor de la realidad  latinoamericana y quien actualmente se desempeña en el Jesuit European Social Centre en Bruselas.

“No creo que el Papa vaya a tomar decisiones rápidas. Lo hemos visto recientemente también cuando ha convocado a un grupo de obispos de Alemania por el tema de la comunión eucarística de miembros de las iglesias protestantes en situaciones especiales. Él escuchó y dijo a los obispos alemanes que encuentren un camino para ponerse de acuerdo”, explica Maier.

El sacerdote indica que “esa es una orientación fundamental del Papa Francisco, la sinodalidad (nombre que proviene del Sínodo, una de las expresiones de la comunión eclesial, que es una reunión de fieles cristianos que caminan juntos y en ese momento central de la vida de una Iglesia diocesana, regional o nacional, buscan renovar la vida de fe a partir de la escucha de la Palabra del Señor que interpela, cuestiona, invita a tomar decisiones, renovar estructuras, reforzar la unidad. La sinodalidad es un rasgo que ha acompañado la historia de la Iglesia). Maier agregó que el Papa da mucha importancia a los obispos, a las conferencias episcopales y esto está vinculado con la descentralización en la iglesia católica, que ya no todo hay que arreglarlo desde Roma, sino que Roma apoya y orienta”, dijo Maier.

Un nuevo clima

Consultado pro la DW, el sacerdote alemán Hans Zollner, vicerrector académico de la Pontificia Universidad Gregoriana y presidente del Centro para la Protección de Menores de esta institución, dice que esta reunión es una iniciativa loable, que es vista con mucha atención. “Habla de un clima general y de una nueva cultura de trato. Desde el principio de su pontificado y en su relación con la gente, el Papa siempre ha estado enfocado a escuchar y en este caso, en que no lo había hecho, se disculpó. Al leer el informe de Monseñor Scicluna llamó a las víctimas, se disculpó con ellas y convocó a los obispos”.

Junto con la reflexión y el discernimiento a los que invita el Papa, Francisco ha hablado de la necesidad de reparar en lo posible el escándalo, pedir perdón, hacer justicia y buscar la comunión eclesial. “Esta es una crisis profunda de confianza y el Papa habla de la necesidad de sanar heridas”, acotó Martin Maier.

En su opinión, la convocatoria a esta reunión muestra que “el Papa toma profundamente en serio los actos de abuso que se han cometido. Está mostrando también un camino: lo primero es escuchar y pedir perdón a las victimas, como él lo hizo. El segundo paso es reunirse con los obispos y reflexionar juntos sobre cómo fue posible que esto ocurriera, preguntar por las causas y los fallos que sin ninguna duda hubo, y por último, buscar caminos de cambio, conversion y reparación, y de restablecer la confianza”.

Precedente de destitución

 “La convocatoria a esta reunión ha hecho visible que este Papa está preparado para aprender, para disculparse y dar un paso adelante. Eso es muy importante”, destaca Hans Zollner. Sobre la eventual salida de obispos cuestionados, podría darse por la vía de que el Papa destituya al obispo o que éste ofrezca su dimisión. “Destituir un obispo es una medida muy seria, pero hay casos en que se ha hecho, como ocurrió hace algunos años con un Nuncio en República Dominicana, involucrado en crímenes de abuso sexual de menores”, explica por su parte Maier.

Pero los cambios no pasan por una sola persona. En opinión de Zollner, es toda una institución que tiene y debe mostrarse y presentarse en forma distinta: “Se debe desarrollar una cultura completamente distinta del cuidado, de prestar atención y de protección a los niños y jóvenes”.

“Mucha gente dice que la Iglesia predica una cosa, pero sus representantes hacen otra, lo contrario… por eso es necesario para la sociedad chilena, como para su Iglesia, esta posibilidad no solo de una limpieza, de severidad y transparencia, sino que también de volver a la base del evangelio y ver lo que es importante para nuestra Iglesia y nuestra misión”, indica Zollner

La carta y el documento

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“El pasado 8 de abril, domingo de la Misericordia, les envié una carta convocándolos a Roma para dialogar sobre las conclusiones de la visita realizada por la Misión especial, que tenía como cometido ayudar a encontrar luz para tratar adecuadamente una herida abierta, dolorosa y compleja, que desde hace mucho tiempo no deja de sangrar en la vida de tantas personas, y por tanto, en la vida del Pueblo de Dios”.

Así parte el documento de 10 páginas que el Papa Francisco les leyó y entregó el martes pasado a los 34 obispos chilenos, en el inicio del encuentro que ayer culminó en el Vaticano. Este escrito contiene fuertes críticas al presente de la Iglesia chilena, en particular al desempeño de los obispos, y fue el material que todo el Episcopado tuvo que leer y analizar, para luego reflexionar con el Pontífice.

El texto, redactado por el propio Francisco, tiene su génesis en el informe que le entregó el arzobispo de Malta, Charles Scicluna, respecto de los abusos que han cometido algunos sacerdotes y los errores de las autoridades de la Iglesia criolla en el proceso de investigarlos y sancionarlos.

El documento advierte que la Iglesia chilena experimentó “una transformación en su centro”. Y ese punto lo argumenta señalando que esta institución “se ensimismó de tal forma que las consecuencias de todo este proceso tuvieron un precio muy elevado: su pecado se volvió el centro de atención. La dolorosa y vergonzosa constatación de abusos sexuales a menores, de abusos de poder y de conciencia por parte de ministros de la Iglesia, así como la forma en que estas situaciones han sido abordadas, deja en evidencia este cambio de centro”.

El Papa, en el escrito, apunta que “nunca un individuo o un grupo ilustrado puede pretender ser la totalidad del Pueblo de Dios y menos aún creerse la voz auténtica de su interpretación”. Y alude, con el término “psicología de élite”, a lo que vive la jerarquía de la Iglesia chilena: “Termina generando dinámicas de división, separación, círculos cerrados que desembocan en espiritualidades narcisistas y autoritarias, en las que, en lugar de evangelizar, lo importante es sentirse especial, diferente de los demás”.

El Pontífice pide generar “dinámicas eclesiales” para “promover la participación y misión compartida de todos los integrantes de la comunidad”.

También critica directamente “la actitud” de algunos obispos ante los “acontecimientos presentes y pasados”, y aborda el tema de eventuales remociones apuntando al funcionamiento de la estructura: “Los problemas que hoy se viven dentro de la comunidad eclesial no se solucionan solamente abordando los casos concretos y reduciéndolos a remoción de personas; esto -y lo digo claramente-, hay que hacerlo, pero no es suficiente, hay que ir más allá”.

Un punto relevante del documento se encuentra en una nota a pie de página, donde el Papa se refiere a los “males” que dice: “Sus enviados especiales (Scicluna y el sacerdote español Jordi Bertomeu) confirmaron que a algunos religiosos expulsados de su orden “a causa de la inmoralidad de su conducta y tras haberse minimizado la absoluta gravedad de sus hechos delictivos (…) se les habría confiado cargos diocesanos o parroquiales que implican un contacto cotidiano y directo con menores de edad”.

Y se detiene en tres situaciones. Una son los defectos en el modo de recibir las denuncias. La segunda es que le causa “perplejidad y vergüenza” la existencia de presiones, incluso con quema de documentos, sobre quienes llevaban las investigaciones. Y la tercera es constatar que “en el caso de muchos abusadores, se detectaron ya graves problemas en ellos en su etapa de formación en el seminario o noviciado. Constan las actas de la Misión especial graves acusaciones contra algunos obispos o superiores, que habrían confiado dichas instituciones educativas a sacerdotes sospechosos de homosexualidad activa”.

 “Están pasando cosas muy importantes aquí”, dijo el sacerdote español Jordi Bertomeu al dejar hoy la Casa del Clero, en Roma, cerca de las 10.30 de la mañana sobre la reunión entre los obispos chilenos y el Papa Francisco.

El funcionario de la Congregación para la Doctrina de la Fe y uno de los autores del informe sobre la Iglesia chilena, elaborado junto al arzobispo maltés Charles Scicluna, habló brevemente sobre lo que consideró un signo importante del Papa. “Este es un caso excepcional”, dijo.

Al ser consultado si hoy se tendrá un resultado, aseguró que “hay que esperar alguna medida, alguna conclusión que sea importante”. “Estamos haciendo historia”, sentenció luego.

No hay que comparar

Si bien insistió en no comparar lo que está sucediendo con lo que enfrentó la Iglesia de EE.UU y la Iglesia de Irlanda, “porque las comparaciones son odiosas”, sí sostuvo que “estamos en un momento importante para la Iglesia universal, no solo para Chile. Lo que ha pasado aquí no es normal, el hecho de convocar a todo el episcopado”, precisó.

Si bien Bertomeu aseguró que no ha participado en las reuniones entre los obispos y el Papa, sí ha estado en contacto con ellos en la Casa del Clero. Sobre el estado en que se encuentran los prelados chilenos, comentó que las reuniones han sido “una experiencia muy fuerte”, pero descartó que el Papa estuviera molesto. “Puede estar dolido, pero como lo está el pueblo de Dios de Chile”.

Bertomeu agregó que la Iglesia chilena es una Iglesia “en profunda crisis”, que tiene “graves problemas”, pero descartó dar detalles sobre las eventuales medidas que se tomen tras la reunión.