Por Walter Krohne

Trump es un caso raro en la política mundial. A pesar de todas las medidas que ha adoptado en su corto período presidencial, como retirar a EE UU del acuerdo de París sobre el cambio climático o también del Tratado Nuclear con Irán, y dar marcha atrás al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) o abandonar las conversaciones sobre el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), el controvertido líder republicano sigue caminando sin parar por una ruta desestabilizadora  del mundo que no ha podido ser obstaculizada, detenida ni siquiera moderada por ningún estado aliado ni menos por sus más fuertes detractores.

Aparte de crear un ambiente de inestabilidad en el planeta, Trump gobierna con  su doctrina “América primero”  y por esta razón insiste en la construcción de un muro  en la frontera estadounidense con México; muestra su desprecio  por América Latina; parece no importarle el deterioro de sus relaciones con Europa y por último, convulsiona el ya complicado clima político en el Medio Oriente con el cambio de la sede de la embajada estadounidense en Israel desde la ciudad de Tel Aviv a la de Jerusalén, lo que se concretó este lunes en medio de un baño de sangre  que dejó 58 palestinos muertos en la Franja de Gaza.

Hace un año, prácticamente nadie o muy pocos lo habrían creído posible que Estados Unidos abandonara las conversaciones en las que se ultimaban los detalles del TPP, uno de los proyectos estrellas de la Administración del Presidente Barack Obama, aunque los países restantes, entre ellos los americanos Chile, México, Perú y Canadá; siete asiáticos, como Japón y Malasia y dos de Oceanía, sellaron en Santiago de Chile, sin EE UU, uno de los mayores acuerdos comerciales del mundo. Esto se logró a pesar que Trump dictara en Washingron su primer gran decreto arancelario, que grava las importaciones de acero y aluminio a su país, afectando seriamente a los dos sobrevivientes  del TLCAN,  México y Canadá.

Sus anuncios y polémicas las impulsa generalmente  por Twitter,  su medio de comunicación preferido y muy cómodo porque es como tener  un cañón sin mediaciones instalado en su residencia, en los hoteles donde se aloja, en su celular  o en su automóvil y a través del cual poder originar  mucha  agitación, inseguridad y preocupación  mundial.  Con el twitter, Trump marca la agenda del día desde el amanecer y así ha amenazado  con ataques militares y poniendo sobre la mesa de discusión el arsenal atómico  de la potencia más poderosa del mundo.

Sin embargo, algunos se han dado cuenta de quien es Trump realmente.  Es el caso, por ejemplo, del líder norcoreano Kim Jung Un quien, al parecer concluyó que las amenazas del mandatario estadounidense no eran tan reales como se veían y decidió seguirle el juego con varios ensayos misileros logrando lo que en cincuenta años nadie en la parte “anticapitalista” de la península coreana lo había conseguido: que Corea del Norte fuera reconocida, tomada en cuenta y respetada porque como otros estados es también una potencia atómica, aunque le pese a Washington. Ahora Kim Jung Un espera encontrarse  en Singapur personalmente con Trump, el próximo 12 de junio,  para hablar quizá sobre negocios o de la paz en Corea, para lo cual el líder se prepara acuciosamente porque por este camino podría lograr su anhelada unión de las dos Coreas y crear quizá una nueva potencia asiática. Así el hábil líder norcoreano ya ha anunciado un primer desmantelamiento de parte de su arsenal nuclear. Kim tiene que hacer algo concreto  para poder encontrar en Singapur a un Trump sonriente y tal vez económicamente “cariñoso”.

Como Trump quiere siempre  jugar a ganador, a pesar de todo, con sus actuales políticas se ha ganado muchos adeptos al interior de Estados Unidos.  Algunas encuestas ya lo adelantan y lo ubican como un posible ganador en una eventual nueva campaña electoral, esta vez para el caso de una reelección. Sus estrategias principales son dos: 1. Lograr una mayoría  de estadounidenses dentro de los electores que aprecian, y así lo destacan,  que él ha estado cumpliendo las  promesas realizadas en su campaña, aunque algunas de ellas sean consideradas verdaderas aberraciones frente a la anhelada paz mundial; y segundo, ha tenido un desempeño económico  exitoso, también con su reforma fiscal, su mejor  apuesta , aunque por otro lado, en enero último su popularidad era la más baja de un presidente estadounidense en 71 años, pero eso le ha importado poco. Aprobada en diciembre, la reforma fiscal bajó la tasa de impuesto a la renta de empresas de 35% a 20%, redujo los tramos de impuesto a la renta de las personas, incrementó las deducciones fiscales para familias con hijos, eliminó el impuesto a las sucesiones, entre otros. Esta propuesta está fuertemente atada a la teoría del economista Arthur Laffer, que  sostiene que reducir la tasa de impuestos puede conllevar a mayores ingresos fiscales, debido a que las menores tasas incentivan la actividad económica.

Según la Reserva Federal (FED), los indicadores positivos del mercado laboral son una clara señal de la recuperación económica. Durante el último año se crearon 1,9 millones de puestos de trabajo y el salario por hora aumentó en 2,3%; la tasa de desempleo en el 2017 fue de 4,4%, la más baja de los últimos 18 años; las solicitudes de seguro de desempleo en el 2017 fueron de solo 245 mil, el nivel más bajo de los últimos 45 años. En todo caso hay  que destacar que la administración Trump heredó de Obama un mercado laboral en proceso de recuperación. El crecimiento real de EE.UU. en el tercer trimestre del 2017 fue de 2,3%, el más alto en dos años. El consumo privado –que representa aproximadamente el 70% del PIB- continúa siendo el principal motor de crecimiento, debido a la solidez del mercado laboral. Igualmente sigue repuntando  la inversión privada, la cual acumuló un crecimiento de 3,5% al tercer trimestre de 2017. La inversión privada sin incluir el sector inmobiliario creció en ese período 4,1%, luego de haber caído 0,6% en el 2016.

Donald Trump le ha dado ya varias veces la espalda al mundo en sus 16 meses de mandato. No le interesa ningún país ni cercano ni lejano a Washington, sólo para él existe “América Primero”. Ni siquiera países poderosos como Francia,  Alemania y el Reino Unido le han podido dar vuelta la mano. Angela Merkel y Emmanuel Macron viajaron a Wasington para evitar la retirada de EE UU del Acuerdo  Nuclear con Irán (logrado el 14 de julio de 2015 en Viena tras dos años de duras negociaciones). No solo recibieron “un fuerte no” sino también un mensaje claro: “EE UU no lanza amenazas vacías”. Como escribió  la prensa europea esta semana,  los puntos centrales de la estrategia Trump, que  nunca ha abandonado y, al parecer, tampoco lo hará, son  alimentar el voto radical de EE UU y destruir el legado del presidente Barack Obama, porque en el primero y único lugar está su doctrina aislacionista “América Primero” y punto.