Por Enrique Fernández

Tuvieron que pasar casi 10 años. Durante todo ese tiempo las víctimas del sacerdote Fernando Karadima no fueron escuchadas cuando denunciaron la complicidad del obispo Juan Barros en los abusos sexuales que cometió el párroco de El Bosque.

“Durante casi diez años hemos sido tratados como enemigos, porque luchamos en contra del abuso sexual y el encubrimiento”, dijo el comunicado que entregaron en Roma James Hamilton, Juan Carlos Cruz y José Andrés Murillo. Los tres denunciantes que acusaron al obispo de Osorno de haber estado presente cuando Karadima los sometía a sus aberraciones, pero cuyos testimonios no fueron acogidos por la Iglesia Católica… hasta ahora.

Cuando entregaron su denuncia al cardenal Francisco Javier Errázuriz pasó el tiempo sin que la autoridad eclesiástica llevara adelante la investigación que pedían. Y el 22 de abril de 2013, en un correo electrónico comparó a Juan Carlos Cruz con una “serpiente”. Errázuriz fue reemplazado en la arquidiócesis de Santiago por el actual arzobispo y cardenal, Ricardo Ezzati, que tampoco agilizó el proceso. Por el contrario, en sus correos con Errázuriz consideraba que las denuncias eran falsas.

¿Por qué tuvieron que pasar casi 10 años para que surgiera la verdad?

¿Por qué el Papa Francisco llegó a decir que los laicos de Osorno eran “tontos” y “zurdos” cuando exigían la renuncia del obispo Barros? ¿Ese era el contenido de los informes que le entregaban desde Santiago el cardenal Errázuriz, el cardenal Ezzati y el nuncio apostólico Ivo Scapolo?. Incluso cuando visitó Chile en enero, Francisco insistió en ponerse del lado del obispo de Osorno. Calificó de “calumnias” las acusaciones en contra de Barros, pidió pruebas concretas sobre su complicidad en abusos sexuales y anunció que sólo entonces tomaría una decisión.

Las pruebas, ocultas durante años, le llegaron finalmente. Y el pasado fin de semana el Papa recibió a los acusadores en El Vaticano, para pedirles perdón.

“Estos días conocimos un rostro amigable de la Iglesia, totalmente distinto al que conocimos antes. El Papa nos pidió formalmente perdón, a nombre propio y a nombre de la Iglesia universal”, informaron los denunciantes en su comunicado. Pero junto con reconocer este cambio de actitud de la jerarquía católica, Hamilton, Cruz y Murillo señalaron que no es posible esperar que pasen otros 10 años para que la Iglesia corrija el rumbo y sancione a los abusadores y sus cómplices.

“Esperemos que el Papa transforme en acciones ejemplares y ejemplificadoras sus cariñosas palabras de perdón. De no ser así, todo esto será letra muerta”, advirtieron.

El obispo Barros tendrá que renunciar o será destituido de su cargo pastoral, si se cumple el deseo de acciones “ejemplares y ejemplificadoras”. Incluso el cardenal Ezzati cambió de opinión y ahora es partidario de que renuncie. La decisión del Papa se conocerá este mes, antes o después del encuentro que sostendrá en El Vaticano con todos los miembros de la Conferencia Episcopal chilena, de la cual también serán separados otros obispos, incluido el cardenal Ezzati, según estiman fuentes vaticanas.

¡Qué distinta era la apertura y velocidad de la Iglesia cuando en Chile fue necesaria su intervención en defensa de los derechos humanos!

Menos de un mes después del golpe militar que llevó al poder al general Augusto Pinochet, el cardenal Raúl Silva Henríquez creaba el Comité de Cooperación para la Paz en Chile, el 6 de octubre de 1973, junto a representantes de otras iglesias cristianas. Su misión era ayudar a las víctimas de la represión y a sus familiares. Fue una organización que Pinochet no podía permitir y por eso exigió su disolución a fines de 1975. Pero a comienzos de 1976, sin perder tiempo, el cardenal creó la Vicaría de la Solidaridad.

Fue una época en la que los obispos y sacerdotes no postergaban sus decisiones, a pesar de la represión que en los primeros meses de la dictadura alcanzó a tres sacerdotes, asesinados por los agentes del régimen: Juan Alsina, Miguel Woodward y Gerardo Poblete. El propio cardenal Silva Henríquez fue amenazado de muerte y el 13 de abril de 1974, durante la misa de Viernes Santo en la Catedral de Santiago, entregó una memorable homilía sin poder ocultar su emoción.

“Le hemos dicho a nuestro pueblo, a nuestras autoridades, que no se puede faltar a los principios de respeto al hombre, que los derechos humanos son sagrados, que nadie puede violarlos. No se nos ha oído. Y por eso hoy día lloramos el dolor del padre que presencia el desaparecimiento de su familia, la lucha entre sus hijos, la muerte de algunos de ellos, la prisión y el dolor de muchos de ellos”, denunció monseñor Silva Henríquez.

Era una Iglesia distinta, donde sus obispos tomaban decisiones inmediatas, porque lo que estaba en juego era la vida y la libertad de miles de víctimas de la dictadura.

 Aporte de la Redacción Central

Este jueves, el presidente Sebastián Piñera firmó en el Palacio de La Moneda el proyecto de ley que establece la imprescriptibilidad total de los delitos de abusos sexuales contra menores de edad. Hace solo días impactó el caso de la lactante Ámbar de 1 año y 8 meses que murió por presunta violación y golpiza en Rinconada, además de otro caso registrado en Valparaíso. El Mandatario indicó que el proyecto de ley será enviado con suma urgencia al Congreso. El ministro secretario general de la Presidencia, Gonzalo Blumel, agregó que esta suma urgencia permitirá que la iniciativa sea despachado en quince días  por la Cámara que lo reciba.