Por el Editor de KRADIARIO

Fue una visita compleja, tanto para el Gobierno como para los chilenos en general, especialmente los fieles. Los cuatro  días de  Francisco en Chile, que aparte de producir problemas de seguridad y transporte y caos callejero, poco le aportaron al país y a su gente, porque el Santo Padre no dijo nada novedoso o distinto y se limitó a repetir en el fondo lo que piensa la gran mayoría de los chilenos –católicos y no católicos- que por las indecisiones vaticanas las iglesias comienzan ya desde hace tiempo a vaciarse.

Él tuvo la gran oportunidad de anunciar o enunciar una política o medida fuerte, clara y más enérgica de Roma contra los curas pedófilos y los abusos sexuales ocurridos durante años al interior de la Iglesia Católica chilena. En contraste, a pesar de expresar vergüenza con lo ocurrido,  le renovó la confianza al Obispo Juan Barros de Osorno calificando las acusaciones de abuso sexual en su contra como simples calumnias (19 de enero de 2018).

Cuando las víctimas, hoy profesionales distinguidos (Juan Carlos Cruz, James Hamilton y Juan Andrés Murillo)  se mostraron como testigos presenciales de hechos delicitivos ocurridos en la Parroquia de El Bosque de Santiago, que estuvo al frente del sacerdote Fernando Karadima (hoy vive en un hogar de Lo Barnechea, foto arriba), no se debería o no se podría hablar de una simple calumnia. Los tres testigos dijeron en una declaración que “nosotros hemos declarado la presencia del obispo Barros en los abusos psicológicos y sexuales de Karadima (…) siendo él tan cercano a Karadima y sabiendo de los abusos, nunca denunció al sacerdote”.

Así se dijo con firmeza y mucha razón que “Karadima había manchado la visita a Chile del Papa Francisco”.

En todo esto, uno es el delito mismo que para castigar al o a los acusados indudablemente se requieren pruebas concretas, pero por otro lado está la aplicación de la prudencia cuando se está al frente de la mayor Iglesia del mundo, como es la católica. Si Barros era y es sindicado como autor de hechos de abuso sexual, aunque nadie lo haya podido probar,  lo que además es difícil de hacer, no puede ser nombrado ni menos confirmado  en un cargo tan importante como es  el que tiene y en una comuna o diócesis de tanta significación como es Osorno. Y esto rige para todas las instituciones

¿Cuántas veces los gobiernos han tenido que anular nombramientos ministeriales solamente por el rumor que afecta al designado de estar manchado porque habría cometido  un hecho abominable, aunque más tarde se demuestre lo contrario?

¿Cómo no se le podría enviar a Barros a otro cargo, en otro país o en el Vaticano, para evitar que sigan las manifestaciones y hasta la violencia callejera solo por su presencia en Osorno?

Es decir si el primer día de su visita el Papa muestra vergünza por los abusos sexuales  cometidos por ciertos  curas, sus más directas ovejas que pueden estar manchados, aunque sean sólo por rumores,   y luego renueva la confianza de un Obispo que cuenta con muchos acusadores como testigos y de un pueblo de fieles desconformes con su conducta pastoral, verdaderamente no se entiende mucho o nada.

En este tema hay dos visiones que nos ha dejado  el Papa en Chile: Una,  la de la vergüenza expresada en el Palacio de la Moneda y otra es la absolución para el obispo Barros, afectado “por graves y serios rumores de estar implicado en abusos sexuales”, aunque hoy las cosas hayan cambiado en 360 grados tras la declaración de ayer del Papa enviada desde Roma.

La verdad, a mi modo de ver las cosas, todo esto debe ser observado con dos miradas: la judicial donde los delitos se investigan y se resuelve y se condena con o sin cárcel; y   la institucional  que en este caso es la “institucionalidad de la Iglesia” con más de 2000 años de historia, la  que la jerarquía debe manejar con mucha prudencia observando que no tenga ninguna mancha grave ni siquiera  rumores de manchas. En otras palabras debe proteger su imagen cueste lo que cueste.

Y en este caso hay que pensar también que cuando hay un rumor es por algo. Un rumor siempre tiene un origen, real o irreal, pero lo tiene. La pregunta aquí es ¿se ha logrado llegar al fondo, a las raíces de este rumor, estando vivos los testigos dispuestos a seguir protestando?

Si no es así habría que hacerlo cuanto antes, porque de lo contrario estaremos años y años enredados en este tema y Osorno seguirá prácticamente con un Obispo a medias o no respetado ni reconocido por sus fieles.

Pero no solamente este tema el que no se vio tocado realmente y en serio en la visita del Papa; también el problema de la Araucanía quedó tal cual estaba.  Manuel Paninequeo, presidente de la Asociación de Municipalidades de la Araucania, lo dijo todo en pocas palabras: “La sensación es de decepción porque los temas que trató el Papa son conocidos. No hubo un llamado a la clase política al Estado, ni un diálogo que los mapuches siempre hemos buscado”.

Lo que el Papa dijo sobre que la “violencia solo genera más violencia” es tan conocido como que los curas pedófilos deben estar en la cárcel y no en un hogar protegido como es el caso de Karadima. La ley debe ser igual para todos: pecadores y no pecadores, en este caso.