La asunción al poder de Donald  Trump hace un año (20.1.2017)  mostró que un político incompetente puede convertirse en presidente de los Estados Unidos apelando a los instintos más básicos de los votantes. Trump cumple un año en el poder y lo poco que ha hecho ya es mucho: complicar las relaciones con Europa el Medio Oriente y América Latina

Hoy, doce meses después aparece quizá como el presidente  más criticado y ridiculizado de EE UU de las últimas décadas, aunque llegó a la presidencia respetando las normas establecidas en el derecho electoral estadounidense.

Josef Braml, experto en política estadounidense de la Sociedad Alemana de Política Exterior, había tenido un mal presentimiento tras la victoria electoral de Donald Trump (noviembre del 2016).  En aquel entonces habló del “entierro del orden mundial liberal”. Hoy, un año después, ve confirmado su presagio: “Trump piensa que el orden mundial liberal no beneficia los intereses estadounidenses, sino solo a países como Alemania o China”. De ahí que el presidente norteamericano solo tenga una meta: “destruir ese orden mundial”. Sin tener en cuenta las consecuencias negativas para las relaciones transatlánticas.

Un ejemplo de ello son los aranceles aduaneros impuestos a empresas alemanas que exportan al país norteamericano. El experto Braml opina incluso que las sombrías declaraciones de la canciller Angela Merkel, de que habían quedado atrás los tiempos en que se podía confiar ciegamente en otros, tras el decepcionante  G7 en Italia, llegaron relativamente tarde. “Ya antes de Trump EE UU se había vuelto demasiado débil como para sostener por sí solo el orden mundial liberal”, señala.

La agenda “America First” de Trump

Los seguidores del Mandatario lo defienden todavía no tanto por estar convencido de su política, sino por ser justamente seguidores de un republicanismo extremadamente nacionalista.

Ellos dicen y se preguntan, por ejemplo,  ¿qué tiene de malo exigir que los países de la Unión Europea desarrollen, de una vez por todas, una política exterior y de defensa común? ¿Por qué debería un presidente estadounidense abstenerse de pedirle a Alemania que aumente sus cuotas de financiamiento de la OTAN? De hecho, es ante todo Alemania la que debería analizar detenidamente su propia política europea antes de criticar la agenda ” de Trump.

La jefa de redacción de la Deutsche Welle, Inés Pohl, admite que “me asustan los mensajes agresivos que Trump le envía a Corea del Norte a través de las redes sociales; pero también tengo claro que el Ejecutivo de Barack Obama fue incapaz de reconocer realmente el grado de desarrollo nuclear que tenía Pyongyang”.

Y agrega: “Confieso que me preocupa el hecho de que Rusia y China se esmeren en llenar el vacío que dejó Estados Unidos como potencia internacional; pero es necesario aclarar que fue Barack Obama quien puso en marcha un nuevo paradigma: la doctrina de “dirigir desde atrás”. El fracaso de Estados Unidos en Siria –más bien en todo el Cercano y Medio Oriente– tampoco podemos cargárselo al Ejecutivo de Trump” comentó Pohl.

Donald Trump está desde hace un año en el poder. Y pese a todos los llamados a iniciar un proceso legal para removerlo del cargo, todo apunta a que él seguirá gobernando por un buen tiempo.

Otra expresión que cabe tener presente es “get over it”, que puede ser traducida como: “¡supéralo, así son las cosas!”. Este es un buen momento para esforzarse en conducir los debates en torno a Trump de una forma sensata, para dejar de ocuparnos de su cabello o del color de su cara, para concentrarnos sobriamente en sus políticas y, en lugar de perder los estribos cada vez que el hombre tuitea, sopesar lo que sus exigencias tienen de positivo o negativo, de correcto o de errado. También es buena hora para reconocer lo difícil que resulta tener responsabilidad política en este mundo, declaró Pohl.

OTAN, la manzana de la discordia

“No se trata de una crisis, sino más bien de un reto”, opina Andrew Denison, director del think tank Transatlantic Networks, quien aún no ha perdido la esperanza de que en el futuro Trump siga apostando por las relaciones transatlánticas. “Estados Unidos no quiere que Rusia amenace a Europa. Al mismo tiempo, se pretende que Europa ayude a Estados Unidos con China y Oriente Próximo”, subraya Denison.

El director de Transatlantic Networks dice entender el hecho de que Trump exija a los europeos aportar más recursos financieros a la OTAN, es decir, un dos por ciento del rendimiento económico. “Los estadounidenses están convencidos que Europa se aprovecha de EE.UU. en términos de política de seguridad”.

Por otra parte,  el ministro de Relaciones Exteriores de Alemania, Sigmar Gabriel, ya demanda una nueva política estadounidense de cara a los graves cambios en las relaciones transatlánticas. Aspira a que en el futuro Alemania defienda sus intereses con más vigor, por ejemplo en lo que se refiere al acuerdo nuclear con Irán. En caso necesario, dice, incluso debe trazar una línea roja.

Anna Kuchenbecker, vicedirectora del Instituto Aspen de Alemania, apoya esta postura, sobre todo teniendo en cuenta los actuales conflictos de intereses: “Mientras que, con Trump, Estados Unidos quiere dejar el rol de liderazgo mundial, Alemania confía en las alianzas y es, además, una nación exportadora”.

Según Kuchenbecker, lo que funcionó en el pasado, ya no funciona. ¿Pero qué estrategia se debería adoptar? “Cooperar con los alcaldes de las grandes ciudades en el ámbito de la protección climática, unirse a parlamentarios estadounidenses fuertemente interesados en Europa y distanciarse de proyectos en los que las divergencias sean demasiado grandes, como la política de comercio”, opinó Kuchenbecker en entrevista con la Deutsche Welle.

El Medio Oriente

Para dejarlo bien claro desde el principio,  Donald Trump tiene el derecho de reconocer a Jerusalén como capital de Israel, a pesar de que con ello se salte décadas de consenso entre demócratas y republicanos. Y también a pesar de que ignore así todas las advertencias de los socios en Europa y en el mundo árabe.

Del mismo modo, los miembros de Naciones Unidas también tienen derecho a expresar su insatisfacción con la decisión de Trump en una resolución. Lo hicieron sin mencionar de manera directa a Estados Unidos o su presidente. La mayoría de ellos votó a favor de aclarar el estatus definitivo de Jerusalén en negociaciones entre las partes en conflicto y en conformidad con las resoluciones existentes de las Naciones Unidas. Su voto no es jurídicamente vinculante y, por lo tanto, tiene un carácter principalmente simbólico. Pero aunque sea así, el gobierno de Trump no ha hecho un buen papel tampoco en este asunto. Es un buen ejemplo de una política exterior equivocada y desorientada.

Lo que ocurre es que en el Medio Oriente el gobierno de Trump buscó la confrontación total. Lentamente ya es una costumbre el hecho de que Trump insulte y ataque en Twitter a cualquiera que lo critique. Pero el hecho de que la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley haya amenazado por Twitter con “anotar los nombres de los partidarios” de la resolución sobre Jerusalén,  cayó mal en todo el mundo,  ya que ella apareció  como una autócrata intentando  intimidar a sus súbditos. Y no suena bien en absoluto o no es la manera de hablar de un país que se considera a sí mismo como un faro de la democracia. “El presidente observa esta votación atentamente y me ha pedido que le diga quién vota contra nosotros”, dijo en las Naciones Unidas la embajadora de Trump Nikki Haley.

Ya se terminó la hora de reírse sobre estas cosas. Porque la diplomacia de Trump es inexistente. Su lógica es que todos hagan lo que él mande. Esa es exactamente la estrategia con la que llegó al poder en Estados Unidos. Además, sorprende la ingenuidad completa de creer que estados soberanos puedan ser amenazados de esta manera. El resultado de la votación en la ONU lo demuestra. Todo esto comprueba que Trump está dispuesto a sacrificar el último resto de simpatías de sus socios internacionales a favor de los intereses de sus seguidores en casa, escribió Michael Knigge corresponsalk de la Deutsche Welle.

América Latina, aún peor

Desde que Donald Trump  asumió la presidencia de Estados Unidos, en América Latina lo mismo que en Europa no se sabe lo que puede llegar a ocurrir en el campo diplomático.  Trump insiste en la región latinoamericana en la construcción de un muro en la frontera con México, lo que ha amenazado a inversionistas y puesto en duda el Tratado de Libre Comercio  de América del Norte (TlCAN)  entre EE UU, Canadá y México.

“Por primera vez hay un presidente francamente antimexicano en la Casa Blanca”, dijo a la Deutsche Welle Luis de la Calle, economista y exnegociador jefe del TLCAN.

Peor que una catástrofe natural, el presidente estadounidense ha causado estragos y sacudido los cimientos de las relaciones bilaterales mexico-estadounidenses.

Trump no solo usa consignas racistas y ha tomado un rumbo maniqueísta y militarista en el ámbito de la política exterior, sino que también sabotea con su proteccionismo aquello que desde la entrada en vigor del TLCAN, en 1994, fue considerado un credo inquebrantable de las relaciones bilaterales: el libre comercio. Y eso a pesar de que México y Estados Unidos no tienen otra opción que seguir cooperando, sostiene De la Calle.

El experto en política estadounidense del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE) en la Ciudad de México, Carlos Heredia, agrega: “Trump ha hecho retroceder las relaciones bilaterales de manera grave causando  una seria crisis, no solo entre los gobiernos, sino entre los mexicanos, en la sociedad en su conjunto”.

En efecto, Donald Trump es el presidente estadounidense más impopular de todos los tiempos en México. Un 93 por ciento de la población lo rechaza categóricamente, de acuerdo con una encuesta del Centro de Investigación Pew. Las piñatas de Trump son un éxito de venta en México. No obstante, en la medida en que las relaciones entre ambos gobiernos empeoran, se han estrechado los contactos binacionales entre parlamentarios, ciudades, empresas y gremios, acota Luis de la Calle.

Compilación de entrevistas y artículos de la Deutsche Welle