Por Manuel Acuña Asenjo

En la teoría social se destacan numerosas proposiciones para explicar las preferencias que los electores manifiestan por los candidatos. Carlos Peña nos recuerda a Lipset y Rokkan con sus tesis sobre los clivajes preexistentes o posiciones materiales o simbólicas que las personas poseen en la estructura social para terminar señalando “que los viejos clivajes de la sociedad chilena, la clase social, la adscripción religiosa, la ruralidad, etcétera, no son predictores fieles de la adhesión política ni hacen probable la adhesión a la agenda temática de los partidos”.

Olvida, no obstante, el profesor, que los actos de los seres humanos no dependen de una circunstancia sino de actores sociales cuyas acciones, a menudo, contribuyen, como ya lo hemos señalado, a inclinar a uno u otro lado la balanza del resultado. En todo caso,lo anterior sirve  para explicar, en cierta manera, lo que ocurrió al lado de los perdedores el 17 de diciembre de 2017.

Frente Amplio (*)

El comportamiento del ‘Frente Amplio’ incidió en la derrota del abanderado independiente en tres grandes aspectos: fue, en primer lugar, incapaz o no quiso jamás entender su carácter de ‘independiente’; en segundo lugar, evitó en todo momento dar una clara señal de apoyo a su candidatura; y, en tercer lugar, no pudo impedir que parte considerable de su electorado votara por Piñera.

El ‘Frente Amplio’ insistió majaderamente en que Guillier y ‘Nueva Mayoría’ eran la misma cosa; la homologación resultaba más fácil de hacer que intentar una explicación de lo que sucedía al interior de las colectividades de ese conglomerado político. Pero, ¿era así, verdaderamente? ¿Era eso lo que ocurría? Las disputas al interior de cada uno de los partidos que integraron aquel pacto, ¿eran simples disputas de vecinos por los ladridos del perro? ¿Cómo explicarse lo que sucedía al interior del partido Socialista PS, de la Democracia Cristiana DC, del propio partido Por la Democracia PPD? ¿Se había anquilosado la práctica política de las colectividades que integraban al conglomerado ‘Nueva Mayoría’?

Puede suponerse que el concepto de disputas internas al interior de cada agrupación humana (lucha de intereses, lucha de clases) se había olvidado por parte del ‘Frente Amplio’, se había arrojado al tacho de la basura o, simplemente, se ignoraba, situación un tanto extraña en dirigentes académicos que hacían gala de conocer la teoría social. Por eso, a la hora de intentar arreglar las cosas, el daño ya estaba hecho.

¿Podemos preguntarnos si acaso conocían los líderes y militantes del ‘Frente Amplio’ el concepto de ‘lucha de clases’ al interior de cada agrupación humana? Porque si no la conocían resulta hoy explicable esa actitud; pero, si la conocían e insistían porfiadamente en no reconocer lo que sucedía al interior de la coalición que apoyaba al candidato independiente, ¿predominaban los prejuicios en esa colectividad y su dirigencia por encima de los principios sobre los cuales asentaba su accionar?

No. La situación no es tan terminante. Esta visión estática de las organizaciones sociales y políticas también es compartida por otras personas. Así lo hace el diputado del PS Fidel Espinoza, declarado ‘laguista’, cuando señala: “Yo creo que hay que ser bastante fríos. Nosotros, como Nueva Mayoría, sufrimos una derrota fuerte, estrepitosa, y las causas no son sólo de ahora […] Aquí hay errores y los que tienen responsabilidad —yo en eso comparto con Ricardo Lagos— han estado callados. Los presidentes de nuestros partidos tienen que dar la cara”.

A nuestro parecer, la visión de estructuras partidarias anquilosadas es parte del triunfo de las formas culturales que imparten hoy los medios de comunicación que, como lo hemos afirmado permanentemente en nuestros documentos, son formadores de ideología.

“No cabe duda que pretender separar lo electoral de lo político busca evadir la realidad y soslaya la responsabilidad que cabe al equipo político de haber transformado esta elección en un plebiscito respecto de la gestión de la presidenta Bachelet y de la misma Nueva Mayoría, ya que más que las propuestas del abanderado oficialista, el gobierno promovió la necesidad de una continuidad de las reformas y una defensa del legado de la mandataria”.

Acordes con esa idea (prejuicio o ignorancia) de asimilar al candidato independiente con toda la corrupción y conveniencia que representaba tanto ‘Nueva Mayoría como la ‘Concertación de Partidos Por la Democracia’, era difícil pensar en obtener apoyo decidido del ‘Frente Amplio’ para la candidatura independiente de Alejandro Guillier.

Para obtener dicho apoyo  se requería de una actitud tremendamente positiva del Comando del candidato independiente hacia el Frente Amplio, lo que, precisamente, no ocurría. Interesado más bien en obtener el apoyo de grupos que, al reconocer su escaso poder electoral habían acordado prestar el apoyo incondicional al candidato, el Comando no sólo no consideró oportuno hacer esos gestos al ‘Frente Amplio’ sino, por el contrario, desautorizaba las palabras del propio candidato orientadas a tal efecto y terminaba de completar el equipo económico con conocidos defensores del neoliberalismo. En tales condiciones, no era difícil predecir lo que podría ocurrir en el futuro y que, en definitiva, ocurrió.

Apoyo “incondicional”

Por otra parte, el ‘Frente Amplio’ estaba imposibilitado para entregar un apoyo incondicional. Dos hechos lo hacían tremendamente difícil: el primero era su composición política; el segundo, la imposibilidad de dar a conocer esa debilidad suya.

No podía el ‘Frente Amplio’ entregar su apoyo incondicional porque su composición política era de 9 partidos y dos movimientos sociales, lo que implicaba un conjunto bastante heterogéneo de sujetos. Para los partidos más poderosos de ese conglomerado, su proyecto había sido suplantar a la ‘Nueva Mayoría’ en la conducción de la llamada ‘centroizquierda’, reemplazarla en la escena política de la nación y situarse allí en lugar de aquella; pero no todos compartían esa idea.

Además los movimientos que integraban aquel conglomerado eran (y son)  más bien movimientos sociales, no partidos, y ese tipo de organizaciones no tiene una militancia teórica o ideológicamente determinada. En palabras más directas, son organizaciones que integran personas unidas por uno o dos motivos centrales, eminentemente reivindicativos; por lo mismo, respetan la identidad o filiación política de cada uno de sus miembros y las demandas sociales que defienden son bastante específicas.

No debe sorprender, entonces, que parte importante de ese electorado no votase por el candidato independiente sino lo hiciese por el de la coalición ‘Chile Vamos’, especialmente, el electorado femenino que reacciona con mayor virulencia ante las injusticias que crea la aplicación del modelo.

“Según la encuesta de ChileTendencia —que acertó casi de manera exacta al resultado de la segunda vuelta—, gran parte de la votación femenina de Beatriz Sánchez se trasladó a Sebastián Piñera ayudando considerablemente en el triunfo del candidato de Chile Vamos”.

Reiteramos aquí lo que hemos señalado antes  que  las razones de una derrota no solamente son múltiples: jamás podría atribuírselas a un determinado sector. Son fenómenos compartidos, factores que operan, generalmente, en el carácter de ‘suma cero’, en donde lo que uno pierde lo gana el otro. También en el caso de las elecciones de 2017 hay causas atribuibles al candidato perdedor y a quienes estaban junto a él. Analizarlas puede ayudarnos, en un futuro no muy lejano, a prever lo que podría suceder, impidiendo que volvamos a incurrir en esas faltas, y a evitar la repetición de ciertos hechos.

(*)  El Frente Amplio es una coalición política chilena conformada por partidos y movimientos políticos de izquierda, liberales y ciudadanos que se plantean superar la dicotomía del bipartidismo chileno, conformada por la Nueva Mayoría y Chile Vamos.​​  Fue fundado el 21 de enero de 2017. Tiene un senador, y 20 diputados. Alcaldes: 4 y concejales 44. Posición entre centro izquierda e izquierda.