Bajar la inflación es uno de los problemas a los que el Gobierno argentino todavía no ha encontrado una solución, a pesar que el presidente Mauricio Macri declarara en 2015, al llegar a la Presidencia, que “lo más fácil que tenemos por resolver es la inflación”.

El mandatario había asegurado que al finalizar su segundo año de gestión, que se cumplió en diciembre de 2017, la inflación iba a ser de un dígito, algo que, según estimaciones oficiales, podría lograrse recién en el 2020.

El Índice de Precios al Consumidor (IPC) nacional llegó en diciembre último a 3,1 por ciento, el más alto de todo 2017, empujado por los fuertes incrementos en las tarifas de los servicios de energía eléctrica, agua, gas y los combustibles, indicó el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

A fines de 2016 el Gobierno de Macri estimó que la inflación de 2017 rondaría entre el 12 y el 17 por ciento, una meta que fue superada en 7,8 por ciento, porque en realidad llegó a un 24,8%, según la información oficial.

Frente a una proyección similar, el equipo económico de Macri modificó el 28 de diciembre pasado la previsión de la inflación para 2018 de 10 al 15 por ciento, una medida que tuvo como primer impacto una depreciación del peso argentino frente al dólar. Sin embargo, los pronósticos privados ya marcan para 2018 una inflación base de un 20%.

En la ciudad de Buenos Aires los índices de inflación de diciembre y anual, respectivamente, fueron de 3,3 por ciento y 26,1 por ciento, más que la cifra registrada en todo el país.

Esto significa que la inflación de 2017 en Argentina resultó superior a todos los pronósticos oficiales, donde este mal es ya histórico y que esta vez  no solo estuvo impulsada por los aumentos de las tarifas de los servicios públicos, en especial gas, agua y electricidad, sino también por una serie de servicios privados, como los vinculados a las comunicaciones y la salud. Y los pronósticos privados ya marcan para 2018 una inflación base de un 20%.

Como opinó hoy el analista Ismael Bermúdez en el diario Clarín de Buenos Aires, estos altos niveles inflacionarios se registraron con salarios y jubilaciones que no recuperaron el año pasado la pérdida de unos 10 puntos frente al 2016 . “Esto significa que los salarios, las jubilaciones, o el consumo masivo, no son los impulsores de la actual inflación sino más bien los perjudicados”, dijo el analista.

La alta inflación del año pasado se registró a pesar del dólar “contenido” y la avalancha importadora que deberían haber acotado la suba de los precios locales. El valor del dólar se mantuvo casi sin movimiento durante la mayor parte del año por las altas tasas de interés.

Esas altas tasas – que, según la versión oficial, debían servir para aplacar la inflación– encarecieron el costo del crédito y alentaron un fuerte ingreso de dólares financieros que llevaban a elevar y mantener elevadas las tasas de interés, en un movimiento que se retroalimentaba. Además, alimentaron en 2017 un desequilibrio en las cuentas externas –por el exceso de importaciones frente a las exportaciones, pago de servicios y rentas – de casi US$ 30.000 millones. Ese déficit fue más que financiado por la “lluvia” de dólares, con incremento de las reservas del Banco Central y también salida de capitales.

El país continúa con elevados déficits – fiscal y externo – que alimentan la inflación por la vía de las altas tasas de interés y el peso de los servicios de la deuda en las finanzas públicas y en las cuentas externas.

El alto déficit fiscal es otro gran desafío porque, el año pasado, también tuvo registros récords –del 6% o más del PBI –, sin provincias ni BCRA. Aunque bajó el gasto primario, el ahorro fiscal por la suba de las tarifas quedó más que neutralizado por la mayor carga de los intereses de la deuda y de la propia deuda. Con las nuevos aumentos de tarifas, la apuesta oficial es lograr en 2018 un déficit fiscal menor.

Hacia fin de año el Gobierno impuso un cambio. Admitió que habrá una mayor inflación, e impulsó una adecuación de la política monetaria-financiera, en la puja entre tasas y dólar, que estamos transitando con resultados aún inciertos. En tanto, la inflación sigue haciendo de las suyas.