Un informe desclasificado de 1967 de la Academia Sueca de Ciencias reveló el o los motivos por el cual el máximo escritor argentino Jorge Luis Borges nunca recibió el Premio Nobel de Literatura, dándose como una de las causas un contacto que tuvo con el dictador chileno Augusto Pinochet.

En 1967 Borges estuvo cerca de obtener el reconocimiento al aparecer como uno de los candidatos “serios”  junto a Graham Greene. Sin embargo, la mención la obtuvo ese año el guatemalteco Miguel Ángel Asturias.

La causa de esta “postergación indefinida” la dio el presidente del Comité del premio de literatura, Anders Osterling, quien rechazó al autor de El Aleph con un comentario definitorio. “Es demasiado exclusivo o artificial en su ingenioso arte en miniatura”, como reveló ahora el diario sueco Svenska Dagbladet en base a documentos de la Academia. “En otras palabras, Borges fue excluido por culto”, agrega la información.

Jorge Luis Borges siempre figuró en las listas de candidatos al Premio Nobel de Literatura, pero nunca se le otorgó ese honor. Hasta ahora se ha pensado que las razones fueron políticas,  porque en 1976 en plena dictadura chilena de Augusto Pinochet fue invitado a visitar Chile, ocasión en que el autor argentino  calificó al sanguinario dictador de “excelente persona”, destacándolo como “cordial y bondadoso”.

En todo este cuento, influyó también una crítica de Borges a la obra del poeta sueco Artur Lundkvist, quien después fue designado secretario permanente de la Academia sueca. El propio Lundkvist, especialista en literatura latinoamericana y artífice de haber ingresado la obra de Borges en su país, confirmó esa versión: “La sociedad sueca no puede premiar a alguien con esos antecedentes (por la visita al Chile de Pinochet)”.

María Kodama, viuda del escritor, declaró en 2016 que “todo el mundo sabe que fue una cuestión política”.  En ese reportaje, precisó que “él no fue invitado por Pinochet, sino por la Universidad de Chile”, institución que le otorgó un doctorado honoris causa. El dictador, por protocolo, fue quien le entregó personalmente el diploma.

Con Asturias, en 1967, también hubo dudas, pese a que la Academia se definió por él. Osterling señalaba como un déficit que el guatemalteco estaba “limitado a la temática revolucionaria”. El juicio grave del especialista fue una constante. El año anterior, el académico había rechazado a Samuel Beckett por su “tendencia nihilista y pesimista sin fondo”. Dos años después, el dramaturgo fue reconocido por los suecos.