Por Walter Krohne

La aplastante derrota de Alejandro Guillier origina ahora, cuatro días después, una serie de consecuencias que se expresan con acusaciones profundas y muchas recriminaciones. Todos han vuelto al trabajo habitual ya sea en el Congreso o en el Gobierno, también el mismo derrotado ex candidato, pero casi todos con el alma fuera de si y el corazón destrozado.

Nadie quiere hablar, porque ha sido la peor derrota sufrida en muchos años por la izquierda. Algunos socialistas se arrepienten de no haber nombrado al ex mandatario Ricardo Lagos como abanderado de la centroizquierda chilena. Álvaro Elizalde, uno de los principales responsables de la derrota es apuntado con el dedo porque como estratega político estaría completamente perdido. Lo mismo ocurre con los comunistas que son ahora un lindo tema para los demócrata cristianos y esta semana ya son dos los dirigentes que han jurado y rejurado no participar en el futuro en ningún pacto o alianza donde estén metidos los comunistas: Mariana Aylwin y Matías Walker.

El shock es generalizado dijo un observador en el Parlamento. La muerte de la coalición de la Presidenta Michelle Bachelet se produjo a pesar de su intervención a favor del ex nuevo “líder” que iba a continuar con la era de las reformas en Chile, que incluía la educación, las pensiones, el Sename, la salud, la Constitución, el Cae y muchos otros temas donde la Mandataria no intervino para nada o dejó pendientes, por falta de tiempo, errores políticos, déficit fiscal o pocas ganas de seguir avanzando o retrocediendo.

Ella también está por el suelo porque solamente de pensar que por segunda vez le va a tener que entregar en marzo el poder como líder de la izquierda al líder de la derecha, se le revuelve el estómago.

Este funeral será largo y tedioso. Todos saben que la coalición ya no sigue o no puede seguir porque el nivel de destrucción es demasiado grande, peor que si se hubiese registrado un tunami. Así como murió la Concertación ahora le sigue el turno a la Nueva Mayoría. No es necesario hacer autopsia ni ser médico forense para constatar su muerte, dijo el Presidente radical Ernesto Velasco en una reciente entrevista con CNN. Hasta el líder de los comunistas Guillermo Teillier dice lo mismo, reafirmándolo además Andrés Zaldívar (DC) y  Carolina Goic, del PDC, colectividad sobre la que se sabe poco, desconociéndose lo que ocurrirá con ella y quizá continúe como un pequeño partido de centro o dividido en dos: centro izquierda y centro derecha (social cristiano, como en Alemania). Ya Mariana Aylwin declaró hoy que cada vez se sentía más cerca de Chile Vamos que de la DC.

Tampoco nadie sabe de cómo podría organizarse una nueva coalición de centro izquierda, desde ya cualquiera de los nombres ya utilizados estaría completamente obsoleto con excepción del que podría decir “soñando ser mayoría”. El paso de la Concertación a la Nueva Mayoría en 2010 no fue inmediato, se consolidó con miras a las elecciones municipales del 2012, pero ya tras  la derrota del candidato y ex presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle se sabía lo que había que hacer y aún estaban activos algunos de los viejos jerarcas de la Concertación tras veinte años en el poder. Los partidos no estaban dañados por dentro como es la situación ahora. Hoy no hay liderazgos, así de simple, y el ex candidato Guillier, de quien se esperaba que fuera un líder de verdad, continuó con su independencia partidaria y su insistencia de que él no era político, terminando por derrumbar su figura.

El mayor error de la campaña fue el  giro hacia la izquierda descuidándose al centro, como también el ataque descarnado y de fin de mundo contra el presidente electo Sebastián Piñera y su sector centro derechista que le sacó partido a la situación, especialmente a la calidad del candidato que para decir la verdad se mostró como un comunicador que comunicaba poco o se enredaba cada vez que lo hacía.

La más intervencionista en la campaña del candidato oficialista fue la ministra vocera, Paula Narváez, quien ha reconocido finalmente “una derrota contundente que debe dar espacio ahora a la reflexión de todos los actores” de la todavía Nueva Mayoría.

Como lo dijo el socialista presidente de la Cámara de Diputados, Fidel Espinoza “aquí hay errores y los que tienen responsabilidad –yo en eso comparto con Ricardo Lagos– han estado callados. Los presidentes de nuestros partidos tienen que dar la cara (…),. en el caso de mi partido, el 6 de enero hay un pleno”,  donde se darán a conocer las molestias de todos lados que afirman que tras la derrota el presidente del partido Álvaro Elizalde  andaba ya promocionándose como líder de la oposición sin reconocer para nada su propia responsabilidad que “es inmensa y profunda” según algunos dirigentes socialistas.