Nuevo libro de Ignacio Gozález Camus

El inquietante aumento de la delincuencia no es un fenómeno nuevo en Chile. A fines de los años 80, bajo la dictadura de Augusto Pinochet, el entonces candidato a diputado demócrata cristiano Carlos Dupré se arriesgaba a denunciar el creciente número de robos y asesinatos (sin contar los crímenes que cometían agentes del Estado).

Medio siglo antes, en 1942, los 13.000 habitantes que entonces tenía la ciudad de Arica vivían alarmados “por el aumento de la delincuencia”. Ya no podían dormir con las puertas de sus casas abiertas. Nótese que hemos retrocedido 75 años en el túnel del tiempo, por obra y gracia del periodista y escritor Ignacio González Camus.

Según cuenta este cronista, ese año de 1942 Arica recibió con curiosidad la presencia del nuevo subcomisario de Investigaciones, el legendario detective César Gazitúa, mejor conocido como “Caifás”. Eran tiempos difíciles para la policía y un editorial de “El Mercurio” advertía sobre el deterioro de esta institución y la “falta de confianza en sus actuaciones”, recuerda González Camus.

¿Aumento de la delincuencia y desprestigio de las instituciones? Son dos fenómenos de hoy, pero ya presentes en la época que este autor rescata en su último libro, donde  recoge las andanzas de dos policías legendarios: César Gazitúa y René Vergara. Escrito con la agilidad de una novela, aunque es fruto de una extensa investigación, el libro se titula “Caifás y Vergara policías míticos del siglo XX” (*)

EL CURA QUE NO PARECÍA CURA

Gazitúa (1904 – 1932) y Vergara (1916 – 1981) crearon su leyenda entre las décadas de los años 30 y 50, cuando resolvieron crímenes que causaron conmoción pública, con historias dramáticas o anecdóticas que aparecen en el libro de González Camus.

En una de esas historias, Caifás (/Gazitúa) se convierte en detective personal encargado de la seguridad del presidente Arturo Alessandri, en 1936. El “León”, que ése era el seudónimo del mandatario, acostumbraba dar largas caminatas después de almuerzo por los alrededores de La Moneda. Una tarde de 1936, el director de Investigaciones, Waldo Palma, le dice a Caifás:

– Quiero que me acompañes a La Moneda; saldré a caminar con el presidente; nos sigues discretamente, no vaya a ser cosa que pase algo.

Transcurría la caminata sin contratiempos, cuando de pronto Alessandri observa en una esquina a un hombre vestido de sacerdote que junto a un civil lo mira fijamente.

– Ése no es cura -afirma el presidente- A mí todos los curas me saludan. Éste no lo hizo.

Palma recibe la orden de averiguar quién es el sospechoso y traspasa la misión a Caifás. El joven policía se acerca a la pareja de sospechosos y media hora después entrega al presidente un informe escrito a máquina donde señala que el cura en realidad era… un cura que llegó de Concepción a Santiago. Además el documento consignó su nombre, su congregación y otros antecedentes.

– Así tiene que ser la cosa, Palma. –le dice El León al jefe de Investigaciones- Ésta es la gente que necesito Y tú, ¿cómo conseguiste esto? –pregunta luego, mirando al detective. Caifás le devuelve la mirada y responde: “Se cuenta el milagro, pero no el santo, señor presidente”. “Así que, además ‘soi’ insolente”, le reprocha Alessandri entre risas. Y así es como Gacitúa se integra al selecto equipo de detectives del Palacio Presidencial de La Moneda.

UN DETECTIVE INTELECTUAL

Mientras Gazitúa se hizo famoso por su intuición y su fuerte carácter para enfrentar a los delincuentes, René Vergara era un intelectual que estudió en la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Chile. Devorador de libros desde que aprendió a leer, dejó sus estudios para irse a trabajar a Argentina y de allí a Uruguay y Paraguay, hasta que regresó a Chile y se enroló como carabinero de civil. Dejó la institución como protesta por la matanza de estudiantes en el edificio del Seguro Obrero en septiembre de 1938.

Al año siguiente se incorpora a la policía de Investigaciones, como especialista en huellas, una disciplina moderna para aquellos tiempos, que permitió resolver científicamente numerosos asesinatos y delitos de todo tipo. Convertido en profesor de la Escuela Técnica de la institución, viaja a Nueva York a conocer las escuelas del FBI (Oficina Federal de Investigaciones).

Volvió a Santiago con nuevos conocimientos sobre criminalística se hace cargo de la asesoría técnica de la nueva Brigada de Homicidios en 1948. Entonces se une a Caifás, para complementar la técnica con la acción y dar paso a una leyenda que crecería con los años.

Al retirarse de la vida profesional activa, René Vergara vuelca sus experiencias en numerosos relatos, entrevistas y apariciones en la televisión.

EL AUTOR

Ignacio González Camus demoró dos años en la investigación que culminó con este libro. Pero no se crea que  estos 20 capítulos tienen el estilo denso que caracteriza a los ensayos. Por el contrario, el autor escribe un texto novelado que atrapa al lector desde la primera hasta la última de sus 374 páginas.

Es la misma agilidad narrativa, claridad de lenguaje y rigurosidad documental que el autor utilizó en anteriores libros suyos. De ellos, “El día en que murió Allende” es el mejor relato que se ha publicado sobre lo que ocurrió aquel martes 11 de septiembre de 1973.

Dos meses después, el entonces joven periodista egresado de la Universidad de Chile asumió la dirección de prensa de Radio Balmaceda, que libró una lucha casi heroica en la defensa de la libertad y los derechos humanos bajo la dictadura de Pinochet, hasta que fue clausurada en 1977.

En 1984, mientras estallaban las protestas sociales, González Camus es elegido Presidente del Colegio de Periodistas por dos períodos consecutivos, para exigir el restablecimiento de la democracia y la libertad de expresión. A partir de 1990, tras el término de la dictadura, el periodista y escritor se desempeña como jefe de prensa de Televisión Nacional y director del diario “La Nación”, entre otras actividades.

(*) Librería Qué Leo, Avenida Luis Pasteur 6677, Vitacura; Librería Laberinto, Vitacura 3817; Librería Lolita, República de Cuba 1724, Providencia