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Esta es la segunda parte del análisis de cómo han cambiado las relaciones de pareja a lo largo de la historia y las consecuencias que eso ha traído a las relaciones contemporáneas, especialmente en el ámbito de convivencia e intimidad.

Son muchas las parejas que llegan a la consulta y dicen no sentir deseos de estar con su pareja. El deseo sexual hipoactivo se ha convertido en uno de los motivos de consultas bastante frecuentes en las consultas de los sexólogos y si antes era un trastorno que solo afectaba a las mujeres, hoy existe un importante porcentaje de hombres que consulta por el bajo deseo (Godoy, 2013).  

Alfonso Luco (2013) dice que a partir del siglo XXI han ocurrido importantes cambios en las sociedades relacionado con las relaciones humanas, de la intimidad, de la sexualidad y la procreación, de los roles de género, especialmente de las mujeres, que están rompiendo drásticamente con su condición de subordinación arrastrada por siglos. Vivimos en un mundo totalmente desechable donde las relaciones se van haciendo cada vez más transitorias lo que lleva a muchas personas a abandonar el matrimonio convencional y adoptar la convivencia como la mejor fórmula de establecerse como pareja. De este modo, si las cosas no resultan simplemente se finaliza la relación.  

Atrás quedó el amor romántico como lo describe por ejemplo Patricia Cerda en su libro Rugendas donde el pintor alemán se escribía con una mujer llamada Carmen eternas cartas de amor llenos de pasión y contenido romántico enriquecido con el amor que sentía cada uno por el otro. Si bien ambos nunca llegaron a estar juntos como pareja, ya que ella era una mujer casada nunca dejaron de contactarse y enviar estas eternas cartas.  

El matrimonio como institución se está debilitando. Los niños que nacen fuera del matrimonio han superado a los que nacen dentro de una unión matrimonial.  

Es muy interesante mencionar en este análisis el concepto de la sexualidad plástica introducida por Giddens. La sexualidad plástica es una sexualidad descentrada, liberada de las necesidades de la reproducción. Tiene sus orígenes en la tendencia, iniciada a finales del siglo XVIII, a limitar estrictamente el número familiar; pero se desarrolla posteriormente, como resultado de la difusión de la moderna contracepción y de las nuevas tecnologías reproductivas (Giddens, 2004).

Giddens conecta la sexualidad con el amor romántico y los cambios sociales en la familia.  El amor romántico se desarrolló en el siglo XIX y se extendió rápidamente por todo el orden social provocando un gran cambio: Se desvinculó la formación de los lazos maritales con las consideraciones económicas como había funcionado por siglos. Es decir, el matrimonio se realizaba por amor no por otros intereses.  

El segundo gran cambio para la sexualidad, como este mismo autor manifiesta, lo produjo la aparición de los métodos anticonceptivos que rompió para la población femenina el ciclo crónico de embarazo y parto, además de desligar la sexualidad de la reproducción. El placer sexual quedó desligado del miedo a los embarazos constantes. De esta forma surgieron las tendencias a limitar el tamaño familiar. La introducción de los métodos de contracepción supone para Giddens que la sexualidad se haya convertido en una propiedad del individuo. Ya no es necesaria la actividad sexual para la reproducción, esto supone una liberación de una sexualidad que se ha hecho autónoma y se ha convertido en una cualidad del individuo.  

Para tratar de dar nombre a este proceso de liberación de la sexualidad, Giddens acuña el concepto de sexualidad plástica. Con este concepto se trata de reflejar esa plasticidad que se atribuye a la sexualidad contemporánea (Giddens, 2004).  

Arriagada (2002, en Díaz, 2016) se refiere a los cambios en Latinoamérica y plantea que esta zona se caracteriza por importantes cambios demográficos, entre ellas las migraciones de lo rural a lo urbano, aumento de la esperanza de vida, reducción del tamaño de las familias, por la disminución de la natalidad, lo que a su vez genera cambios en la estructura de la pirámide poblacional.

La cultura posmoderna ha traído grandes y nuevas oportunidades, pero estas cosas no han facilitado la vida en pareja y la intimidad y tampoco han brindado mayor tiempo, por el contrario, la han convertido en más compleja, agitada, plena de exigencias, reduciendo los espacios de recreación y disfrute a momentos exhaustos y tensos que dificultan el disfrute. Hombres y mujeres que viven sobreexigidos y llegan agotados a casa. Esto ha creado otra enfermedad en la sociedad que es el estrés. Ésta se ha convertido en la nueva epidemia del siglo XXI. Todo esto ha llevado a tener una sexualidad muy debilitada, poco frecuente y de muy mala calidad lo que ha tenido como consecuencias empeorar la calidad de vida de las personas.