Por Walter Krohne

Lo que está ocurriendo en Chile no es ni más ni menos que un profundo desastre moral,  político y económico, originado en el seno de los partidos, sus dirigentes y de la política en general como también en el mundo militar.

Este fenómeno ha derivado en  un  clima grave de desconfianza en el pueblo chileno, en la sociedad o en las distintas clases sociales, es decir, entre los electores. Hoy,  a cinco o seis meses de las elecciones presidenciales, no son pocos los chilenos que por esta y otras causas  no están dispuestos a concurrir a las urnas.  Esto es grave porque lo que fue antiguamente una fiesta de la democracia y de las esperanzas para Chile, las elecciones se han convertido ahora en una especie de funeral político. Hoy casi no se habla  de lo que habría que hacer para desenredar las confusas ideas de los candidatos, porque el tema del día, y con razón,  es otro: el del dinero y la política.

Por un lado están las acusaciones contra Sebastián Piñera por dineros que el candidato presidencial seguiría teniendo depositados en paraísos fiscales a través de empresas truchas, lo que él ha desmentido; pero también se mencionan a otros conspicuos representantes de la centroizquierda como  los responsables de  las platas que el Partido Socialista invertía o invierte en empresas de Julio Ponce Lerou, yerno de Pinochet (SQM –vinculada al financiamiento irregular de campañas políticas) y Pampa Calichera o también en autopistas concesionadas que suben y suben sus tarifas sin perdón para los automovilistas; o  en  empresas eléctricas o sanitarias.

En realidad,  este socialismo chileno es muy especial, porque gana dinero con la clase trabajadora con platas “malas o dudosas” porque se desconoce su verdadero origen y porque fueron invertidas en empresas de Ponce Lerou, integrante de una  dictadura que torturó, mató y lanzo al mar los cuerpos de muchos dirigentes y militantes socialistas. Es lo mismo o al menos parecido o curioso, como dijo alguien de la oposición, que los dirigentes socialistas buscaran para su “propia seguridad” a un nuevo Mamo Contreras, el ex jefe de la DINA (la primera policía política de Pinochet) para  que protegiera la sede socialista ubicada en la calle París Nº 873 en Santiago.

Detrás de esta larga historia de “platas“ truchas o irregulares, aparece, como consecuencia o telón de fondo, un pasado lleno de desaciertos o sobresaltos como fue el fin de la dictadura al surgir un grupo de dirigentes políticos que durante varios años agitaron  carteles con leyendas de “abajo la dictadura” pero que luego se orientaron a buscar dinero por todas partes, quizá persiguiendo llegar a ser tan ricos como lo fueron algunos  militares y civiles que abandonaban el poder. Es decir “al carajo” con la ideología y el idealismo y siguieron el camino que les indicaba el capitalismo  por sucio y desigual que este pueda ser, pero les daba “un encanto de vida”, con mucho glamour y la belleza que ofrecía un mundo globalizado y capitalista en extremo en el que hemos terminado viviendo todos. Con esta belleza se acababan los malos recuerdos de las detenciones y torturas. Atrás quedaron también las luchas y promesas de Eduardo Frei Montalva, Radomiro Tomic y Salvador Allende como la revolución en libertad, la revolución a la chilena, la tercera vía o el mensaje de la apertura de las grandes alamedas .

Y en este episodio  hubo también muchos  civiles que justificaron al dictador  y su golpe militar mostrando oportunismo para colgarse del carro de los millones y obtener igualmente una parte del gran botín. Hoy vemos a quienes dijeron ser grandes dirigentes socialistas o de otros partidos opositores de la época convertidos en millonarios sin que nadie pueda explicar el origen de tanto dinero cuando se les vio en el exilio casi muertos de hambre.  Lo peor es que rompiendo con sus pensamientos anticapitalistas estos personajes  del socialismo “trabajan” los dineros, obtenidos por leyes especiales u otros caminos,   en los mercados bursátiles, que son la cuna del capitalismo puro.

Hasta hace poco eran las platas de los ex pinochetistas, luego las del mismo Pinochet con sus negocios de armas y los depósitos en el Banco Riggs, más adelante era el tema de los chilenos ricos y de los paraísos fiscales, mientras en Chile surgían las colusiones empresariales; vino también el financiamiento irregular de la política que involucro a todos: izquierda y derecha; no estuvieron ausentes tampoco las platas del Ejército y de algunos ex altos comandantes o altos oficiales;  en las finales  le llegó el turno a Carabineros, que se había mantenido incólume,  con un fraude de más de $ 20.000 millones cometido en el transcurso de  varios años. Por último volvemos a los partidos políticos que presentan activos por $6.544.208.233 solamente en el sector de la centroizquierda e izquierda y sin contar el Partido Socialista que es un caso aparte y que presenta un balance de activos de 2009 por 13.794 millones de pesos y de 6.000 millones en activos financieros en el balance del 2015.

Lo peor de todo es que  nadie sabe nada de nada  y nadie puede explicar el origen de estas grandes sumas, ni los ex presidentes de los partidos ni los actuales dirigentes, ni los entes contables del Ejército ni el general director de Carabineros ni los círculos pinochetistas que nunca aclararon de cómo el general supremo pudo convertirse en un super millonario en 17 años de régimen defacto en el cual, según parece, a los chilenos se nos enseño a robar.