Inmediatamente después de nombrar en París al conservador Édouard Philippe como primer ministro de su flamante gobierno, el presidente francés Emmanuel Macrón viajó a la capital alemana de Berlín para reunirse con la Canciller Angela Merkel.

Macrón hizo en esta ocasión un enérgico llamado a una “refundación histórica” de la Europa unificada  ante la canciller germana.

“No olvido el mensaje de desafección y preocupación de muchos franceses” que votaron en contra del proyecto europeo en las elecciones del 7 de mayo, declaró Macron, recordando a la tercera parte de los votantes galos que se orientaron por la opción euroescéptica de la ultraderechista Marine Le Pen.

Ambos mandatarios hicieron luego una detallada revisión de la crisis de la Unión Europea especialmente tras el Brexit del Reino Unido.

Ambos líderes escenificaron un cálido acercamiento con el fin de mandar al mundo un mensaje de fortalecimiento del eje francoalemán que debe escribir la hoja de ruta para el desarrollo de la Unión Europea (UE).

La visita estuvo marcada por el concepto de la “refundación” del bloque en el  primer encuentro diplomático de Macron en Berlín tras ser elegido octavo presidente de la V República de Francia. Un trabajo que se hará, añadió el mandatario socioliberal, no sólo con reformas sino también con “convencimiento”. Además, para que se produzca esta renovación, es clave, dijo,“recomponer la confianza” en las relaciones entre Alemania y Francia.

En sintonía con su homólogo francés, Merkel pidió un “nuevo dinamismo” en las relaciones germano-francesas al decir que los intereses de los dos países están estrechamente unidos. La canciller señaló que “a Europa sólo le puede ir bien cuando a una Francia fuerte le va bien, y estoy comprometida con esto”.

El presidente francés, por su parte, se ofreció a ser “un socio abierto, directo y constructivo” para Alemania, porque “de ello depende el éxito de Europa”, declaró

Alemania y Francia han sido históricamente el motor de la integración europea, pero la crisis económica de los últimos años ha dañado una relación cada vez más desigual. Mientras París trataba de hacerle  frente a los problemas económicos, Berlín se hacía fuerte en el liderazgo europeo.